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Cruce en el CONICET: Salamone descartó un "cientificidio" y profesionales refutaron su postura

El presidente del organismo rechazó los cuestionamientos de la comunidad científica, negó un desfinanciamiento y aseguró que las becas otorgadas superan a las de años previos. Investigadores y directivos de la institución sostienen, en cambio, que hay menos ingresos, caída de recursos, falta de subsidios y una creciente salida de profesionales.

16 Agosto de 2026 09.17

El presidente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), Daniel Salamone, rechazó los reclamos formulados por la comunidad técnico-científica y calificó de "falsa" la existencia de una "fuga de cerebros" en el país. Sus declaraciones generaron una respuesta inmediata de profesionales vinculados al organismo, quienes cuestionaron su diagnóstico sobre la situación que atraviesa el sistema científico argentino.

En diversas declaraciones a la prensa, el funcionario libertario sostuvo que su postura sobre el presente del sistema científico "está muy lejos de esta idea mal expresada del cientificidio" y también negó que exista el "desfinanciamiento" que viene siendo denunciado por investigadores.

En relación con las becas vigentes, Salamone afirmó que actualmente "la cantidad otorgada supera a la de años previos" y sostuvo que el Gobierno "busca conservar la excelencia e incrementar el impacto productivo".

El titular del CONICET también negó que los investigadores estén emigrando como consecuencia de las políticas actuales y aseguró que la mayor parte de las salidas se produjo durante la gestión anterior. En ese sentido, remarcó que su objetivo es preservar la capacidad científica de la institución y, al mismo tiempo, transformarla para generar mayor valor y transferencia tecnológica hacia el sector privado.

Aunque las declaraciones de Salamone fueron realizadas el jueves 13, el planteo forma parte de un discurso que, según la información proporcionada, el oficialismo sostiene desde el comienzo de su gestión.

La comunidad científica respondió en el Obelisco

El contrapunto se produjo en una semana marcada por una movilización de la comunidad científica en el Obelisco, donde investigadores y profesionales reclamaron que el Estado "invierta" en ciencia y tecnología.

El reclamo estuvo vinculado con la caída de los recursos destinados al sector, que fueron ubicados en torno al 0,14% del PBI, frente al 0,32% previo, considerado por la comunidad científica como un nivel de recursos que descendió a "mínimos históricos".

La discusión quedó así planteada en dos diagnósticos contrapuestos. Por un lado, Salamone sostiene que las becas otorgadas no solo se mantienen sino que superan las de años anteriores y rechaza la existencia de una fuga de cerebros atribuible a las políticas actuales. Por el otro, investigadores y directivos del sistema científico describen una reducción de recursos humanos, dificultades para sostener proyectos y condiciones cada vez menos atractivas para quienes buscan desarrollar una carrera científica.

Salarios, subsidios y proyectos interrumpidos

En diálogo con la Agencia Noticias Argentinas, Daniel Feierstein, docente e investigador principal del CONICET por el Centro de Estudios sobre el Genocidio de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF), calificó las declaraciones de Salamone como "muy desafortunadas".

Feierstein sostuvo que el salario de docentes e investigadores se encuentra en un nivel históricamente bajo y lo comparó con la situación atravesada durante la crisis de 2001 y 2002.

"El salario de docentes y investigadores es históricamente, no solo el más bajo, sino casi absurdo. Quizá la crisis del 2001, o en el 2002, sería un punto más o menos comparable. Creo que, incluso, hemos llegado a niveles equivalentes o más bajos que ese momento", señaló.

El investigador también afirmó que Argentina se caracterizó históricamente, tanto en una comparación internacional como regional, por contar con salarios bajos en sus entidades científicas, pero consideró que la situación actual llegó a un punto "absurdo", debido a que en gran parte de las categorías los ingresos se encuentran por debajo de la canasta básica.

A esa situación salarial, Feierstein sumó lo que definió como una destrucción del sistema de subsidios a proyectos científicos, un componente que consideró fundamental para desarrollar investigaciones. Explicó que, además de los ingresos de docentes e investigadores, la ciencia requiere financiamiento para equipar laboratorios, adquirir insumos, contar con asistencia técnica y disponer de las numerosas herramientas necesarias para el proceso de investigación.

Según su planteo, el Gobierno "ha destruido la posibilidad de investigar" y aplicó además un criterio arbitrario en algunos proyectos que permanecían en funcionamiento. Feierstein indicó que dirige uno de ellos y cuestionó que, pese a contar con informes aprobados, no pueda continuar.

"Es una situación legalmente escandalosa, porque es algo que el Gobierno no puede hacer: discontinuar proyectos ya aprobados y efectivos", insistió.

También señaló que esa interrupción implica un dispendio de recursos, debido a que se pierde todo lo que ya fue invertido. Explicó que el Estado asume compromisos en proyectos que se desarrollan durante dos, tres, cuatro o seis años, según cada convocatoria, y que requieren continuidad y finalización.

La fuga de cerebros y el deterioro de los equipos

Para Feierstein, la combinación entre salarios, subsidios y becas constituye un esquema articulado. Cuando alguno de esos componentes se deteriora, afirmó, se destruyen los equipos de trabajo y se genera una fuga de cerebros.

Su diagnóstico parte de tres dificultades centrales:

  • El salario no alcanza para que los profesionales puedan desarrollar su actividad.
  • No existe financiamiento suficiente para los elementos necesarios para investigar.
  • No hay una política de formación de las personas que participan en los proyectos.

En ese contexto, sostuvo que profesionales terminan buscando alternativas fuera del país porque "no pueden investigar en Argentina". También planteó que la ciencia argentina tiene reconocimiento internacional y en el ámbito privado, lo que, según su mirada, favorece la salida de profesionales y termina vaciando el espacio de producción estatal.

Ugalde: "Hay menos ingresos" al sistema científico

Otro de los cuestionamientos llegó de parte de Juan Esteban Ugalde, director de IIBio, unidad ejecutora del CONICET en el Instituto de Investigaciones Biotecnológicas de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM).

Ugalde aseguró que "hay menos ingresos" al sistema científico y consideró que centrar la discusión únicamente en la cantidad de becas tomadas de un año a otro no aborda el problema de fondo.

"Ingresos hay menos. Puede ser que las becas tomadas de un año a otro sea igual o mayor, pero me parece que no es el foco de la discusión", afirmó.

El director de IIBio sostuvo que el problema central es la ausencia de una política científica. Según señaló, una gestión puede tener diferencias con la anterior, pero debe proponer una orientación propia.

"Lo que no hay es una política científica. Una gestión puede no estar de acuerdo con la anterior, pero tiene que proponer, por lo menos, alguna política y hoy no lo está viendo. Desde hace dos años no hay ninguna política propuesta", aseveró.

Respecto de la fuga de cerebros, Ugalde afirmó que en la institución que dirige "hay gente que se está yendo", especialmente jóvenes becarios que terminan sus tesis y que eventualmente tendrían posibilidades de continuar dentro del sistema. Según relató, esos profesionales se marchan tanto al exterior como hacia el sector privado dentro de Argentina.

En paralelo, sostuvo que "el sistema se está enflaqueciendo" en términos de recursos humanos y aseguró que basta con recorrer los laboratorios para observar que hay efectivamente menos personas.