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Ultraviolentos, los Chalecos Amarillos regresan a Francia seis años después

El movimiento que sacudió al gobierno de Emmanuel Macron en 2018 y 2019 vuelve a las calles en medio del encarecimiento de los combustibles y el alto costo de vida. Las autoridades activaron una célula interministerial de crisis ante una jornada que prevé decenas de marchas, posibles enfrentamientos y una convergencia de reclamos estudiantiles, sindicales y sociales.

16 Octubre de 2026 15.42

Francia se prepara para una jornada de protestas que tendrá lugar este sábado, con 90 manifestaciones previstas, más de 500 acciones anunciadas y el regreso de los Chalecos Amarillos, el movimiento social que protagonizó algunas de las protestas más violentas de los últimos años en el país. La movilización se desarrolla en un contexto de malestar por el precio del diésel y el elevado costo de vida, dos de los factores que vuelven a impulsar las reivindicaciones de sectores de la población.

El regreso de los llamados Gilets jaunes reaviva la preocupación de las autoridades por la posibilidad de que las manifestaciones deriven en nuevos episodios de violencia urbana. El movimiento, surgido en noviembre de 2018, adquirió notoriedad por sus acciones contra el aumento de los impuestos a los combustibles y por los enfrentamientos y destrozos registrados durante las protestas, especialmente en París.

Un informe de los servicios de inteligencia fechado el jueves estima una participación de entre 60.000 y 110.000 manifestantes en toda Francia, sin contar París, y calcula cerca de 250 acciones, entre ellas 70 marchas en grandes ciudades universitarias. Estas previsiones se inscriben en un escenario de movilización más amplio, en el que confluyen distintos sectores sociales y estudiantiles.

La organización de las marchas todavía presenta cuestiones pendientes. El prefecto de policía de París indicó que aún no se había alcanzado un «acuerdo global» sobre el recorrido de la manifestación, una situación que mantiene la atención de las fuerzas de seguridad sobre los puntos donde podrían concentrarse los participantes.

El ministro del Interior, Laurent Nuñez, anunció que las granadas aturdidoras o mutilantes, prohibidas en el contexto de las protestas estudiantiles, podrán utilizarse en caso de que se produzcan situaciones de «violencia urbana». La decisión refleja el nivel de preocupación oficial ante la posibilidad de enfrentamientos entre manifestantes y policías.

francia chalecos amarillos
 

El temor a nuevos disturbios en los Campos Elíseos

Uno de los principales focos de preocupación del gobierno es la posibilidad de que los Chalecos Amarillos intenten avanzar nuevamente sobre los Campos Elíseos, una zona que el movimiento convirtió en escenario de enfrentamientos y destrucción durante las protestas de 2019.

La importancia de ese sector de París no se limita a su condición de espacio emblemático. En las inmediaciones se encuentran el Palacio del Elíseo, sede de la Presidencia francesa, y las embajadas de Estados Unidos, Japón y el Reino Unido. La cercanía de estos puntos estratégicos explica la atención especial que las autoridades prestan a los posibles recorridos de la movilización.

El antecedente de 2019 permanece como referencia para las fuerzas de seguridad. En aquel momento, las protestas contra un impuesto a los combustibles provocaron importantes destrozos en las calles francesas y enfrentamientos que marcaron la evolución del movimiento.

La combinación de reclamos económicos, manifestaciones estudiantiles y la posible participación de grupos violentos vuelve a colocar a París en el centro de las preocupaciones oficiales. El objetivo de las autoridades es impedir que las marchas se conviertan en escenarios de enfrentamientos generalizados o que se produzcan bloqueos en sectores considerados esenciales.

Quiénes son los Chalecos Amarillos y por qué regresan

Los Chalecos Amarillos constituyen un movimiento de protesta espontáneo, sin una estructura de liderazgo centralizada, que surgió en noviembre de 2018 principalmente a través de las redes sociales. Su composición heterogénea dificulta determinar quiénes participarán en la nueva convocatoria, si serán los mismos protagonistas de las movilizaciones anteriores o si el movimiento experimentó deserciones y diferencias internas.

Sus integrantes proceden, en buena medida, de zonas rurales de la región de Île-de-France y de otras regiones donde consideran que el Estado ha abandonado servicios públicos esenciales. En las localidades que describen como afectadas por ese retroceso, señalan la ausencia de oficinas de correo, hospitales, médicos, farmacias, dentistas, trenes y ómnibus.

En ese contexto, el automóvil se convierte en una necesidad para trasladarse y acceder al trabajo. El precio del diésel, que según la información proporcionada puede alcanzar los 3 euros por litro, representa una carga para quienes dependen de sus vehículos. A esto se suma el costo de desplazarse hasta París: se necesitan 31 euros diarios, una cantidad que, según los reclamos del movimiento, no siempre pueden afrontar.

El encarecimiento de los combustibles fue el detonante inicial. El incremento del impuesto al carbono planificado por el Gobierno provocó una subida de los precios y generó un rechazo que rápidamente se extendió más allá de la cuestión fiscal.

Para los manifestantes, aquel aumento fue la «gota que colmó el vaso». Las demandas comenzaron a incluir una revisión general del sistema tributario y, progresivamente, se dirigieron contra el presidente Emmanuel Macron. Desde entonces, el movimiento se convirtió en un símbolo de la contestación social francesa y de las dificultades que enfrentan sectores populares y medios para sostener su poder adquisitivo frente al aumento del costo de vida.

