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Singapur, el país ejemplar de las pruebas PISA permite los azotes en las escuelas

El país asiático volvió a ubicarse al frente del ranking educativo de la OCDE, con 535 puntos, sostenido por un sistema extremadamente exigente. Al mismo tiempo, su Gobierno aprobó una normativa que habilita los castigos físicos como último recurso ante faltas graves.

9 Septiembre de 2026 11.03

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) reveló los resultados de las pruebas PISA 2025, la evaluación educativa global que mide el rendimiento de más de 760.000 alumnos de 91 países y territorios y que, a partir de esos resultados, confecciona un ranking mundial.

En esta edición, Singapur volvió a ocupar el primer lugar, con un resultado de 535 puntos, seguido por una serie de países y territorios asiáticos que también se ubicaron entre los primeros puestos. Los primeros lugares del ranking quedaron conformados de la siguiente manera:

  • Singapur: 535 puntos.
  • China: 527 puntos.
  • Taiwán: 508 puntos.
  • Japón: 503 puntos.
  • Corea del Sur: 501 puntos.
  • Irlanda: séptimo lugar y único país occidental por encima del umbral de los 500 puntos.

El resultado vuelve a poner el foco sobre el sistema educativo singapurense y sobre las características de un modelo que, según los expertos que llevaron adelante el estudio, se encuentra estrechamente relacionado con la estrategia nacional que el país desarrolló durante décadas para impulsar su economía.

Educación como estrategia nacional

La explicación sobre el liderazgo de Singapur se encuentra, según los especialistas citados en la información, en la importancia que la ciudad-Estado otorgó a la educación como parte de su estrategia nacional de desarrollo económico.

El país se encuentra inserto en un mercado asiático altamente competitivo y, desde su independencia de Malasia en 1965, buscó mantener un elevado ritmo de crecimiento económico y mejorar el nivel de vida de su población. En aquel momento, Singapur enfrentaba una situación educativa marcada por un altísimo nivel de analfabetismo. Desde entonces, el país desarrolló un sistema educativo orientado a alcanzar elevados estándares de rendimiento.

Actualmente, Singapur cuenta con casi 6 millones de habitantes, y la educación se convirtió en uno de los pilares del proceso mediante el cual la ciudad-Estado buscó mejorar las condiciones de vida de su población y sostener su crecimiento.

El recorrido desde aquella situación inicial hasta convertirse en el país que encabeza el ranking de PISA constituye uno de los elementos centrales para comprender por qué la educación ocupa un lugar tan relevante dentro de la estrategia nacional singapurense.

El concepto de "kiasu"

El sistema educativo de Singapur se desarrolló sobre la base de un concepto denominado "kiasu", una palabra perteneciente al dialecto chino hablado en la isla que significa "miedo a quedarse atrás".

Esta idea atraviesa un modelo caracterizado por un elevado nivel de exigencia académica y por una fuerte competencia vinculada con el desempeño de los estudiantes. El sistema es bilingüe y establece una separación de los alumnos de acuerdo con su nivel académico. A partir de esta organización, los estudiantes son formados teniendo en cuenta su rendimiento y sus capacidades dentro del esquema educativo.

La exigencia no se limita al horario escolar. De acuerdo con la información proporcionada, es habitual que los chicos concurran a academias que funcionan los siete días de la semana, con una carga horaria considerada extenuante.

Dentro de este esquema, existe además un fuerte foco en las ciencias y la tecnología, áreas que ocupan un lugar destacado en la formación educativa. El resultado de esta estructura aparece reflejado en los números de PISA 2025: Singapur alcanzó 535 puntos, superando a China, Taiwán, Japón y Corea del Sur.

Un sistema que suma una medida polémica

Mientras el país se consolida en la cima del ranking educativo, el Gobierno nacional, catalogado por muchos como "autocrático", decidió avanzar en una modificación todavía más radical de su política disciplinaria dentro de las escuelas.

En mayo de este año, las autoridades aprobaron una normativa que permitirá, a partir de 2027, la utilización de castigos físicos sobre los alumnos desde el nivel primario. La medida habilita a los profesores a azotar a sus alumnos en casos considerados de "faltas graves" y únicamente como "último recurso".

El objetivo declarado de esta disposición es luchar contra el bullying, presentado en la información como un flagelo creciente dentro de las escuelas singapurenses.

La regulación establece además una edad mínima para la aplicación de este tipo de castigo: estará permitido a partir de los 9 años. De acuerdo con el documento oficial del Ministerio de Educación, "el castigo físico es una opción disciplinaria solo para niños y se emplea como recurso final, estrictamente cuando sea absolutamente necesario".

La normativa introduce así un componente de disciplina física dentro de un sistema educativo que ya se caracteriza por su elevada exigencia académica.

La disciplina como último recurso

El alcance de la nueva regulación está delimitado por las propias condiciones establecidas en el documento del Ministerio de Educación. No se presenta como una herramienta disciplinaria de uso general, sino como una alternativa reservada para determinadas situaciones.

La decisión suma una dimensión controversial al análisis del modelo educativo de Singapur. El mismo país que encabeza los resultados de PISA por su desempeño académico sostiene un sistema caracterizado por la exigencia y, desde 2027, incorporará esta posibilidad de castigo físico bajo condiciones específicas.

La advertencia de la Organización Mundial de la Salud

La medida adoptada por Singapur también queda vinculada, de acuerdo con la información suministrada, con los datos y advertencias de la Organización Mundial de la Salud (OMS) respecto de los castigos corporales en ámbitos educativos.

Según la OMS, entre el 25% y el 50% de los niños del mundo experimentan castigos corporales en entornos educativos. El organismo advierte además sobre las consecuencias que puede generar este tipo de práctica. La evidencia, según la OMS, demuestra que las consecuencias del castigo corporal durante la infancia pueden durar toda la vida y afectar distintos aspectos del desarrollo y de la vida de las personas.

Entre las áreas que pueden verse afectadas se encuentran:

  • Salud física.
  • Salud mental.
  • Educación.
  • Funcionamiento social.
  • Funcionamiento laboral.

La advertencia de la OMS introduce así otro elemento en el debate sobre las políticas disciplinarias escolares. Mientras el modelo singapurense aparece asociado a resultados educativos de excelencia en las pruebas internacionales, la nueva normativa sobre castigos físicos se contrapone con las consecuencias que la organización sanitaria señala para este tipo de prácticas.