El domingo 26 de octubre de 2025 se juega más que un recambio parlamentario en Argentina: es una suerte de plebiscito sobre el gobierno de Javier Milei. A nivel nacional, los números lo colocan al frente, pero con un margen que limita su capacidad de gobernar sin aliados. En los bastiones más críticos, como la provincia de Buenos Aires y Catamarca, el panorama es mucho más adverso para la fuerza oficialista.
El escenario nacional: ventaja moderada, pero ventaja al fin
Las últimas mediciones a nivel país muestran que la alianza oficialista La Libertad Avanza (LLA) mantiene una intención de voto en torno al 35-37 %. Por ejemplo, un relevamiento de la consultora CB Consultora la ubica cinco puntos por encima de la principal fuerza opositora, Fuerza Patria. Otra medición apunta a una ventaja más estrecha en un contexto de alta polarización.
Este dato es clave: aunque el oficialismo no consiga una mayoría automática en el Congreso, retuvo la condición de primera minoría, lo que le permitirá negociar o condicionar desde una posición de fuerza relativa. Es decir: el milagro no se da, pero el susto tampoco existe.
El gobierno mismo lo refleja en sus documentos internos: apunta a un piso de "35 %" como base segura y ve un "techo competitivo" cercano al 38 %, lo que le deja margen, pero no holgura. En ese marco, su estrategia pasa por amortiguar pérdidas en provinciales adversas, reforzar distritos propios y evitar que la oposición logre una mayoría abrumadora.
Buenos Aires: derrota segura
En la provincia de Buenos Aires, el escenario oficialista es crítico. Según la consultora Nueva Comunicación, la ventaja de Fuerza Patria sobre LLA se amplía a unos 14-15 puntos, con números que apuntan a un 45 % vs. 31 % aproximadamente.
La lectura es clara: el gobierno nacional perderá la batalla bonaerense. Esa derrota tiene impacto por su tamaño —es el distrito que concentra un cuarto del padrón nacional— y por el efecto simbólico: perder allí significa perder "zona de confort" y quedar a merced de un bloque opositor con capacidad de interpretación política.
La estrategia oficialista pasa por reducir el daño antes que revertir el resultado: achicar el margen, preservar bancas propias, evitar una sangría de votos que impacte en la composición total del Congreso. Si la diferencia termina siendo de 10 o 12 puntos, se considerará "aceptable" desde esa óptica.
En casa Rosada, creen que la derrota puede llegar a ser de un dígito, si ese es el escenario, será una derrota con sabor a victoria.
Catamarca: apuesta a ganar un diputado nacional
En la provincia de Catamarca, aunque los datos públicos desagregados son menos abundantes, el análisis privado del Gobierno habla de derrota casi segura para LLA. Sin embargo, esa derrota llegará con un matiz: se apuesta a colocar al menos un diputado nacional, pese al escenario adverso.
La estrategia es la siguiente: "perder en votos, pero ganar presencia". Si la dispersión electoral opositora mantiene varios frentes medianos, la fuerza oficialista puede capturar la tercera banca en disputa —lo que le permitiría seguir teniendo voz en el Congreso sin necesidad de ganar la provincia.
Interpretación política: ¿qué implica todo esto?
La doble mecánica —victoria nacional moderada y derrota en distritos clave— refleja una lectura de fondo: el oficialismo tiene buenas chances de mantenerse como actor dominante a nivel macro, pero se enfrenta a una oposición fuerte en lo territorial.
Para el gobierno, retener cerca del 35 % le da pleno derecho a decir que "gana la elección" en términos de primera minoría. Pero perder Buenos Aires y no conseguir al menos un diputado en Catamarca erosiona su narrativa de avance imparable. Es una victoria con varios "peros".
Desde la oposición, las derrotas locales —y en especial la bonaerense— se convierten en un trampolín: si Fuerza Patria consigue una diferencia amplia, podrá reclamar hegemonía futura y condicionar al gobierno a depender de acuerdos en lugar de gobernar con comodidad.
Además, el escenario económico y político lo complica todo: la inflación vuelve a subir, la imagen del gobierno registra caídas, y los escándalos de corrupción se suman al cóctel. Estos factores reducen el margen de maniobra y hacen que los diputados que se juegan en Catamarca o en distritos medianos tomen un valor estratégico doble: no solo suman números, sino que construyen relato.
victoria con matices, derrota con objetivos
El 26 de octubre será un día de contrastes para el oficialismo: ganar en lo nacional, perder en lo local. El objetivo declarado —retener el 35 % de los votos nacionales y seguir siendo la fuerza mayoritaria— está al alcance. Pero con la condición de que la derrota en la provincia de Buenos Aires no sea demasiado abultada y de que se capture al menos una banca en Catamarca.
El Gobierno lo sabe: no busca arrasar, sino consolidar. La oposición lo sabe: no espera recuperar todo, pero sí ganar lo suficiente para frenar la reforma estructural del oficialismo futuro. En ese juego, las pequeñas victorias territoriales —como meter un diputado en Catamarca pese a la derrota— serán tan importantes como la expansión nacional.
Y al final: aunque el triunfo sea parcial, será un triunfo. Pero con un sabor distinto al del "adelante imparable" que se vendió al inicio del mandato. En política, ganar no siempre es arrasar. A veces, basta con no perder demasiado —y optimizar lo que se puede salvar.