La guerra en Medio Oriente ha ingresado en una fase de extrema peligrosidad al confirmarse un nuevo ataque contra la infraestructura más sensible de la región. Este sábado, la agencia oficial de noticias iraní Mizan informó que la planta de enriquecimiento nuclear de Natanz fue alcanzada por un ataque aéreo. El complejo, situado a casi 220 kilómetros al sureste de Teherán, es el pilar del programa atómico de Irán y ha sido blanco recurrente de hostilidades. A pesar del impacto, las autoridades locales aseguraron que no hubo fuga de radiación, una afirmación que coincide con las evaluaciones previas de la agencia de control nuclear de las Naciones Unidas, que no esperaba consecuencias radiológicas tras incidentes similares registrados al inicio de las hostilidades.
El asedio sobre Natanz y el silencio de Israel
La planta de Natanz no es un objetivo nuevo en este conflicto. Se trata del principal sitio de enriquecimiento de uranio del país y ya había sufrido daños estructurales visibles en imágenes satelitales durante la primera semana de la guerra, que comenzó el pasado 28 de febrero. Además, cuenta con un historial de vulnerabilidad reciente, ya que fue blanco de ataques aéreos israelíes durante la guerra de 12 días en junio pasado. En esta ocasión, la autoría del ataque permanece en una zona de grises informativa. Según publicó el medio israelí The Jerusalem Post, el Ejército de Israel afirmó que no estaba al tanto de una operación contra dicha instalación. No obstante, la realidad en el terreno es difícil de contrastar debido a la escasa información que emana desde Teherán. Hasta el momento, no existe total claridad sobre la magnitud de los daños sufridos en los centros armamentísticos, nucleares o energéticos iraníes tras la serie de bombardeos iniciados por Estados Unidos e Israel.
Señales contradictorias desde Washington
El panorama geopolítico se ve enturbiado por los mensajes ambivalentes que llegan desde la Casa Blanca. Un día antes del ataque a Natanz, el presidente estadounidense, Donald Trump, afirmó en sus redes sociales que estaba considerando reducir las operaciones militares en la región bajo la premisa de que Estados Unidos está muy cerca de cumplir los objetivos. Sin embargo, los movimientos de tropas cuentan una historia diferente, ya que Washington está enviando tres buques de asalto anfibio adicionales y ha confirmado el despliegue de unos 2500 marines extra. Asimismo, el gobierno ha solicitado otros 200.000 millones de dólares al Congreso para financiar las operaciones bélicas, una decisión que parece contradecir la retórica de repliegue de Trump. El mandatario también sostuvo que no tiene planes de enviar fuerzas terrestres a Irán, aunque aclaró que mantiene todas las opciones sobre la mesa mientras levantaba sanciones al petróleo iraní ya cargado en barcos para frenar el alza de los precios del combustible.
Un conflicto que no da tregua y la amenaza global
La guerra, que ya suma tres semanas, muestra señales de una escalada inminente. Israel ha advertido que aumentará la intensidad de su ofensiva, denunciando que Irán continuó lanzando misiles contra su territorio a primera hora de este sábado. Por su parte, Arabia Saudita reportó haber derribado 20 drones en apenas dos horas sobre su región oriental, una zona crítica donde se asientan importantes instalaciones petroleras. En el plano interno iraní, la figura del líder supremo, el ayatollah Mojtaba Khamenei, cobra relevancia en medio del misterio. Khamenei, quien asumió el cargo tras la muerte de su padre en un operativo israelí, elogió la firmeza del pueblo a través de una declaración escrita, aunque no ha sido visto en público desde que asumió el cargo.
Como respuesta a la presión militar, el general Abolfazl Shekarchi, principal portavoz militar de Irán, lanzó una advertencia que ha encendido las alarmas internacionales al asegurar que los parques, zonas recreativas y destinos turísticos en todo el mundo no serán seguros para los enemigos del país. Esta declaración sugiere que Irán podría retomar tácticas de ataques insurgentes fuera de sus fronteras para presionar a la coalición liderada por Estados Unidos e Israel. Con justificaciones cambiantes que van desde el derrocamiento del liderazgo iraní hasta la eliminación de su programa nuclear, la resolución del conflicto parece, por ahora, lejana.