Yiya Murano: revelan que volvió a matar tras salir de prisión
A pocos días del estreno de un documental sobre su vida, Martín Murano rompe el silencio y asegura que la "envenenadora de Monserrat" continuó matando tras recuperar la libertad.

La historia criminal argentina guarda un capítulo de elegancia y horror bajo el nombre de María de las Mercedes Bernardina Bolla Aponte de Murano. Conocida popularmente como "Yiya" Murano, esta mujer logró mimetizar la sofisticación de la clase media alta con la frialdad de una asesina serial. Detrás de sus peinados perfectos y sus tazas de té, se escondía una trama de deudas millonarias y engaños que terminó con la vida de sus amigas más cercanas. Sin embargo, a décadas de aquellos hechos, su hijo Martín Murano aporta nuevos datos que sugieren que el número de víctimas fue mayor y que la pulsión asesina de su madre no se extinguió tras las rejas.

El origen del mito: cianuro y masitas finas

Todo comenzó entre febrero y marzo de 1979. En aquel entonces, Yiya frecuentaba a su círculo íntimo, compuesto por mujeres a las que les debía sumas de dinero millonarias bajo la promesa de inversiones lucrativas. Cuando la presión por la devolución del capital se volvió insostenible, Murano diseñó un plan macabro: invitar a sus acreedoras a tomar el té. El ingrediente secreto no era el azúcar, sino el cianuro. Las tres víctimas reconocidas por la justicia en aquel momento cayeron ante el mismo trámite de devolución de dinero, lo que llevó a la opinión pública a bautizarla como la envenenadora de Monserrat, una figura que combinaba la estafa con el homicidio calificado. No obstante, según la investigación personal que Martín Murano realizó durante cinco años, la lista de fallecidas es más extensa de lo que figura en los expedientes oficiales.

Nuevas víctimas: el veneno después de la cárcel

En una entrevista reciente, Martín Murano reveló datos inquietantes sobre el comportamiento de su madre tras salir de prisión en 1995. Según su testimonio, Yiya no se rehabilitó, sino que cambió de método utilizando veneno para ratas en lugar de cianuro. Martín sostiene que el conteo total podría oscilar entre siete y once víctimas, incluyendo una persona que falleció y otra que logró sobrevivir tras un lavaje de estómago de urgencia. Además, asegura que hubo dos inversoras más que murieron antes de la detención de 1979 y una tercera que se salvó únicamente porque la Policía intervino antes del encuentro programado. Estas declaraciones, vertidas ante el estreno de un documental en Netflix, plantean la hipótesis de que Yiya podría haber formado parte de posibles redes de complicidad.

El juicio y el show del arrepentimiento inexistente

La cronología judicial de Yiya Murano es tan sinuosa como su personalidad. Detenida el 27 de abril de 1979 en su departamento de la calle México, fue condenada a prisión perpetua en 1985. Sin embargo, recuperó la libertad en 1995 gracias a la ley del dos por uno. Lo que siguió fue un despliegue mediático inaudito; lejos del perfil bajo, Yiya se convirtió en un personaje de la televisión, negando sus crímenes con una frialdad pasmosa. Murió en abril de 2014, a los 84 años, en un geriátrico de Belgrano, afectada por una pérdida de memoria que le impidió recordar su propio prontuario.

Una herencia de traiciones y despojo

Más allá de la sangre, existe una trama de dinero desaparecido. Martín Murano denuncia que la fortuna que su madre acumuló mediante estafas fue objeto de una traición familiar mientras ella estaba presa. En el año 2000, Martín fue excluido de la sucesión mediante maniobras legales coordinadas entre la hermana de Yiya y un abogado. El despojo incluyó 96 lotes en Mar del Plata, múltiples inmuebles en CABA y hasta una bóveda en el cementerio de la Chacarita. Al salir de la cárcel, la propia Yiya descubrió que su hermana la había dejado en la calle. Para Martín, quien hoy es doble de riesgo y especialista en artes marciales, crecer con ella fue una condena; hoy solo guarda de ella un mal recuerdo.