El gendarme Nahuel Gallo tras el infierno chavista: "Yo no estoy libre hasta que liberen a los demás"
Luego de 448 días de tortura psicológica en el penal El Rodeo 1, el oficial argentino denunció que 24 extranjeros permanecen en la incertidumbre. En el Edificio Centinela y ante la plana mayor de Seguridad, exigió que el mundo no olvide a los presos políticos.

En una tarde cargada de una atmósfera solemne y una profunda carga emocional, el gendarme catamarqueño Nahuel Gallo rompió el silencio tras haber recuperado su libertad. El escenario elegido fue el emblemático edificio Centinela, donde el oficial se presentó flanqueado por la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, la senadora nacional Patricia Bullrich, el canciller Pablo Quirno y el jefe de la Gendarmería Nacional, comandante general Claudio Brilloni. El acto representó no solo el reencuentro de un efectivo con su fuerza, sino una denuncia formal contra el trato recibido durante los 448 días que permaneció bajo custodia del régimen venezolano.

Gallo inició su intervención con una franqueza que conmovió a los presentes, admitiendo que, aunque fue él mismo quien pidió declarar ante la prensa, aún se encuentra asimilando una realidad que le fue arrebatada durante más de quince meses. Con un estado de salud que sigue bajo monitoreo constante por parte de los equipos médicos de la institución, el gendarme expresó su deseo de reinsertarse en la sociedad argentina mientras intenta procesar la escasa información que recibió durante su aislamiento en la cárcel de El Rodeo 1, un periodo marcado por el hermetismo y la incomunicación.

El horror psicológico y la incertidumbre en El Rodeo 1

Al describir el centro penitenciario donde pasó su cautiverio, Gallo fue tajante al definirlo como un lugar de muchísima tortura psicológica y una experiencia que calificó como no muy grata para detallar en profundidad en este momento de su recuperación. La crudeza de su relato se hizo evidente cuando admitió que el solo hecho de recordar aquellos días lo hacía titubear frente al micrófono. Según el oficial, el sistema penitenciario en el que estuvo inmerso se rige por la incertidumbre absoluta, donde a los detenidos nunca se les comunica el destino de sus causas ni lo que va a pasar con ellos, generando un desgaste mental que solo pudo combatir mediante una fortaleza mental inquebrantable y el recuerdo constante de su hijo Víctor, de tan solo 3 años, quien fue su único sostén emocional.

La situación de los ciudadanos extranjeros en dichas prisiones es de un desamparo total, ya que, según relató Gallo, no contaban con derecho a visitas ni a llamadas telefónicas, enfrentando acusaciones por delitos que calificó de injustos. Esta soledad extrema lo llevó a declarar una frase que resonó con fuerza en el auditorio al afirmar que él sigue encerrado hasta que liberen a los demás extranjeros del Rodeo, pues considera que su libertad no es plena mientras persista el encierro de los otros 24 extranjeros que aún aguardan una resolución en medio de la supuesta transición venezolana.

Patriotismo como mecanismo de defensa y resistencia

Uno de los pasajes más emotivos de la conferencia fue cuando Nahuel Gallo explicó cómo mantuvo viva su identidad nacional en un entorno hostil. En la profundidad de su celda, el oficial ideó una forma de resistencia simbólica al derretir jabón celeste y blanco para fabricar su propia bandera argentina. Ese pequeño objeto artesanal era lo único que lo hacía sentir en casa y reforzaba su sentido de pertenencia. Durante su discurso, se preguntó a sí mismo por qué se sentía tan patriota, concluyendo que gritaba orgullosamente su origen porque era su forma de mantenerse íntegro frente a sus captores.

El gendarme también hizo un llamado urgente a las organizaciones internacionales para que no desvíen la mirada de lo que ocurre en los centros penales venezolanos. Aunque evitó profundizar en las atrocidades físicas por no sentirse preparado emocionalmente para revivirlas, insistió en que los presos políticos siguen esperando una liberación que no llega. Desde su perspectiva, el Estado argentino nunca dejó de reclamar por él, un mensaje que las propias autoridades venezolanas le transmitieron y que le otorgó la esperanza necesaria para resistir hasta su liberación definitiva el pasado domingo.

El regreso al hogar y el proceso de recuperación institucional

La liberación de Gallo se produjo tras complejas gestiones diplomáticas que culminaron con su arribo al país en la madrugada del lunes, integrando una comitiva de la AFA. En el aeropuerto fue recibido por su esposa, María Alexandra, su hijo Víctor y su madre, Griselda Heredia, en medio de un operativo de seguridad que garantizó su resguardo inmediato. Actualmente, el oficial permanece alojado en el edificio Centinela, al que considera su casa y donde ha defendido históricamente a su bandera, mientras se somete a estudios médicos para corroborar su estado general tras haber pasado casi 450 días en condiciones de extrema precariedad.

Acompañado por Alejandra Monteoliva, Pablo Quirno, Patricia Bullrich y Claudio Brilloni, Gallo cerró su intervención mostrándose feliz de estar nuevamente en su patria, aunque con la mirada puesta en aquellos que dejó atrás en El Rodeo 1. Su testimonio queda como una denuncia abierta sobre las condiciones de los centros de detención en Venezuela y subraya el impacto de la tortura psicológica en los detenidos por causas políticas, marcando un hito en la agenda de derechos humanos de la región y en la historia reciente de la Gendarmería Nacional Argentina.