Fuerte llamado de León XIV: "¡Que quienes tienen el poder de desatar guerras, elijan la paz!"
En su primer mensaje pascual "urbi et orbi", el Papa imprimió un sello propio al evitar mencionar conflictos puntuales, pero lanzó una exhortación directa a los líderes del mundo: abandonar la guerra, rechazar la indiferencia y abrir paso al diálogo. Convocó a una vigilia por la paz para el sábado próximo.

En su primer Domingo de Pascua como pontífice, el papa León XIV lanzó un fuerte llamado a la paz durante la tradicional bendición "urbi et orbi", a la ciudad y al mundo, desde el balcón central de la Basílica de San Pedro. Ante una multitud de 50.000 personas que colmó la plaza, el Pontífice se despegó de una tradición sostenida durante más de medio siglo y, a diferencia de sus antecesores, no realizó un repaso geopolítico ni mencionó países o zonas de conflicto en particular.

Esa decisión marcó un sello propio en el inicio de su pontificado. Sin referencias directas a Medio Oriente, Ucrania u otros focos de tensión, su mensaje se concentró en una apelación universal contra la guerra, el odio y la indiferencia. "¡Que quienes tienen armas en sus manos las abandonen! ¡Que quienes tienen el poder de desatar guerras, elijan la paz! No una paz impuesta por la fuerza, sino mediante el diálogo. ¡No podemos seguir siendo indiferentes! No podemos resignarnos al mal!", dijo.

La paz como transformación interior

Durante la misa solemne de la mañana, concelebrada junto a cardenales, obispos y sacerdotes en una jornada soleada y con la plaza decorada por las tradicionales flores donadas por Holanda, León XIV profundizó sobre el sentido de la Pascua de Resurrección como mensaje de esperanza.

En su sermón explicó que, aunque la muerte es vencida por el amor de Cristo, "la muerte siempre acecha", y señaló que esa presencia se manifiesta en distintas formas del sufrimiento contemporáneo.

Entre los puntos centrales de su homilía destacó:

  • La violencia y las heridas del mundo
  • Los abusos que aplastan a los más débiles
  • La idolatría del lucro que saquea recursos
  • La violencia de la guerra que mata y destruye
  • La necesidad de ensanchar el corazón frente al dolor 

En esa línea, insistió en que la paz cristiana no puede reducirse al simple silenciamiento de las armas. "La paz que Jesús nos entrega no es aquella que se limita a silenciar las armas, sino la que toca y transforma los corazones de cada uno", lanzó.

La vigilia por la paz y el eco de Francisco

Uno de los momentos más sorpresivos de la jornada fue la convocatoria a una vigilia de oración por la paz, que celebrará el próximo sábado 11 de abril en la Basílica de San Pedro.

La invitación fue presentada como una prolongación concreta de su mensaje de Pascua y una forma de convertir la exhortación espiritual en un gesto colectivo de fe.

León XIV también retomó una expresión muy ligada a Francisco, al denunciar la creciente "globalización de la indiferencia", y recordó que fue precisamente en la Pascua del año pasado cuando su predecesor dirigió desde esa misma logia sus últimas palabras públicas.

Contra la resignación al mal

Ya al mediodía de Roma, con el sol cayendo con más fuerza sobre la plaza, el Pontífice insistió en la idea de que la humanidad se está acostumbrando a la violencia. "Nos estamos acostumbrando a la violencia, nos resignamos a ella y nos volvemos indiferentes", lamentó, al advertir sobre la naturalización de la muerte, el odio, la división y las consecuencias sociales y económicas de los conflictos.

En el tramo final, recordó una enseñanza de San Agustín sobre el miedo a la muerte y la necesidad de amar la resurrección, para reafirmar que el mal no tiene la última palabra.

Un cierre con tradición recuperada

Tras concluir con su pedido para que se deje de lado "toda voluntad de disputa, de dominio y de poder", León XIV cerró la jornada con otro gesto distintivo: retomó la tradición de saludar la Pascua en diez idiomas, práctica que Francisco había interrumpido.

Los saludos fueron pronunciados en italiano, francés, inglés, alemán, español, portugués, polaco, árabe, chino y latín.

Luego impartió la bendición "urbi et orbi", en una Pascua que dejó como eje un mensaje tan directo como urgente: la paz no puede nacer de la fuerza, sino del diálogo, la conversión interior y el rechazo a la indiferencia frente al sufrimiento del mundo.