La opinión pública argentina ha comenzado a mostrar signos de un leve enfriamiento en este primer tramo de 2026. De acuerdo con el Índice de Confianza en el Gobierno (ICG), un indicador estratégico elaborado por la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), la credibilidad en la gestión que encabeza Javier Milei retrocedió un 0,6% durante el mes de febrero en comparación con enero. Esta cifra no solo consolida la tercera baja mensual consecutiva, sino que también representa una caída interanual del 6,8% respecto al mismo periodo del año anterior.
A pesar de este declive, el informe revela que el indicador se mantiene en 2,38 puntos dentro de una escala que va del 0 al 5. Los analistas de la institución consideran que este valor se encuentra dentro del rango promedio de la gestión actual, que se sitúa en los 2,44 puntos. Desde el inicio del mandato, el ICG ha oscilado entre un piso de 1,94 y un techo de 2,86, lo que demuestra una trayectoria que, por el momento, se inscribe en un marco de variaciones acotadas sin presentar desvíos drásticos o rupturas pronunciadas en la tendencia general.
El factor comparativo y la ventaja sobre la herencia
Al profundizar en la narrativa de este fenómeno político, surge un dato fundamental que explica la resiliencia del oficialismo: la ventaja competitiva frente a las administraciones precedentes. A pesar del desgaste propio del ejercicio del poder y de las fluctuaciones económicas, la gestión actual logra sostener una posición envidiable frente a sus antecesores inmediatos en el mismo punto de sus mandatos. El relevamiento realizado entre el 2 y el 12 de febrero de 2026 arroja una superioridad del 2,7% sobre Mauricio Macri, quien en febrero de 2018 había logrado un índice de 2,32 puntos.
Sin embargo, el contraste más agudo se produce al observar la gestión de Alberto Fernández. En este caso, la brecha a favor de Milei es de un impactante 59,5%, dado que el anterior mandatario apenas alcanzaba los 1,49 puntos en febrero de 2022. Esta comparativa histórica sugiere que, aunque el apoyo cede, el umbral de confianza actual permanece significativamente por encima de los estándares de la última década.
El comportamiento del índice durante el mes de febrero fue marcadamente heterogéneo, reflejando una sociedad que evalúa de forma diferenciada cada área de la gestión. La confianza se desglosa en componentes que permiten entender qué aspectos del gobierno siguen convenciendo y cuáles comienzan a generar dudas razonables. En este sentido, la Honestidad se posicionó como el atributo mejor rankeado al alcanzar los 2,76 puntos, lo que representó una mejora del 2,6%. En una línea similar de crecimiento se ubicó la Eficiencia, que registró una subida del 2,7% para situarse en los 2,29 puntos.
En la vereda opuesta, la percepción de la Capacidad gubernamental sufrió el golpe más duro del mes con una caída del 4,9%, quedando en 2,70 puntos. Asimismo, la Evaluación general del gobierno se situó en 2,18 puntos, marcando un retroceso del 1,8%. Por último, la Preocupación por el interés general continúa ocupando el último lugar de la escala con 1,99 puntos, a pesar de haber experimentado un crecimiento marginal del 1,0%. Esta configuración de datos indica que, si bien la transparencia y la operatividad son bien valoradas, hay una preocupación creciente por la pericia técnica y el alcance social de las medidas.
Una sociedad fragmentada y el peso de las expectativas
El estudio de la Universidad Di Tella profundiza también en la segmentación social, revelando que el respaldo al Ejecutivo está lejos de ser uniforme. La brecha de género se ha vuelto a profundizar de manera notable, mostrando comportamientos divergentes: mientras que entre los hombres el índice subió un 4,0% para ubicarse en 2,62, entre las mujeres se desplomó un 7,0% hasta los 2,11 puntos, ampliando la diferencia a 0,51 puntos. En términos de formación académica, se modificó la jerarquía de los grupos; el segmento con nivel secundario completo es actualmente el que más confía en el Gobierno con 2,56 puntos, superando al nivel terciario y universitario que cayó a 2,41, y muy por encima del nivel primario, donde el apoyo es sensiblemente menor y continúa en descenso con 1,56 puntos.
Geográficamente, el esquema de apoyo se consolida con el Interior del país como el gran bastión del oficialismo al alcanzar los 2,60 puntos, superando a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que registra 2,10 puntos, y al Gran Buenos Aires, que cierra la tabla con 2,04 puntos. Finalmente, la expectativa económica individual aparece como el gran motor de la confianza política. Aquellos ciudadanos que auguran una mejora económica en el plazo de un año califican al gobierno con un sólido 4,30, mientras que quienes ven un futuro negro apenas le otorgan un 0,43, a pesar de que este último grupo mostró un crecimiento del 22,9% en su percepción positiva respecto al mes anterior.