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Los chats entre la mamá de Agostina y Barrelier y la llamativa respuesta del femicida: "Me desmayé"

El intercambio de audios entre Melisa Heredia y el principal imputado, incorporado al expediente tras el levantamiento del secreto de sumario, expone la tensión de las horas posteriores a la desaparición de Agostina Vega en Córdoba.

25 Junio de 2026 07.52

La investigación por el femicidio de Agostina Vega, la adolescente de 14 años asesinada en Córdoba, sumó un elemento de fuerte peso dentro de la reconstrucción de las horas posteriores a su desaparición: los audios que intercambiaron Melisa Heredia, madre de la víctima, y Claudio Barrelier, señalado como el principal acusado en la causa. El contenido de esos mensajes se conoció tras el levantamiento del secreto de sumario y revela un cruce cargado de angustia, urgencia y reclamos, en un momento en el que la familia todavía buscaba a la adolescente con vida, mientras que, de acuerdo con la reconstrucción del fiscal Raúl Garzón, Agostina ya había sido asesinada.

Los mensajes, a los que accedió Noticiero Doce, corresponden al domingo 24 de mayo, es decir, un día después de la desaparición de Agostina. Para ese momento, según la investigación, la adolescente ya había sido asesinada en la vivienda de Juan del Campillo 878, el domicilio donde vivía Barrelier. Ese dato modifica por completo la lectura de cada uno de los audios: mientras la madre de la joven reclamaba ayuda, datos y rapidez para orientar la búsqueda, el principal acusado respondía que se estaba moviendo, que intentaba colaborar y que incluso se había desmayado porque "no daba más".

Un intercambio en medio de la búsqueda 

El cruce de mensajes entre Melisa Heredia y Barrelier se produjo cuando la búsqueda de Agostina seguía activa y la madre intentaba obtener cualquier elemento que permitiera reconstruir el recorrido de su hija o identificar el vehículo del que se había hablado en las horas previas. La secuencia de audios, incorporada al expediente, no sólo registra ese estado de desesperación, sino también el modo en que la mujer insistía para que Barrelier aportara información concreta.

A las 17:18, Melisa Heredia le envió un primer audio en el que, llorando, le suplicó que reaccionara y se moviera para conseguir las cámaras de seguridad del lugar donde, según él, Agostina se había bajado. El objetivo era tratar de identificar la patente del auto y, con ese dato, encaminar la búsqueda. "Claudio por favor te lo voy a pedir, por favor te lo voy a pedir, levantate pedazo de culiado, despejate, y pedí las cámaras donde se bajó la Agostina, para ver la patente del auto Claudio por favor", dijo la madre de la adolescente.

En ese mismo mensaje, Melisa le reclamó un involucramiento total, apelando a la dimensión más íntima del drama que atravesaba. "La Agostina no aparece todavía, por favor hacé de cuenta como si fuera tu hija culiado, no me hagas esto", agregó. El tono del audio exhibe con crudeza la situación de esas horas: una madre intentando encontrar a su hija y presionando a quien, en ese momento, aparecía como una de las personas con información clave sobre lo ocurrido.

La respuesta de Barrelier y la insistencia por el auto

La contestación de Claudio Barrelier llegó apenas un minuto después. A las 17:19, el acusado le respondió también mediante un audio. "Gorda me estoy moviendo, no te pensés que estoy bien", sostuvo. La frase, breve y sin mayores precisiones, fue el primer intento de presentarse como alguien que estaba colaborando con la búsqueda y que, además, atravesaba un estado de conmoción.

Sin embargo, la respuesta no conformó a Melisa Heredia. A las 17:20, la mujer volvió a escribirle y le recriminó que no se estaba moviendo porque, según le dijo, recién se despertaba. En ese nuevo audio, el eje del pedido volvió a ser el mismo: conseguir las cámaras de los vecinos y aportar datos precisos sobre el vehículo que él había mencionado. "No te estás moviendo, porque recién te despertás. Por favor pedí las cámaras a los vecinos, decime por lo menos la patente del auto, cómo era el auto", le reclamó.

