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A 10 años del voto joven: más de la mitad de los adolescentes participa pero con desconfianza

Un informe de CIPPEC y Unicef analizó la evolución de la participación electoral de los jóvenes de 16 y 17 años desde la sanción de la Ley de Ciudadanía Argentina en 2012. Si bien el promedio nacional ronda el 55%, existen marcadas diferencias provinciales y un dato que preocupa: el 80% de los adolescentes expresa poca o ninguna confianza en la dirigencia política.

22 Octubre de 2025 07.22

Diez años después de la sanción de la Ley N° 26.774 de Ciudadanía Argentina, que habilitó el voto optativo para los adolescentes de 16 y 17 años, el llamado "voto joven" se consolidó como un termómetro del vínculo entre las nuevas generaciones y la política. Según un reciente informe elaborado por el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC) y Unicef Argentina, la participación juvenil en las elecciones nacionales promedió el 55% en la última década.

El estudio revela, sin embargo, profundas diferencias entre provincias y una paradoja persistente: existe un interés genuino por ejercer el derecho al voto, pero también una desconfianza creciente hacia la dirigencia política.

Tucumán es uno de los casos destacados. Entre 2015 y 2019, fue una de las provincias donde más creció la participación de los adolescentes, tendencia que volvió a consolidarse en la consulta nacional de 2023. Además, allí emergen con fuerza espacios de involucramiento como los centros de estudiantes, la militancia barrial y el activismo en redes sociales, que funcionan como puertas de entrada a la vida pública y al debate ciudadano.

El panorama nacional muestra un mapa diverso. Mientras en distritos como Santiago del Estero y Formosa la participación adolescente alcanza el 70%, en Tierra del Fuego apenas supera el 35%. Tucumán, con cifras intermedias, logró revertir una tendencia descendente y se posiciona como ejemplo de recuperación del interés electoral juvenil.

El origen del voto joven

El derecho al voto joven se incorporó al sistema electoral argentino en octubre de 2012, con la aprobación de la Ley N° 26.774. La norma otorgó la posibilidad de votar a los ciudadanos nativos, por opción o naturalizados de 16 y 17 años, de manera optativa. En la Argentina, el voto es obligatorio a partir de los 18 años, aunque los jóvenes que cumplan los 16 antes del día de la elección pueden sufragar, siempre que hayan realizado la actualización de su DNI correspondiente a los 14 años.

Tras su sanción a nivel nacional, la mayoría de las provincias adecuó su legislación para permitir la participación juvenil también en comicios locales. Tucumán lo hizo en 2019, ampliando el alcance del derecho en su jurisdicción.

El voto como hábito y aprendizaje

El informe de CIPPEC y Unicef subraya que los adolescentes votan con mayor frecuencia en elecciones presidenciales que en legislativas. La pandemia de 2021 marcó un retroceso en la participación, pero el interés se recuperó en los últimos comicios: casi nueve de cada diez jóvenes habilitados declararon haber votado en 2023.

Los especialistas coinciden en que el voto es un hábito que se construye: una primera experiencia positiva incentiva la participación futura. Por eso, el desafío central radica en garantizar información clara y accesible sobre los procesos electorales y las propuestas partidarias. El 44% de los jóvenes encuestados admitió no contar con suficiente información sobre el sistema electoral, y tres de cada diez dijeron desconocer las plataformas de los partidos.

A nivel provincial, las diferencias son marcadas. Santiago del Estero, Formosa, Jujuy y Catamarca superan el promedio nacional, mientras que Tierra del Fuego, Neuquén, Río Negro, Mendoza y Santa Fe registran los niveles más bajos.

Nuevas formas de involucrarse

El informe advierte que votar no es la única manera en que los adolescentes se vinculan con la política. Más de la mitad declaró haber participado en alguna actividad cívica o comunitaria durante el último año, desde integrar un centro de estudiantes o una agrupación barrial hasta involucrarse en voluntariados o campañas en redes sociales.

Los centros de estudiantes se consolidan como espacios de aprendizaje democrático, donde los jóvenes ejercitan el debate y la representación en ámbitos cotidianos. En Tucumán, cada vez más escuelas los reconocen formalmente, y los promueven como instancias de participación activa.

Las redes sociales también juegan un rol clave: firmar peticiones digitales, compartir contenido político o seguir a candidatos son formas de activismo que, según el estudio, impactan en la vida real y fomentan el compromiso ciudadano.

El desafío de la confianza

Pese al interés y la participación, el informe alerta sobre un dato preocupante: el 80% de los adolescentes manifiesta poca o ninguna confianza en la dirigencia política. Esa percepción, que se profundiza con la edad, plantea un reto para los partidos y las instituciones democráticas: lograr que el entusiasmo por participar se traduzca en representación efectiva.

La conmemoración de los diez años del voto joven invita a reflexionar sobre el futuro de la democracia argentina. Más allá de los porcentajes, el desafío pasa por fortalecer la confianza, la información y la escucha activa hacia una generación que, aunque descree de los políticos, sigue apostando a la participación como herramienta de cambio.