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"¿Qué fue ese grito?", el mensaje que complica a la pareja de Claudio Barrelier

La detención de Marianela Palmero por encubrimiento agravado se apoya en contradicciones detectadas en sus declaraciones y en un mensaje enviado la noche del crimen que abrió nuevas sospechas. La fiscalía busca determinar qué sabía sobre lo ocurrido dentro de la casa y si colaboró para ocultarlo.

26 Junio de 2026 08.13

La causa por el femicidio de Agostina Vega sumó en las últimas horas un nuevo capítulo con la detención de Marianela Palmero, pareja de Claudio Barrelier, principal acusado por el crimen. La medida, dispuesta en el marco de la investigación que encabeza el fiscal Raúl Garzón, no surgió de manera intempestiva ni aislada, sino que fue el resultado de una acumulación de elementos que, según la pesquisa, comenzaron a poner en crisis la solidez de sus declaraciones y a alimentar las sospechas sobre el grado de conocimiento que pudo haber tenido respecto de lo ocurrido dentro de la vivienda donde la joven fue asesinada.

La detención de Palmero se inscribe dentro de una línea de investigación que ya no apunta únicamente a reconstruir cómo se produjo el femicidio de Agostina, sino también a establecer qué rol desempeñaron las personas que se encontraban dentro del inmueble durante las horas en que se habría consumado el ataque y durante el período posterior. La imputación que pesa sobre la mujer es por encubrimiento agravado, la misma figura que ya alcanza a otros detenidos de la causa. En ese marco, la hipótesis fiscal no la ubica como partícipe directa del asesinato, sino que se concentra en un interrogante central: si sabía lo que había ocurrido y si, a partir de ese conocimiento, colaboró de alguna forma para ocultarlo.

Declaraciones bajo la lupa 

Uno de los aspectos que más pesó en la decisión de avanzar sobre Palmero fue, de acuerdo con la reconstrucción judicial, la evolución de sus testimonios. En un primer momento, su relato habría buscado respaldar la versión de Barrelier al describir una noche sin alteraciones dentro de la vivienda de calle Del Campillo al 800. Esa primera descripción se apoyaba en la idea de una situación aparentemente normal en la casa, sin elementos que permitieran advertir que allí se estaba desarrollando una secuencia violenta.

Sin embargo, a medida que la fiscalía incorporó nuevos testimonios, peritajes y elementos de prueba, esa versión inicial comenzó a mostrar fisuras. Los investigadores detectaron inconsistencias entre lo que Palmero declaró y lo que surgía del resto del material reunido en la causa. Esas contradicciones no solo debilitaron la credibilidad de sus dichos, sino que además reforzaron la sospecha de que su relato podría no haber reflejado con precisión lo que realmente ocurrió en el interior del inmueble.

En ese punto, la fiscalía comenzó a profundizar el análisis de sus manifestaciones para determinar si esas diferencias podían atribuirse a errores, omisiones o confusión, o si, por el contrario, constituían indicios de una conducta orientada a desviar la investigación o a proteger al principal acusado.

El mensaje que se convirtió en una pieza clave

Dentro de ese conjunto de evidencias, hubo un dato que captó particularmente la atención de los investigadores: un mensaje que Palmero le envió a Barrelier durante la noche en que, según la hipótesis judicial, se habría producido el ataque contra Agostina Vega. La frase fue breve, pero su contenido abrió un nuevo frente de preguntas dentro del expediente: "¿Qué fue ese grito?".

Para la fiscalía, ese mensaje tiene una relevancia especial porque podría constituir un indicio de que Palmero escuchó algo anormal mientras Agostina permanecía dentro de la casa. La investigación intenta establecer si esa expresión puede interpretarse como la reacción ante un episodio de violencia, un ruido fuera de lo común o incluso un eventual pedido de auxilio de la víctima. La importancia de ese intercambio no reside únicamente en su existencia, sino en lo que podría revelar sobre el contexto sonoro y sobre el nivel de percepción que tuvo la mujer respecto de lo que estaba sucediendo puertas adentro.