La madre de Agostina, además, introdujo en ese tramo un dato que ya formaba parte de la conversación: la referencia a un Gol rojo. "Yo sé que dijiste que era un Gol rojo, pero por favor fijate si alguien te puede facilitar la patente Claudio, porque la estamos buscando en un lugar que no la tenemos que buscar", sostuvo. La frase condensa una de las preocupaciones centrales de ese momento: la posibilidad de que la búsqueda estuviera orientada hacia un sitio equivocado mientras la adolescente permanecía desaparecida.

El reclamo no terminó ahí. En el mismo audio, Melisa intensificó la presión y le advirtió que, si él no se movía, ella misma iría hasta su casa a pedir las cámaras a los vecinos. "Mirá si le pasó algo Claudio, por favor te lo pido, movete porque si no voy yo hasta tu casa, voy yo hasta tu casa, y pido yo las cámaras a los vecinos, no me hagas que haga esto, por favor movete", le dijo.

"Me desmayé": la respuesta del principal acusado

A las 17:22, Barrelier volvió a responder. Su mensaje es uno de los puntos más sensibles del intercambio conocido tras el levantamiento del secreto de sumario. En esa contestación, el acusado insistió en que sí estaba intentando colaborar y explicó su estado con una frase que quedó bajo análisis en el expediente: "No me digas así, porque sí estoy moviéndome, me desmayé porque no daba más. Pero sí me estoy moviendo, ahí estoy con todo eso, ahí estoy con todo eso".

La respuesta resulta especialmente llamativa por el contexto en el que fue emitida. De acuerdo con la reconstrucción del fiscal Raúl Garzón, para esa hora Agostina ya había sido asesinada en la casa de Juan del Campillo 878, donde vivía Barrelier. Es decir que mientras Melisa Heredia le exigía ayuda para conseguir cámaras, identificar un vehículo y corregir el rumbo de la búsqueda, el principal acusado respondía desde un escenario que, según la investigación, ya estaba atravesado por el crimen.

Ese contraste entre la desesperación de la madre y la posición de Barrelier es uno de los aspectos que vuelven especialmente relevantes a los audios. No se trata sólo de un intercambio entre dos personas que hablaban de una adolescente desaparecida, sino de mensajes producidos cuando, según la hipótesis fiscal, el femicidio ya se había consumado.

El ultimátum de Melisa 

La secuencia de mensajes continuó ese mismo minuto. También a las 17:22, Melisa Heredia le envió otro audio en el que le puso un plazo concreto para conseguir la patente del supuesto auto. "Claudio tenés media hora para que me consigas la patente del auto, media hora te doy", le advirtió.

La mujer insistió, además, con la necesidad de corregir el rumbo de la búsqueda y subrayó que contaba con contactos dentro de la fuerza policial. "Boludo tengo ochocientos mil contactos en la Policía, y están buscando en otro lado, menos en donde tienen que buscar. Claudio por favor conseguime la patente del auto, dale movete", cerró.

Ese último mensaje vuelve a mostrar el cuadro de situación de aquellas horas. La madre de Agostina estaba convencida de que la información sobre el vehículo podía resultar decisiva y, en paralelo, temía que la búsqueda estuviera siendo desplegada en lugares equivocados. La urgencia, la angustia y la exigencia atraviesan cada frase de ese intercambio.

Audios incorporados al expediente y bajo análisis judicial

Los mensajes de voz entre Melisa Heredia y Claudio Barrelier quedaron incorporados al expediente y forman parte del material que la Justicia analiza dentro de la reconstrucción de las horas posteriores a la desaparición de Agostina Vega. La relevancia de esos audios no reside sólo en el contenido explícito de cada frase, sino en el momento en que fueron enviados: un día después de la desaparición de la adolescente y, según la investigación, cuando ya había sido asesinada.

La causa continúa bajo investigación para determinar responsabilidades y establecer con precisión el rol de cada una de las personas vinculadas al caso. En ese marco, el levantamiento del secreto de sumario permitió conocer una pieza que, por su crudeza y por el contexto temporal en el que se produjo, se convirtió en un elemento central para entender la dimensión de aquellas horas: una madre buscando a su hija con desesperación, pidiendo datos, exigiendo respuestas y enfrentándose a la voz del principal acusado, que decía estar colaborando mientras, de acuerdo con la reconstrucción judicial, el crimen ya se había consumado.