La escena ocurrió en un pasillo del Congreso en Valparaíso y se volvió viral en cuestión de minutos. Un periodista le preguntó a la vocera presidencial Mara Sedini si el Estrecho de Magallanes es chileno, una consulta que en el país tiene una respuesta ampliamente conocida. Sin embargo, la funcionaria evitó pronunciarse, derivó la consulta a la Cancillería y cerró el intercambio con una frase que amplificó el impacto: "vamos al almuerzo".
El contexto no era casual. Horas antes, el jefe del Servicio de Hidrografía Naval argentino, el contraalmirante Hernán Montero, había afirmado que "la boca de Magallanes es argentina", lo que generó la necesidad de una respuesta oficial desde La Moneda. El silencio de la vocera, en ese escenario, terminó convirtiéndose en un símbolo de las dificultades comunicacionales del gobierno.
Esa misma noche, el canciller Francisco Pérez Mackenna debió intervenir para aclarar que la soberanía de Chile sobre el Estrecho de Magallanes "es indiscutible" y se sustenta en los tratados de 1881 y 1984. Al día siguiente, Sedini explicó su reacción señalando que "no sabía de qué me estaban realmente preguntando".
La caída en la imagen presidencial
El episodio se inscribe en un contexto más amplio de desgaste político. En su primer mes de gobierno, la aprobación del presidente José Antonio Kast cayó del 58% inicial al 40%, una baja significativa que, según analistas, refleja problemas tanto en la gestión como en la comunicación.
El caso de Sedini aparece así como un punto de condensación de esas dificultades. La vocera, que había sido presentada como parte de una estrategia profesionalizada, quedó expuesta en medio de un escenario adverso.
Claudio Fuentes, director del Instituto de Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades de la UDP, señaló que el proceso de instalación del gobierno "ha enfrentado problemas comunicacionales y políticos dentro de la propia coalición", al tiempo que remarcó dificultades para instalar la agenda económica y abordar la seguridad.
De figura de campaña a vocera en crisis
Mara Sedini Viancos, de 40 años, periodista, actriz y cantante, fue una de las caras más visibles de la campaña presidencial. Participó activamente en la segunda vuelta, grabó jingles, animó actos y se convirtió en un rostro cercano para una candidatura que buscaba mostrarse renovadora.
Antes de su desembarco en la política institucional, había sido panelista del programa Sin Filtros, donde su estilo confrontacional le otorgó notoriedad. Su perfil mediático, sin militancia partidaria, fue interpretado como una apuesta a una comunicación diferente.
En ese contexto, surgieron comparaciones con Camila Vallejo, vocera del gobierno de Gabriel Boric. Sin embargo, la diferencia en experiencia política resultó evidente. Mientras Vallejo contaba con trayectoria en gestión y militancia, Sedini asumió el cargo sin haber enfrentado crisis de alta complejidad.
Roberto Munita, director de Administración Pública de la Universidad Andrés Bello, sintetizó el desafío del rol al afirmar que "la vocería en Chile es fundamental" y que "un buen vocero nunca debe ser la noticia, sino contar la noticia".
El impacto del alza de combustibles
El desgaste del gobierno comenzó a evidenciarse con fuerza el 26 de marzo, cuando se anunció un incremento en los combustibles. La nafta de 93 octanos subió $370 chilenos por litro, equivalente a US$0,38, mientras que el diésel aumentó $580, es decir, US$0,60.
El ajuste respondió al aumento internacional del petróleo en el contexto de la guerra en Irán, pero la decisión de trasladar ese costo a los consumidores tuvo un impacto político inmediato.
Los datos reflejaron ese efecto:
- 49% de desaprobación según encuesta Cadem
- 34% de desaprobación dos días después de la investidura
- Caída de diez puntos en la aprobación en pocas semanas
A este escenario se sumó el anuncio de un recorte del 3% en todos los ministerios, lo que profundizó la percepción de ajuste.
Según Fuentes, la combinación de estas medidas generó "un fuerte ambiente de incertidumbre", en contraste con una agenda centrada en la seguridad.
Una vocería condicionada por el poder interno
El rol de Sedini también aparece condicionado por la estructura interna del gobierno. El diseño comunicacional, liderado por Cristián Valenzuela, es descrito como centralizado.
La vocera trabaja junto a su equipo, pero la línea final de comunicación es definida en Palacio y por el director de la Secom, Felipe Costabal. A diferencia de voceros anteriores como Vallejo o Francisco Vidal, Sedini no participa plenamente en las instancias donde se toman decisiones, lo que limita su margen de acción.
En este contexto, analistas señalan que los problemas comunicacionales no son exclusivamente personales, sino parte de un esquema más amplio.
Repliegue y nuevos voceros
Ante el desgaste, el gobierno decidió desplazar a Sedini de los temas más complejos. Para la denominada megareforma económica, se designaron como voceros a:
- Jorge Quiroz
- Claudio Alvarado
- José García Ruminot
Este movimiento implicó un repliegue de la vocera hacia un rol menos expuesto, consolidando la percepción de debilidad tras el episodio del Estrecho de Magallanes.
Los desafíos políticos por delante
El gobierno de Kast enfrenta ahora un escenario legislativo complejo. El presidente presentó más de 40 medidas en el marco del Plan de Reconstrucción Nacional, también denominado Ley Miscelánea. Sin embargo, la coalición oficialista no cuenta con mayoría propia en la Cámara de Diputados, por lo que necesitará negociar apoyos, especialmente del Partido de la Gente.
Los analistas advierten que será necesario ajustar la agenda para incorporar beneficios destinados a consumidores, pequeñas empresas y sectores medios, con el objetivo de conseguir los votos necesarios.
A su vez, se plantea el desafío de comunicar reformas con impacto a mediano y largo plazo en un contexto de demandas inmediatas.