La rebelión de los esclavos

18 Junio de 2021 10.45

En Argentina los esclavos son los pequeños grandes héroes que todos los días se levantan para generar su sustento y permiten con el pago de sus impuestos el funcionamiento de un Estado que, curiosamente, no hace más que maltratarlos. Pareciera estar instalada la idea de que los funcionarios públicos son los amos y los contribuyentes los siervos cuando es exactamente al revés: son empleados al servicio de los ciudadanos que sin su aporte no podrían funcionar. El verdadero sentido de un sistema de gobierno democrático es que los gobernantes encuentren la mejor manera de servir a los ciudadanos que los solventan. 

Sin embargo, vemos como el Estado va ocupando el rol preponderante en la Sociedad entrando en una dinámica en la que se alimenta a si mismo a costa del sector privado al que va fagocitando hasta dejarlo exhausto. Es un parasito porque no genera riqueza, sino que la extrae y la distribuye siempre con fines políticos. El discurso es siempre el mismo: la justicia social. Pero los resultados están a la vista. Los estados argentinos en todos los ordenes se han convertido en maquinarias para generar pobreza. 

Hoy en la argentina se combinan dos efectos letales: una presión impositiva insoportable y la restricción a la libertad de circular y trabajar. En el segundo caso en nombre de la pandemia pero con resultados desastrosos. Ayer Bloomberg coloco a la Argentina como el peor entre los 53 países evaluados para transitar la pandemia. Incluso debajo de Brasil y Colombia.  Los pésimos resultados se combinaron con escándalos como los vacunatorios VIP o los intereses que impidieron que llegaran las vacunas que Argentina tenia disponibles.  Cuesta pensarlo y cuesta escribirlo, pero cuántos muertos podrían haberse evitado? Seguro muchos mas que los de las grandes tragedias argentinas. En el futuro sin dudas se deberán rendir cuentas.

Mientras tanto, en un símil de la Rebelión de Atlas, el genial libro de Ayn Rand que debería ser de lectura obligatoria para los políticos, los esclavos comienzan a rebelarse. Cada uno lo hace como puede aunque con resultados que entristecen como el caso de los jóvenes más preparados y talentosos que huyen del país o los empresarios mas exitosos buscando otros mercados para mudar sus empresas. Otros que no tienen la opción de escapar cierran sus negocios como ha sido el caso de los 90.000 locales comerciales y 41.000 pymes cerrados durante 2020 y todavía falta transitar el 21. Son 172 impuestos entre nacionales, provinciales y municipales que los distintos estados siguen tratando de extraerle a los muertos. Porque no es solo la cantidad sino las distorsiones que conllevan. No debe haber un impuesto más regresivo que el impuesto a los Ingresos Brutos ni un impuesto más confiscatorio que el impuesto a las ganancias al no actualizar los mínimos imponibles ni contemplar el ajuste por inflación. En ese contexto, escuchar al ministro Guzmán decir en la reunión del Cicyp decir que “no es nuestra idea un país con impuestos bajos y gasto publico bajo” nos confirma el camino al fracaso. No por nada el 70% de los argentinos cree que su situación es mucho peor que la del año pasado pero mejor que la del año próximo. 

Editorial