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Tribunales de Dolores

Juicio por el crimen de Fernando Báez Sosa: el desgarrador testimonio de los padres y el llanto de los guardias

Comenzó este lunes y los ocho rugbiers imputados estuvieron presentes en la sala del Tribunal Oral Criminal N°1 de Dolores. Los jueces rechazaron todos los planteos de la defensa y declararon los padres de la víctima.

(Foto: Clarín)

02 Enero de 2023 16.32

Este lunes se realizó la primera primera audiencia del juicio a los ocho rugbiers imputados por el crimen de Fernando Báez Sosa, quien fue asesinado a golpes el 18 de enero de 2022 frente a un boliche de Villa Gesell.

En una desgarradora jornada, declararon Graciela Sosa y Silvino Báez, los padres del joven estudiante de Derecho cuyo estremecedor testimonio hizo llorar a varios presentes en la sala, incluidos los guardias del Servicio Penitenciario que custodiaban a los imputados.

El debate por el homicidio de Fernando se inició pasadas las 10 de esta mañana. Máximo Thomsen (23), Enzo Comelli (22), Matías Benicelli (23), Blas Cinalli (21), Ayrton Viollaz (23), y Luciano (21), Ciro (22) y Lucas Pertossi (23), quienes cumplen prisión preventiva en la cárcel de Florencio Varela desde hace casi tres años, fueron llevados a Dolores el día previo al juicio y hoy, durante la primera jornada, presenciaron toda la audiencia sentados en el banquillo y sin pedir declarar, lo cual pueden hacer en cualquier momento del debate.

Todos ellos afrontan una acusación como coautores del “homicidio agravado por alevosía y por el concurso premeditado de dos o más personas” y “lesiones leves”, en el caso de los amigos de Fernando, también atacados a golpes en la puerta del boliche “Le Brique” la madrugada del 18 de enero de 2020.

El juicio se reanudará este martes con la declaración de los amigos que acompañaban a Fernando en la noche del crimen y que fueron golpeados por los acusados. También, se espera el testimonio de Julieta, la entonces pareja de la víctima.

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Los acusados del crimen de Fernando Báez Sosa (Ezequiel Acuña)

 

El desgarrador testimonio de la madre de Fernando

La primera en declarar en el juicio ante el Tribunal Oral en lo Criminal de la localidad de Dolores fue Graciela, quien ingresó al recinto con un rosario colgado del cuello y un pin con el rostro de su hijo que decía “Justicia por Fernando”.

Luego de que tomó asiento, el Tribunal -integrado por los jueces María Claudia Castro, Christian Rabaia y Emiliano Lázzari- le explicó las cuestiones de rigor. “Sabemos que usted es la mamá de Fernando: que esa circunstancia no le impida decir la verdad. Recuerde que está bajo juramento”, le dijo la presidenta del TOC N°1 de Dolores.

Luego, Fernando Burlando le hizo la primera pregunta sobre cómo era la vida antes de que mataran a su hijo. “Éramos siempre los tres juntos, inseparables. Éramos una familia feliz y humilde que tratamos de inculcar los mejores valores a nuestro hijo, que era un chico muy sacrificado desde chico. Yo vine en 1995 a Argentina. Andaba enferma en mi país y me dijeron que la medicina era muy buena. Al poco tiempo conocí a Silvino, nos casamos y decidimos tener un hijo. De esa unión nació Fernando. Aún recuerdo el día en que nació. Cuando la enferma me decía que lo mire fijamente para no olvidar su rostro. Medía 55 cm pesaba 3,750. Era un ángel que trajo la alegría a nuestra vida. Era todo felicidad”, contó Graciela.

Quebrada por el llanto, Graciela no quiso suspender la declaración cuando se lo ofreció la presidenta del tribunal: Quiero hablar por él”.

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Los padres de Leandro Baez Sosa llegan a los tribunales de Dolores para la primera audiencia del juicio por el asesinato del joven en manos de un grupo de rugbiers. (Foto: Clarín)

No entiendo, no comprendo cómo chicos de la edad de Fer le hicieron esto. Lo atacaron en la espalda, le reventaron la cabeza y ese cuerpito tan lindo que tuve 9 meses en mi panza”, relató la madre de la víctima luego de dar detalles de cómo fue el llamado en el que le avisaron que su hijo estaba muerto: “No lo podía creer. Había perdido mi único hijo. Siento tanto no haber podido defenderlo”.

Graciela no dejó de llorar mientras declaraba. Al escucharla, el papá de Lucas Pertossi y el de Máximo Thomsen, que estaban presentes en la sala, bajaron la cabeza e inclinaron el cuerpo hacia adelante. La mujer siguió: “Hoy no hay nada para festejar en mi casa. Ni Navidad, ni Año Nuevo. Nada tiene sentido para mí desde que perdí a Fer. Me levanto por la mañana, tengo todavía su cama armada y su ropa en el placard, que cada tanto lavo, plancho y acaricio”.

Fue en ese momento que la presidenta del tribunal le preguntó si se sentía bien, y le ofreció parar su testimonio si no estaba en condiciones de seguir. Pero Graciela se negó. “Me siento bien. Quiero hablar por él. Quiero contar cómo era”, respondió.

“Siento que mi corazón sangra todo el tiempo. Ojalá hubiera un remedio para calmar tanto dolor”, se sinceró la madre de Fernando mientras su duro relato estremecía a la sala.