El chaleco de alta visibilidad 

La identidad del movimiento se construyó alrededor de una prenda cotidiana: el chaleco amarillo de alta visibilidad que los automovilistas deben llevar para ser vistos en la carretera durante la noche. Ese elemento, fácilmente reconocible, permitió reunir bajo un mismo símbolo a personas con demandas diversas. Su utilización también situó a los Chalecos Amarillos en la tradición de otras movilizaciones identificadas por objetos o prendas compartidas.

Entre los antecedentes mencionados figuran los «gorros rojos» (bonnets rouges), que protestaron contra la ecotasa; la Women's March contra Donald Trump, cuyos participantes utilizaron gorros rosas con orejas de gato; la denominada «revolución de los vaqueros» en Bielorrusia y el movimiento de los paraguas en Hong Kong.

Sin embargo, a diferencia de otras iniciativas, los Chalecos Amarillos se caracterizan por una composición particularmente heterogénea. Esa diversidad dificulta establecer una dirección común y consolidar una estructura organizativa estable.

La falta de una conducción centralizada también favoreció la incorporación de pequeños grupos violentos que, en determinadas ocasiones, contribuyeron a que las manifestaciones terminaran en enfrentamientos y actos vandálicos.

Entre ellos se encuentran los denominados Black Blocs, grupos cuyos integrantes se visten de negro, se cubren el rostro y se infiltran en las marchas. Según la descripción incluida en la información, protagonizan enfrentamientos de guerrilla urbana contra las fuerzas policiales. La presencia de estos grupos constituye uno de los motivos señalados para justificar la autorización del uso de granadas aturdidoras o mutilantes ante situaciones de violencia urbana.

Cuarenta reivindicaciones y un cuestionamiento

Los Chalecos Amarillos difundieron un comunicado con cuarenta reivindicaciones, presentadas como una lista no exhaustiva. Los planteos abarcan distintas áreas de la vida económica, social e institucional francesa.

Las demandas se concentran principalmente en los siguientes ejes:

Fiscalidad: revisión del sistema tributario y cuestionamientos a los impuestos que afectan a los combustibles.

Poder adquisitivo: respuestas frente al encarecimiento de la vida y las dificultades económicas de los hogares.

Pensiones: reclamos relacionados con las condiciones del sistema previsional.

Reforma institucional: modificaciones en el funcionamiento de la vida política.

Europa: planteos vinculados con la posición francesa y las cuestiones europeas.

Servicios públicos: reclamos por la disponibilidad de prestaciones esenciales, especialmente en zonas rurales.

Poder político: demandas que incluyen desde la disolución de la Asamblea Nacional hasta la destitución del presidente de la República.

La amplitud de estas reivindicaciones refleja la diversidad de los sectores que integran el movimiento. Aunque la protesta comenzó por el aumento de los impuestos a los combustibles, terminó convirtiéndose en una expresión más amplia de descontento económico, social y político.

Sus repercusiones obligaron al Gobierno a intervenir con rapidez y, entre otras medidas, a anular determinados impuestos. El movimiento también puso de relieve las fracturas económicas que atraviesan a las clases populares y medias, especialmente por el aumento del costo de vida y la pérdida de poder adquisitivo.

Además, sus reclamos marcaron un punto de inflexión en el debate sobre la transición ecológica y el papel de los servicios públicos, al cuestionar las consecuencias de las medidas fiscales sobre quienes dependen del automóvil para trabajar y realizar sus actividades cotidianas.

Un bloqueo escolar terminó con un profesor y una alumna detenidos

La tensión social también tuvo un episodio durante la mañana de este viernes 16 de octubre, cuando un bloqueo frente al instituto Henri-Wallon, en Aubervilliers, terminó con la detención de un profesor y una alumna. La intervención policial generó un gran revuelo y quedó registrada en varios videos que comenzaron a circular durante la jornada. En una de las grabaciones se observa a un agente desenfundando su pistola eléctrica Taser.

Las imágenes muestran también cómo una alumna es levantada del suelo y trasladada en brazos por un policía hasta un patrullero. El agente la sujeta por la cintura mientras sus pies permanecen sin tocar el suelo. La escena está acompañada por gritos de angustia y protesta de las personas que presencian el procedimiento.

Uno de los videos fue grabado por una alumna y corresponde al bloqueo realizado por la mañana frente al establecimiento educativo de Aubervilliers, en Sena-San Denis. La intervención fue cuestionada por la FSU 93, que difundió un comunicado en el que informó sobre las detenciones y denunció los hechos.

«Un profesor de matemáticas en prácticas y una alumna han sido detenidos por la policía nacional frente al centro educativo», señaló el sindicato. La organización agregó que, según los testimonios recogidos, el docente habría intervenido para proteger a la estudiante cuando los agentes la estaban golpeando. La joven detenida cursa el primer año de bachillerato.

La versión sobre la intervención del profesor fue atribuida por la FSU 93 a los testimonios reunidos por el sindicato. El episodio se incorporó al clima de tensión que precede a las movilizaciones y sumó un nuevo foco de atención sobre las actuaciones policiales durante los bloqueos estudiantiles.