El análisis de esa comunicación se convirtió así en uno de los elementos que fortalecieron las sospechas en su contra. No se trata, según la línea investigativa, de un dato aislado, sino de una pieza que debe leerse junto con el resto de las pruebas reunidas y con las contradicciones advertidas en sus declaraciones.

Qué pasaba dentro de la vivienda y quiénes estaban presentes

Otro de los ejes centrales del expediente es el contexto en el que se produjo el crimen. La fiscalía sostiene que, cuando Agostina fue llevada a la vivienda y posteriormente asesinada, dentro del inmueble no estaban solamente Barrelier y la víctima. En la casa también se encontraban Marianela Palmero, la hija de ambos y otros tres adultos.

Ese dato modificó el enfoque de la investigación, porque obligó a los investigadores a preguntarse qué pudieron haber escuchado, qué pudieron haber visto y cuál fue el grado de conocimiento de cada una de las personas presentes en la vivienda durante esas horas. La pregunta dejó de ser exclusivamente cómo ocurrió el femicidio y pasó a incluir otro plano: qué supieron quienes compartían ese espacio y qué hicieron después con esa información.

En esa búsqueda, la fiscalía avanzó sobre la dinámica interna de la casa y sobre la posibilidad de que ciertos movimientos, ruidos o acciones no hayan pasado inadvertidos para el resto de los ocupantes del inmueble. La presencia de varias personas en la vivienda durante la secuencia temporal investigada es, precisamente, uno de los factores que llevaron a profundizar las medidas de prueba.

Los movimientos de Barrelier 

Las dudas de los investigadores crecieron todavía más al analizar el comportamiento posterior de Claudio Barrelier. Según sostiene la fiscalía, el principal acusado permaneció durante horas aislado en sectores de la vivienda, realizó tareas de limpieza con lavandina y efectuó recorridos por la zona para observar cámaras de seguridad. Todo ello, de acuerdo con la hipótesis judicial, mientras los restos de Agostina aún permanecían dentro de la casa.

Para los investigadores, esa secuencia resulta determinante. La fiscalía considera difícil que un conjunto de movimientos de esa magnitud haya pasado completamente inadvertido para quienes convivían en el lugar. La permanencia prolongada en determinados sectores del inmueble, las tareas de limpieza y los desplazamientos posteriores forman parte del cuadro que hoy se analiza para establecer si el resto de las personas presentes realmente desconocía lo que había ocurrido o si, por el contrario, advirtió señales suficientes como para comprender la gravedad de la situación.

A partir de esa línea, la investigación no se limitó a las declaraciones testimoniales. También se realizaron pruebas acústicas y se profundizó el examen de las contradicciones entre los distintos relatos. El objetivo es medir con mayor precisión qué sonidos pudieron haberse escuchado en la vivienda y en qué condiciones, así como contrastar esos resultados con lo dicho por las personas que estaban en el inmueble aquella noche.

Encubrimiento agravado

La detención de Palmero responde, precisamente, a esa necesidad de esclarecer si su conducta es compatible con la de una persona que desconocía por completo lo ocurrido o si, por el contrario, existen elementos suficientes para sostener que tuvo conocimiento de los hechos y que, aun así, contribuyó a encubrirlos. La imputación por encubrimiento agravado refleja ese punto de partida: no se le atribuye una intervención directa en el asesinato, pero sí una eventual participación posterior vinculada al ocultamiento.

La causa, de este modo, atraviesa una etapa en la que el foco ya no está depositado únicamente en la mecánica del femicidio, sino también en las responsabilidades que podrían alcanzar a quienes compartieron la vivienda con Barrelier durante las horas posteriores al crimen. En esa reconstrucción, cada contradicción, cada silencio y cada indicio adquieren un valor central.

El mensaje "¿Qué fue ese grito?", las variaciones en los testimonios, la presencia de varias personas dentro de la casa y los movimientos atribuidos a Barrelier forman parte de una misma trama investigativa. La fiscalía intenta determinar si, detrás de esa secuencia, hubo solo desconocimiento o si existió un entramado de conductas orientadas a ocultar lo que había ocurrido con Agostina Vega. Esa es, hoy, una de las preguntas más sensibles de una causa que sigue avanzando y que, con cada nueva medida, amplía el mapa de responsabilidades bajo análisis.