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En medio de las denuncias por agresión sexual, el príncipe Andrés renunció a sus títulos

La decisión fue acordada con el rey Carlos III tras semanas de nuevas revelaciones que comprometen la imagen de la monarquía. El duque de York negó nuevamente las acusaciones y aseguró que su caso "distrae del trabajo de Su Majestad y la familia real".

El príncipe Andrés y el Carlos III
El príncipe Andrés y el Carlos III

17 Octubre de 2025 17.38

El príncipe Andrés de York, tercer hijo de la fallecida reina Isabel II, renunció este viernes a todos sus títulos reales y cargos honoríficos en medio del escándalo que lo vincula al empresario estadounidense Jeffrey Epstein, acusado de pedofilia y hallado muerto en prisión. La decisión, que busca preservar la imagen de la monarquía británica, fue tomada en conjunto con su hermano, el rey Carlos III.

Según un comunicado oficial emitido por el Palacio de Buckingham, el acuerdo fue resultado de conversaciones directas entre Andrés y el monarca. La medida se produce una semana antes de que los reyes Carlos y Camila visiten al papa Francisco en el Vaticano, y tras la difusión de nuevos materiales y publicaciones que reavivan las sospechas sobre la relación del príncipe con Epstein.

Entre esos antecedentes se encuentra la inminente publicación de un libro que profundiza en los vínculos del duque de York con el empresario norteamericano, así como las memorias póstumas de Virginia Giuffre, quien había acusado al príncipe de abuso sexual antes de quitarse la vida en abril.

A los 65 años, Andrés —ex esposo de Sarah Ferguson y padre de las princesas Beatriz y Eugenia— llevaba años alejado de los compromisos oficiales. Sin embargo, esta vez decidió cortar definitivamente sus lazos institucionales con la Corona. En su comunicado, aseguró que "tras consultar con la familia más cercana y lejana, concluimos que las continuas acusaciones en mi contra distraen del trabajo de Su Majestad y la familia real".

"Como siempre he hecho, antepongo mi deber con mi familia y mi país", señaló el príncipe, quien remarcó que "no utilizará más su título ni los honores concedidos" y volvió a "negar categóricamente todas las acusaciones" que pesan sobre él.

Fuentes cercanas al Palacio confirmaron que la decisión fue coordinada también con el príncipe de Gales, William, quien mantiene una relación tensa con su tío. De acuerdo con la prensa británica, el rey "está satisfecho" con la resolución final.

El anuncio oficial, titulado "Declaración del Príncipe Andrés", fue emitido en papel membretado del Palacio de Buckingham y entró en vigor de manera inmediata. A partir de ahora, su tratamiento como "duque de York" queda sin efecto en todos los actos públicos y privados relacionados con la Casa Real.

Pese a su renuncia, Andrés continuará residiendo en la mansión familiar Royal Lodge, en Windsor, una propiedad de 30 habitaciones que ocupa bajo un contrato de arrendamiento con la Corona válido hasta 2078. Los intentos del Palacio por desalojarlo fracasaron precisamente por la naturaleza irrevocable del acuerdo.

Tanto el príncipe como su exesposa, Sarah Ferguson —que enfrenta un tratamiento por cáncer—, fueron informados de que no serán invitados a la tradicional celebración navideña en Sandringham.

La decisión se tomó tras una serie de reuniones de alto nivel en el Palacio de Buckingham, en las que asesores reales coincidieron en que la situación había llegado a un "punto crítico". Los nuevos detalles sobre los vínculos entre Andrés y Epstein amenazaban con afectar de manera irreversible la imagen de la monarquía.

Hasta el momento, la Corona se había mostrado renuente a adoptar medidas tan severas. Sin embargo, el riesgo de nuevas revelaciones obligó a actuar. "El rey sintió que ya no podía posponer la decisión", comentó una fuente palaciega al diario The Times.

Aun así, el príncipe conservará formalmente su título de nacimiento —Andrés, príncipe del Reino Unido—, conforme a las Cartas Patentes de 1917 emitidas por Jorge V y actualizadas en 2012 por Isabel II. Los títulos y estatus de sus hijas, las princesas Beatriz y Eugenia, tampoco se verán afectados.

La renuncia del príncipe Andrés marca un nuevo capítulo en la larga lista de crisis institucionales de la monarquía británica, que intenta equilibrar tradición y reputación frente a los escándalos personales de sus miembros más polémicos.