Desde un lugar no revelado, sin público y con un tono inusualmente grave, Diosdado Cabello reapareció este miércoles en la televisión venezolana con una emisión inesperada de Con el Mazo Dando. El programa, que se emitió a las 21.27 hora local, se apartó por completo del formato habitual y se asemejó más a un comunicado de emergencia que al show político que el dirigente chavista conduce desde hace más de una década.
"Buenas noches a toda Venezuela. Los saludamos desde aquí en un programa especial", fue la escueta frase con la que Cabello dio inicio a una transmisión marcada por la sobriedad, la ausencia de escenografía tradicional y un clima de tensión evidente. No hubo aplausos, risas ni el estudio habitual. Tampoco público. En cambio, el número dos del régimen venezolano habló en voz baja, con papeles en la mano y desde un entorno austero, en una puesta en escena que reflejó el momento crítico que atraviesa el chavismo.
Durante la emisión, Cabello acusó a Estados Unidos de haber ejecutado un "ataque bárbaro" contra Venezuela y aseguró que la ofensiva dejó al menos 100 muertos y una cifra similar de heridos. Bajo el hashtag #VenezuelaNoSeRinde, repetido a lo largo de la transmisión, exigió además que el presidente Nicolás Maduro sea "devuelto con vida", en referencia a su detención durante la incursión estadounidense del último fin de semana.
El dirigente chavista sostuvo que "Venezuela fue víctima de un ataque artero" y denunció una supuesta manipulación informativa por parte de actores externos. "Manipulan información y hacen creer cosas que no están ocurriendo ni ocurrieron", afirmó, antes de insistir en que el país atraviesa una agresión directa sin precedentes. La lectura constante de apuntes reforzó la sensación de un mensaje cuidadosamente elaborado en un contexto de urgencia política.
El programa, que alcanzó su emisión número 557, salió al aire una semana antes de lo previsto. La reprogramación no fue casual: la detención de Maduro obligó al oficialismo venezolano a acelerar su respuesta mediática y a reorganizar su estrategia de comunicación frente a un escenario de máxima presión internacional.
Cabello también dedicó parte de su intervención a cuestionar a gobiernos de la región que respaldaron la reciente calificación del denominado "Cartel de los Soles" como organización terrorista. En ese marco, apuntó directamente contra el presidente argentino Javier Milei y su par ecuatoriano Daniel Noboa, a quienes calificó con un término vulgar del habla venezolana equivalente a "lamebotas". "Uno se pregunta qué harán ahora los jalabolas de siempre", lanzó, en referencia al alineamiento de ambos mandatarios con la política estadounidense.
En octubre pasado, Milei había declarado al Cartel de los Soles —un grupo que Washington vincula con el régimen venezolano— como organización terrorista, en sintonía con la estrategia impulsada por el entonces presidente estadounidense Donald Trump. Cabello rechazó esas acusaciones y volvió a negar cualquier vínculo del chavismo con el narcotráfico, al que calificó como "señalamientos sin ningún tipo de fundamento".
Vestido con una camisa negra y con una imagen de Simón Bolívar como único fondo, el ministro de Interior buscó transmitir una imagen de control en medio del desconcierto. Sin embargo, el tono del mensaje y la puesta en escena dejaron entrever más señales de repliegue que de fortaleza política.
"Dan pena, mucha pena. Vergüenza deberían darles. La dignidad no se vende en la esquina", concluyó Cabello, en un cierre sin aplausos ni celebración, que contrastó con el estilo provocador y festivo que suele caracterizar a su programa. La reaparición, lejos de mostrar firmeza, expuso el nivel de tensión y aislamiento que atraviesa el núcleo duro del poder chavista.