Con su último viaje de 48 horas a Washington, coincidente con la aprobación de la Reforma laboral en la Cámara de Diputados, Javier Milei se convirtió esta semana en el presidente argentino que más viajes realizó a Estados Unidos durante su mandato. En total, suma 14 visitas al país del norte, una cifra que contrasta con sus escasas incursiones en el interior del país.
En marzo volverá a verse con Donald Trump y con otros presidentes latinoamericanos en Miami, y participará de la semana argentina organizada por JP Morgan en Nueva York, consolidando así una agenda internacional intensa y estratégica.
Mientras tanto, en el plano doméstico, el Presidente apenas recorrió 15 provincias, incluyendo la Provincia de Buenos Aires —donde reside— y la Ciudad de Buenos Aires —sede de la Casa Rosada—. En Santa Cruz, por ejemplo, solo permaneció un par de horas como parte de una escala técnica rumbo a la Antártida.
No visitó oficialmente como mandatario a Formosa, Santiago del Estero, La Rioja, Catamarca, San Luis, La Pampa, Misiones, Chubut y Río Negro. A esta última tenía previsto viajar durante la campaña para las legislativas, pero la crisis política y judicial desatada por el escándalo que involucró a José Luis Espert, la diputada Lorena Villaverde y el "fantasma" del deportado Fred Machado lo impidió.
Paradójicamente, en varios de esos distritos Milei obtuvo buenos resultados electorales tanto en 2023 como en 2025.
El "tour de la gratitud" y el giro pragmático
En la cúpula del poder mileísta se tomó hace meses la decisión de que el Presidente complete el "álbum" de provincias antes de octubre de 2027, cuando buscará la reelección. Con ese objetivo se puso en marcha el denominado "tour de la gratitud", inaugurado junto a su hermana Karina Milei y Martín Menem, orientado también a apuntalar candidatos locales.
Tras las elecciones, el propio Milei había manifestado su intención de trasladar el gabinete a las provincias para tomar nota de la gestión en el territorio, una dinámica que en su momento ejecutaron Mauricio Macri y Alberto Fernández con fuerte despliegue visual. El Gobierno, sin embargo, aún no replicó esa lógica, alegando otras urgencias.
La situación económica y la tensión por los despidos condicionan la agenda territorial. En la campaña bonaerense, episodios de hostilidad —como piedrazos en el conurbano— llevaron al oficialismo a blindar actos con infantería de tres fuerzas federales.
En paralelo, Milei comenzó a mostrar una faceta más pragmática. En el festival de Jesús María, en enero, cantó con el Chaqueño Palavecino y habilitó concesiones a exponentes de la denominada "casta política". La negociación con el "nido de ratas" —como llamaba a la oposición en el Congreso— para sancionar la ley Bases fue presentada por su entorno como una muestra de flexibilidad táctica sin resignar identidad outsider.
Villarruel, distancias y fotos propias
La agenda de Victoria Villarruel expone otro contraste. La vicepresidenta ya recorrió 20 distritos y solo le restan La Pampa, Chaco, San Juan y Santa Cruz. En su álbum acumula imágenes con gobernadores que el Presidente no recibe, como Gildo Insfrán, Gustavo Melella y Ricardo Quintela.
El vínculo entre Milei y quien ocupa la primera línea de sucesión está roto desde el inicio. El reciente tuit de Villarruel, donde cuestionó la relación del Gobierno con Estados Unidos y el rumbo económico, fue interpretado como un recordatorio de tensiones acumuladas: amenazas que —según su entorno— no se investigan con la misma dureza, la disputa silenciosa por comisiones y la invitación a la Iglesia a opinar en contra de la baja de la edad de imputabilidad.
En ese marco, dentro del Gobierno ya comenzó la discusión sobre posibles reemplazantes de Villarruel en la fórmula presidencial. Aunque falta tiempo, Karina Milei habilitó el debate. Santiago Caputo se entusiasmó tras la sesión en Diputados: "Lo maravilloso de lo que estamos viviendo es que no es más que recién el comienzo".
Entre los nombres en danza aparecen:
Manuel Adorni.
El actual jefe de Gabinete, evaluado tanto para competir por la Ciudad como para integrar la fórmula presidencial.
El mendocino Cornejo, recordado por su rol como armador de la concertación que llevó a Julio Cobos a la vicepresidencia de Cristina Kirchner.
Desde el PRO observan el escenario con expectativa. En el macrismo se muestran dispuestos a competir en la Capital y hasta a promover un candidato presidencial, con la esperanza de que Milei entienda que no puede prescindir de ellos. La ausencia de Fernando de Andreis para dar quórum en una sesión clave fue leída como mensaje político.
Economía, discurso y tensiones internas
El Gobierno busca sostener la centralidad en días de señales contradictorias: triunfos legislativos y parálisis industrial. Al cierre de FATE se sumó la suspensión de la operatoria de Stellantis en su planta de El Palomar, donde fabrica Citroën y Fiat.
Con Federico Sturzenegger golpeado por el traspié con las licencias, el oficialismo abraza la narrativa de que en la Argentina se crean más empleos que desempleados, apoyándose en lecturas parciales de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC, cuya rigurosidad es menor que la del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), ya que no distingue entre trabajadores formales e informales ni exige un mínimo de horas trabajadas.
El discurso del 1 de marzo será un punto de inflexión. Milei presentará como hitos centrales:
Reforma laboral.
Acuerdo comercial con Estados Unidos.
Ambos temas irritan a Villarruel, quien deberá recibirlo en la explanada del Congreso.
En el gabinete surgen voces que reclaman medidas para reactivar el consumo, abaratar el crédito y sostener expectativas. También se barajan otros ejes legislativos: ley penal juvenil, acuerdo Mercosur-UE, ley de glaciares, reforma electoral, universidades, nuevo código penal y reforma tributaria.
El riesgo, admiten en privado, es que la bandera de la baja de la inflación no conviva con un crecimiento acotado —difícil de percibir en centros urbanos— ni con tasas más convenientes. Y que cualquier movimiento afecte la baja del riesgo país, clave para endeudarse con menores intereses.
En ese delicado equilibrio entre consolidar la narrativa económica y redefinir su estrategia política, Milei ensaya un doble movimiento: completar su mapa federal y rediseñar su fórmula, con la mirada puesta en 2027.