Nunca creí que mi hijo iba a ser velado en su colegio, donde él siempre decía que iba a ayudar como agradecimiento. Fer nunca discriminaba a nadie como él ha sido discriminado. No le tuvieron piedad. Me duele tanto lo que le hicieron. Lo llamaban negro. No era así, era mi príncipe. ¿Con qué derecho le arrebataron la vida a Fernando? Me quedé sin nada. No tengo razón para vivir. Quisiera retroceder el tiempo para recuperar a mi hijo. ¿Saben lo doloroso que es ir al cementerio, tomar la foto de Fer, hablarle y no tener respuesta? Las ganas de querer sacarlo un rato de ahí... Fernando está encerrado en un ataúd: no lo voy a recuperar nunca. Quiero tener un poco de paz en mi corazón”, expresó en llanto.

“Soy una mujer acabada. Sin ganas de vivir. No sé de dónde saco la fuerza pero sigo”, exclamó Graciela. Y contó: “Cuando despedí a mi hijo para irse de vacaciones con los amigos, nunca pensé que iba a ser el último abrazo. Extraño muchísimo a Fernando. Van a ser tres años. Para mí es como que el tiempo se detuvo y siento que fue ayer cuando recibí la peor noticia de mi vida. A veces tengo ganas de que venga alguien y me diga que no es verdad. Pero lastimosamente no es así: Fernando está muerto”.

“Para nosotros, los sábados y domingos eran sagrados. Éramos felices. Compartíamos en familia. Él se iba a fútbol, los sábados, y cuando estaba por llegar, me avisaba para que fuera calentando la comida. Ahora todo cambió para nosotros. Este dolor es eterno. Soy una persona muy infeliz. Fernando... mi Fernandito era la alegría de mi vida”, recordó Graciela.

Mientras la voz se le cortaba, la mujer explicó que no entiende por qué les pasó esto: “Me siento a veces culpable de haberlo enviado a ese lugar, pero también se merecía esas vacaciones con amigos. Antes de viajar le dije que se cuidara y que no confiara en nadie. Ese día me dijo: 'La maldad no existe'”. Fue entonces cuando Graciela pidió un vaso de agua. Tras agradecerle al tribunal por escuchar, se abrazó con su abogado, Fernando Burlando

Fue allí cuando miró a los imputados por el crimen de su hijo y dejó la sala.

 

El duro relato del padre de Fernando que hizo llorar a toda la sala

 

La primera audiencia finalizó con el testimonio de Silvino, el papá de Fernando Sosa Báez. 

Tras un cuarto intermedio de media hora luego del testimonio de Graciela Sosa, Silvino comenzó a hablar con calma. Contó que Fernando era el ser más amado de su vida: “Era un chico muy bueno, soñador, educados. Nunca tuvo problemas con nadie”.

Silvino, al igual que Graciela, reflotó frente a los jueces del tribunal los días felices de los fines de semana junto a Fernando: “Almorzábamos tipo 14, cuando él volvía de jugar a la pelota. Fernando era un chico de la casa”. Destaca que su hijo era tímido y cuenta que, a pesar de eso, logró hacerse de muchos amigos cuando se cambió de colegio. “En mi vida me imaginé que podía pasar algo así. Pero estamos acá con Graciela por Fernando”.

Entonces, Burlando le pidió que recuerde cómo fue que se enteró del crimen de su hijo: “Yo iba a trabajar. Graciela se levantó antes que yo. Yo estaba dando vueltas en la cama y sonó el teléfono: era una señora amiga o conocida de Graciela que llamaba de Villa Gesell. Yo la escucho decir: 'No sé nada, ¿qué paso'. Graciela se cambió y me dijo que nos preparáramos para ir a ver a Fernando. En ese ínterin, sonó el teléfono y ella me pasó: 'Soy el comisario Rosales lo estoy llamando desde Villa Gesell. Su hijo murió en una riña'. Yo no lo podía creer, porque Fernando nunca tuvo problemas con nadie, no tiene ni un enemigo. Retrocedí un segundo y Graciela me dijo: '¿Qué paso?'. No podía mentirle. 'Nos mataron a Fernando', le dije. Y ella me pegó cómo cinco puñaladas en el pecho. 'Vos me estás mintiendo', me decía”.

Silvino, el papá de Fernando Báez Sosa
Silvino, el papá de Fernando Báez Sosa. (Foto: Infobae)

A Silvino también se le quebró la voz. Alguien le alcanzó un vaso de agua antes de que continuara con su declaración. Recordó que tras enterarse de la muerte de su hijo, enseguida ambos viajaron a Villa Gesell: “Duró como ocho horas porque era cerca del cambio de quincena. Llegamos a la fiscalía, me acerqué al mostrador y vi el documento de mi hijo”. Luego, rememoró el dolor cuando pidió ver el cuerpo de Fernando: no se lo permitieron. “Está a cargo de la Justicia”, le contestaron.

Silvino narró ante los jueces que cuando, finalmente logró ir a reconocer a su hijo, “fue duro porque una parte de mi estaba tirada en una bandeja de acero inoxidable con la cabeza reventada”. Y continuó: “Estaba chorreando sangre por todos lados. No lo podía tocar”. 

“Señores jueces, acá están escuchando el relato de un padre que ha perdido todo: ha perdido la felicidad, las ganas de vivir, de luchar, y perdió lo mejor de todo, que es el abrazo de su hijo. Durante mucho tiempo tuve una enfermedad en los riñones e hice un año y seis meses de diálisis. Me costó tanto... pero abría la puerta de casa y Fernando se colgaba de mi cuello: '¿Cómo estás papa?', me decía. Y ese tipo que venía muerto de la diálisis terminaba mas vivo que nunca con el abrazo de su hijo. 'Cuando sea grande te voy a dar mi riñón…', me decía." relató con voz compungida Silvino.

Con su relato, Silvino hizo llorar a varios en la sala, entre ellos, los guardias del Servicio Penitenciario que custodiaban a los imputados. Luego, se levantó y salió del recinto.