Villarruel explicó por qué no fue a la misa en Lujan y cruzó al Gobierno: "Estaba la casta política"
La vicepresidenta evitó la ceremonia central en Luján y eligió un acto alternativo en Almagro. Argumentó razones políticas y cuestionó la presencia de "la casta".

La decisión de la vicepresidenta Victoria Villarruel de no asistir a la ceremonia central en la Basílica de Luján, organizada para conmemorar el primer aniversario de la muerte del papa Jorge Bergoglio, alteró el tono previsto para la jornada. Su presencia había sido anticipada y prácticamente confirmada en los días previos, lo que convirtió su ausencia en un hecho político de alto impacto.

Lejos del santuario nacional, Villarruel optó por trasladarse a la Basílica María Auxiliadora de Almagro, un sitio cargado de simbolismo: allí fue bautizado el pontífice. Desde ese lugar, brindó declaraciones que no solo explicaron su elección logística, sino que dejaron en evidencia un posicionamiento político explícito.

"Acá es el lugar donde el papa Francisco fue bautizado, acá", afirmó en diálogo con Todo Noticias, estableciendo el marco formal de su decisión. Sin embargo, inmediatamente introdujo el eje central de su postura: "Me pareció que estaba lo peor de la casta política".

Crítica directa a la "politización" del acto

Villarruel profundizó su argumentación al señalar que la ceremonia en Luján había perdido su esencia original. Según expresó, el evento dejó de ser un espacio de recogimiento espiritual para transformarse en un escenario atravesado por intereses políticos.

La vicepresidenta, actualmente a cargo del Poder Ejecutivo debido al viaje del presidente Javier Milei a Israel, remarcó que el aniversario debía centrarse en el legado del Papa y en el aprendizaje de sus enseñanzas. En ese sentido, sostuvo que el enfoque adoptado en Luján desvirtuó ese propósito.

Fue categórica en su diagnóstico:
"Me pareció que la ceremonia tenía un contenido que no era el del recuerdo al Papa, era una ceremonia en la que estaba lo peor de la casta política. No quiero puntualizar, pero estaba la casta política, yo soy coherente con mis creencias".

Para Villarruel, la misa principal "se había politizado", una definición que sintetiza su lectura del evento y justifica su decisión de no participar.

La escena en Luján: una postal de la dirigencia

La ceremonia en la Basílica de Luján reunió a una amplia representación del arco político argentino, junto a una multitud de fieles que colmaron el santuario. La disposición de los asistentes reflejó también las dinámicas institucionales y territoriales.

Entre los presentes se destacaron:

  • El jefe de Gabinete, Manuel Adorni
  • El ministro del Interior, Diego Santilli
  • El titular de Defensa, Carlos Presti
  • El presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem
  • El gobernador bonaerense, Axel Kicillof

La organización del espacio también evidenció divisiones: los representantes del gobierno nacional ocuparon la primera fila frente al atril desde donde se pronunció la homilía, mientras que las autoridades de la provincia de Buenos Aires se ubicaron en el sector opuesto.

Este esquema, junto con la presencia de dirigentes de distintos partidos, niveles de gobierno y sectores como el sindical y empresarial, reforzó la percepción de un evento atravesado por múltiples intereses.

Un gesto político con mensaje propio

La decisión de Villarruel se conoció públicamente minutos después de iniciada la misa en Luján. Desde su entorno, se difundió rápidamente la explicación: la vicepresidenta había optado por un homenaje alternativo, "sin estridencias ni politiquería de casta".

Este posicionamiento no solo marcó distancia respecto del evento principal, sino que también reafirmó una línea discursiva sostenida por la funcionaria: su crítica a determinados sectores de la dirigencia política.

Según allegados consultados, la elección de la Basílica de Almagro respondió a la intención de realizar una conmemoración más íntima y alineada con el sentido espiritual del aniversario. En esa clave, el gesto se presenta como una reivindicación de coherencia personal frente a un contexto que, en su visión, desbordó lo religioso para convertirse en una vidriera política.