La estabilidad política de Perú vuelve a pender de un hilo. Este martes, el Congreso de la República se prepara para una jornada decisiva que podría culminar en la destitución del presidente interino, el derechista José Jerí. De concretarse, el país andino enfrentaría su octavo cambio presidencial en casi una década, un fenómeno que subraya la fragilidad institucional crónica de la nación, especialmente cuando faltan menos de dos meses para las elecciones presidenciales y legislativas programadas para el 12 de abril.
Jerí, quien asumió la conducción del Estado en octubre pasado en su calidad de presidente del Congreso para relevar a la destituida Dina Boluarte (2022-2025), ve hoy cómo su breve mandato de apenas cuatro meses se desmorona bajo el peso de investigaciones fiscales y un aislamiento político creciente.
El mecanismo de la censura
El proceso que podría desalojar a Jerí del Palacio de Gobierno se basa en una interpretación técnica de las normas legislativas. Aunque el mandatario sostiene que su salida requeriría una votación calificada, la oposición ha optado por la vía de la censura parlamentaria.
De acuerdo con el marco normativo vigente, las reglas del juego son claras:
Propuesta de Moción: Según el artículo 132 de la Constitución de 1993, la moción de censura debe ser propuesta por no menos del 25% del número legal de congresistas (33 de los 130).
Aprobación: Para su éxito, se requiere el voto de más de la mitad del número legal de legisladores; es decir, 66 de 130.
La Disputa Jurídica: Jerí argumenta que su destitución debería alcanzar los 87 votos (dos tercios de la cámara), exigencia constitucional para presidentes elegidos por voto popular. No obstante, una ley emitida por el propio Congreso estipula que el presidente de la República en estas condiciones no pierde su estatus de presidente del Parlamento, permitiendo que una censura como titular del Legislativo acarree automáticamente la pérdida de la investidura de Jefe de Estado.
El Ascenso de Jerí
La trayectoria política de José Jerí ha sido meteórica y singular. Ingresó al hemiciclo en las elecciones de 2021 como suplente del inhabilitado expresidente Martín Vizcarra (2021-2024), habiendo obtenido apenas algo más de 11.600 votos.
En pocos meses, pasó de ser un congresista raso del partido derechista Somos Perú a dirigir comisiones estratégicas, alcanzar la presidencia del Congreso y, finalmente, saltar a la Presidencia de la República tras la caída de Boluarte. Sin embargo, este ascenso ha estado marcado por sombras judiciales: antes de liderar el Parlamento, el fiscal general interino, Tomás Gálvez, archivó una denuncia de violación en su contra presuntamente ocurrida a finales de 2024. Además, enfrenta acusaciones de enriquecimiento ilícito por supuestamente solicitar dinero para impulsar proyectos en la comisión de Presupuesto.
Las "cenas secretas" y el desplome de la popularidad
El detonante del actual asedio legislativo han sido una serie de revelaciones que vinculan a Jerí con intereses particulares. A pesar de que el mandatario declaró el domingo en televisión tener "la plena suficiencia moral para ejercer la presidencia", las pruebas presentadas por la Fiscalía y los medios han minado su defensa.
Entre los hechos más graves que sustentan las mociones de censura se encuentran:
Reuniones con el empresariado chino: La Fiscalía investiga un presunto tráfico de influencias tras revelarse reuniones semiclandestinas con contratistas del Estado.
El incidente del Chifa: Vídeos de seguridad mostraron a Jerí acudiendo el 26 de diciembre, encapuchado para evitar ser reconocido, a cenar al chifa del empresario Zhihua 'Johnny' Yang. Jerí regresó al local el 6 de enero, pocas horas después de que el establecimiento fuera clausurado por autoridades municipales.
Contrataciones irregulares: Se han detectado ingresos de funcionarias al Palacio de Gobierno que posteriormente obtuvieron contratos, incluyendo una visita que se extendió durante toda la noche de Halloween.
Un tablero político fragmentado
El respaldo que inicialmente llevó a Jerí al poder se ha evaporado. Los partidos conservadores, que ostentan la mayoría en el Congreso, buscan ahora distanciarse del mandatario para evitar el costo político de cara a los comicios de abril. En este escenario, solo el fujimorismo, la fuerza más numerosa del hemiciclo, mantiene un apoyo explícito hacia el presidente.
Si las mociones triunfan este martes, el dilema sucesorio se centrará en la figura de Maricarmen Alva. La legisladora de derecha, quien ya presidió el Congreso en 2021 y fue una férrea opositora del expresidente Pedro Castillo (2021-2022), surge como el nombre con mayor fuerza para asumir las riendas de un país que parece atrapado en un ciclo interminable de crisis y relevos presidenciales.