La economía empieza a pesar en las encuestas y Milei enfrenta el desafío de sostener el respaldo electoral
El Gobierno busca acelerar su agenda de reformas mientras crece la preocupación por el consumo, el endeudamiento de las familias y la falta de alivio en los ingresos. En el oficialismo también aumenta la tensión por la necesidad de cerrar acuerdos con el PRO y los gobernadores antes de las elecciones.

La economía volvió a ocupar el centro de la escena política del Gobierno de Javier Milei, pero esta vez con un problema adicional: las dificultades que enfrenta el oficialismo para traducir sus resultados macroeconómicos en una mejora perceptible en la vida cotidiana de los argentinos.

Después de la salida de Manuel Adorni, el Presidente decidió concentrar buena parte de la agenda en cuestiones económicas y eligió personalmente a Adrián Ravier como vocero especializado. Al mismo tiempo, el Gobierno acelera proyectos como la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central y la segunda etapa de Inocencia Fiscal, con el objetivo de impulsar cambios estructurales y favorecer el ingreso de dólares al sistema financiero.

Sin embargo, esa agenda convive con otra realidad: salarios que pierden terreno frente a la inflación, caída del consumo, cierre de empresas y un crecimiento del endeudamiento de las familias que comienza a transformarse en uno de los principales problemas sociales y económicos.

Desde el Gobierno sostienen que se trata, en buena medida, de un problema entre privados y buscan evitar una intervención directa. Pero el deterioro de la situación económica empieza a aparecer con mayor fuerza en las encuestas y amenaza con convertirse en uno de los principales condicionantes del escenario electoral.

Las encuestas que preocupan al Gobierno

El malestar económico comienza a reflejarse en los sondeos y abre un interrogante sobre la capacidad de Milei para mantener el respaldo que consiguió durante los primeros años de gestión.

El Presidente, sin embargo, interpreta buena parte de esas críticas como una construcción de los medios y mantiene una postura de fuerte defensa de su programa económico. En ese sentido, sostiene tanto en público como en privado que está dispuesto a asumir el costo electoral antes que modificar el rumbo que considera correcto.

Esa posición plantea un desafío: determinar si la sociedad argentina mantiene el mismo nivel de tolerancia al ajuste que mostró durante buena parte de la gestión.

Un estudio de Aresco conocido esta semana identificó un espacio denominado "Ni Kicillof ni Milei", que reúne al 23% de los votantes. Se trata de un universo sin un liderazgo definido y compuesto por electores que manifiestan preferencias diferentes a las de los principales espacios políticos.

Según el análisis, ese sector reclama un liderazgo con características distintas a las del Presidente, con mayor capacidad de diálogo, negociación y consenso. También plantea la necesidad de combinar equilibrio fiscal con generación de empleo y desarrollo productivo.

El fenómeno abre una incógnita sobre la posibilidad de que aparezca un dirigente capaz de ocupar ese espacio.

Los nombres que aparecen como posibles outsiders

En ese escenario comenzaron a circular distintos nombres, entre ellos Jorge Brito, Dante Gebel, Daniel Hadad y Victoria Villarruel. Ninguno, por ahora, logró consolidarse como referente de ese electorado.

El consultor Jaime Durán Barba, asesor de Brito, considera que la alternativa podría surgir de un outsider. Sin embargo, la propia definición genera dudas respecto de quién podría ocupar efectivamente ese lugar.

Mientras tanto, sectores del oficialismo intentan observar cómo evolucionan las demandas sociales y qué impacto tendrán sobre la estrategia electoral de La Libertad Avanza.

Uno de los casos que expuso esa tensión fue Patricia Bullrich, quien esta semana mostró en sus redes sociales una postura que buscó combinar la defensa del rumbo económico con una mayor empatía hacia las familias y las pequeñas y medianas empresas.

Caputo reclama que la política ayude a la economía

En paralelo, el ministro de Economía, Luis Caputo, comenzó a plantear con mayor intensidad la necesidad de que la política acompañe el programa económico.

El funcionario habría resumido su preocupación ante un gobernador con una frase: "La economía ayudó mucho tiempo a la política, es hora de que la política ayude a la economía".

Caputo también suele repetir que no puede "hacer magia" y que el futuro debe ser vendido por la política. Su reclamo apunta directamente a la necesidad de que el Gobierno cierre acuerdos con el PRO y con los gobernadores aliados.

La preocupación del ministro está vinculada con un escenario en el que la economía podría no mostrar, antes de las próximas elecciones, una recuperación suficiente del consumo ni un alivio significativo para los bolsillos.

Por eso, para el Palacio de Hacienda, la construcción de acuerdos políticos también funciona como una herramienta para reducir la presión sobre la gestión económica.

La negociación electoral se vuelve central

Mientras Caputo reclama mayor respaldo político, dentro del oficialismo todavía existen diferencias sobre cómo avanzar con los acuerdos electorales.

Las negociaciones con los gobernadores y con el PRO son uno de los principales focos de atención. También permanece abierta la discusión sobre las PASO y sobre la estrategia que La Libertad Avanza adoptará en los distintos distritos.

En la Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, todavía no está definido si el oficialismo buscará confrontar con el PRO o avanzar hacia un acuerdo.

El propio Caputo había sido consultado tiempo atrás sobre la posibilidad de ser candidato en la Ciudad, pero rechazó esa alternativa. A su alrededor sostienen que su objetivo es completar el primer mandato de Milei y que no imagina continuar en el cargo si el Presidente consigue la reelección.

El consumo, el principal problema de la economía real

El escenario económico también genera preocupación entre los empresarios.

En una reunión cerrada con representantes de las principales cadenas de supermercados, Caputo participó durante algunos minutos y luego dejó el encuentro en manos de José Luis Daza, viceministro de Economía.

Según el análisis citado en el texto, los empresarios observan un escenario complejo para 2027 y ya no proyectan con el mismo optimismo una recuperación del consumo.

Un informe de Scentia refleja la caída sostenida de las ventas y el creciente peso de las promociones. Los consumidores identifican los días de descuento y las cadenas donde pueden encontrar mejores precios, y concentran sus compras en esas oportunidades.

El dato más significativo es que los volúmenes de venta se encuentran en niveles comparables a los de 2002, aunque actualmente la Argentina tiene alrededor de 11 millones de habitantes más.

Incluso comenzaron a registrarse promociones en las que el segundo producto tiene un descuento del 80%, pero los consumidores optan por comprar solamente una unidad.

El fenómeno muestra hasta qué punto el ajuste del consumo se convirtió en una de las principales expresiones de la crisis económica cotidiana.

Una economía que puede definir el escenario electoral

La discusión que enfrenta Milei ya no pasa solamente por la defensa de su programa económico, sino por la capacidad de ese programa para generar resultados visibles antes de las elecciones.

El Gobierno acelera reformas, busca acuerdos parlamentarios y avanza en negociaciones con gobernadores y sectores aliados. Pero, al mismo tiempo, enfrenta una sociedad que reclama mejoras concretas en salarios, empleo, consumo y endeudamiento.

En ese contexto, el principal desafío para el oficialismo será sostener el respaldo político mientras intenta atravesar un período en el que la recuperación de la economía real todavía no aparece con la fuerza suficiente.

La frase que resume el dilema oficialista vuelve a aparecer en el centro de la discusión electoral: "Es la economía, estúpido".

 

 

Este contenido fue elaborado con la asistencia de inteligencia artificial en su redacción y edición.