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Diplomacia de alta tensión en Europa

Irán y Estados Unidos logran "progresos" en una negociación crítica para evitar un conflicto regional

Tras una jornada de diálogos indirectos bajo la mediación de Omán, ambas potencias acordaron continuar las conversaciones técnicas la próxima semana en Viena. La participación del argentino Rafael Grossi y el masivo despliegue militar de Donald Trump en Oriente Medio marcan el ritmo de un acuerdo aún frágil.

26 Febrero de 2026 18.39

En un escenario internacional dominado por la incertidumbre y el ruido de tambores de guerra, la diplomacia parece haber encontrado una fisura por donde avanzar. Este jueves, en la ciudad de Ginebra, representantes de IránEstados Unidos finalizaron una nueva ronda de negociaciones indirectas con un balance que, en palabras del canciller iraní Abbas Araqchi, refleja "progresos" significativos. El objetivo primordial de estas reuniones, mediadas por el Sultanato de Omán, es desactivar una escalada bélica que amenaza con incendiar Oriente Medio de forma definitiva, en un contexto de máxima fricción geopolítica.

El marco de estos diálogos es, por decir lo menos, atípico, ya que las conversaciones transcurren bajo la sombra del mayor despliegue militar estadounidense en la región en décadas. Mientras los diplomáticos intercambian propuestas en terrenos neutrales, la administración de Donald Trump mantiene una política de presión máxima sobre el terreno, otorgando a estas mesas de negociación un carácter de urgencia histórica. Para la República Islámica de Irán, la prioridad absoluta es lograr el levantamiento de las sanciones económicas que asfixian su desarrollo, mientras que para la Casa Blanca, el foco trasciende la cuestión atómica para abarcar la seguridad regional integral.

La dinámica de las conversaciones y el rol técnico de Viena

La jornada diplomática en suelo suizo fue intensa y se dividió en dos etapas clave que buscaron acercar posiciones alejadas por años de desconfianza. Durante la mañana, las delegaciones sostuvieron conversaciones en la residencia del embajador de Omán, retomando las sesiones por la tarde hasta concluir con un tono inusualmente optimista. El canciller de Omán, Badr Albusaidi, utilizó sus canales oficiales para confirmar que el día terminó con avances de relevancia, anunciando que el próximo lunes comenzarán las conversaciones a nivel técnico en la ciudad de Viena, Austria.

Este nuevo ciclo de negociaciones, que se dará en menos de una semana, contará nuevamente con la supervisión de actores internacionales de peso. El director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), el argentino Rafael Grossi, participó activamente en las mesas de Ginebra, aportando el aval técnico indispensable para cualquier acuerdo que involucre el monitoreo de instalaciones nucleares. La presencia de Grossi asegura que los compromisos de Teherán sobre el uso pacífico de la energía nuclear se mantengan bajo estándares internacionales, mientras el canciller Araqchi insiste en que el foco debe permanecer en el programa nuclear y el cese inmediato de las sanciones financieras.

Entre la exigencia de desarme y la disuasión militar

La posición de los Estados Unidos, articulada en el frente diplomático por el secretario de Estado Marco Rubio, busca una reestructuración total de las obligaciones iraníes. Según reportes de The Wall Street Journal, el equipo estadounidense exige que Irán desmantele sus tres principales instalaciones nucleares y entregue la totalidad de su uranio enriquecido a la comunidad internacional. Rubio ha advertido de manera tajante que limitarse exclusivamente al programa nuclear es un gran problema, insistiendo en que es imperativo abordar el desarrollo de misiles y el apoyo que Teherán brinda a grupos armados en la periferia de Oriente Medio.

Como respaldo a estas exigencias, el presidente Donald Trump ha ordenado un dispositivo militar masivo en la región que incluye al portaaviones USS Abraham Lincoln, acompañado por nueve destructores y otros tres buques de combate de alta tecnología. Complementando esta fuerza de disuasión, el portaaviones más grande del mundo, el USS Gerald R. Ford, se movilizó por el Mediterráneo para establecer una presencia intimidante en los accesos estratégicos hacia la zona de conflicto. Esta combinación de diplomacia de alto nivel y despliegue bélico constituye la base de la estrategia norteamericana para forzar una "solución creativa" por parte de los negociadores iraníes.

El desafío de los misiles y la retórica de seguridad global

La brecha entre ambas naciones se profundiza al abordar la capacidad balística de la República Islámica. En su reciente discurso sobre el estado de la Unión, el presidente Trump aseguró que Irán ha desarrollado misiles que pueden amenazar directamente a Europa y que ya se encuentra diseñando proyectiles aún más poderosos, capaces de alcanzar suelo estadounidense en un futuro cercano. Ante estas afirmaciones, Irán ha tachado de mentiras los dichos del mandatario, sosteniendo que el alcance máximo de sus sistemas, como el Shahab-3, se limita a los 2.000 kilómetros, lo suficiente para alcanzar a su enemigo jurado, Israel, y a ciertos países de Europa del Este.

A pesar de que el presidente iraní, Masud Pezeshkian, insiste en que su nación no busca dotarse de armamento atómico, el portavoz Esmail Baqai ratificó que presionarán por su derecho al uso pacífico de la tecnología nuclear. La mediación de Omán ha destacado una apertura sin precedentes a ideas nuevas, lo que sugiere que el próximo encuentro en Viena será determinante para traducir los "progresos" de Ginebra en protocolos de seguridad verificables. El éxito de esta gestión dependerá de si la voluntad política de las partes logra superar la desconfianza mutua y la presión de un despliegue militar que no permite margen para el error.