Durante la tarde de este martes 14 de abril, el Paseo de la Fe se transformó en un escenario de profunda emoción, alegría y devoción con la realización del tradicional Vallecito, el homenaje que cada año los niños del Nivel Inicial ofrecen a Nuestra Madre del Valle en el marco del Septenario en su honor.
La jornada estuvo marcada por una atmósfera festiva en la que el colorido de los jardines de infantes, la presencia de las familias y el entusiasmo de los más pequeños dieron forma a una de las postales más tiernas y significativas de estas celebraciones marianas. Entre cantos y bailes, los niños rindieron tributo a la Virgen Morenita, en una expresión de fe colectiva que volvió a reunir a la comunidad educativa y religiosa en torno a una tradición profundamente arraigada.
El Paseo de la Fe se vio colmado por la presencia de alumnos, docentes y familias, quienes acompañaron con cercanía y emoción cada una de las presentaciones preparadas para la ocasión. La escena estuvo atravesada por un clima de calidez y recogimiento, pero también por la espontaneidad y la alegría propias de la infancia, que le imprimieron al homenaje una identidad única.
La Madre con los niños
Uno de los momentos más emotivos de la tarde se vivió cuando la Virgen Morenita salió al atrio de la Catedral para recibir este tierno homenaje, gesto que se repite cada año y que, en esta oportunidad, volvió a renovarse con el mismo fervor y la misma entrega de siempre.
La imagen de los pequeños frente a la Catedral, expresando su cariño y devoción con música y movimiento, condensó el sentido más profundo de esta ceremonia: el encuentro entre la tradición religiosa y la participación activa de las nuevas generaciones.
Acompañaron esta actividad:
- el Vicario Episcopal para la Educación, padre Lucas Segura
- el Rector del Santuario Catedral, padre Juan Ramón Cabrera
- autoridades educativas
- docentes
- familias
La presencia de las autoridades eclesiásticas y educativas otorgó al acto un marco institucional acorde a la relevancia del homenaje, reforzando el vínculo entre la formación espiritual, la escuela y la vida comunitaria.
El Beato Mamerto Esquiú, presente
En plena sintonía con el Año Jubilar Diocesano por el Bicentenario del Nacimiento del Beato Mamerto Esquiú, la jornada incorporó un momento especialmente significativo protagonizado por alumnos del jardín del Colegio Padre Ramón de la Quintana.
Los niños ofrecieron una representación alusiva a nuestro querido Beato, sumando una dimensión histórica y espiritual a la celebración. La intervención se integró de manera natural al desarrollo del Vallecito, enlazando el homenaje mariano con la memoria viva de una de las figuras más queridas de la historia religiosa catamarqueña.
Este pasaje permitió que la celebración trascendiera el gesto festivo para vincularse también con el tiempo jubilar que vive la diócesis, reafirmando el valor de la transmisión de la fe y de la identidad local desde las primeras etapas educativas.
Un cierre con bendición y emoción compartida
Hacia el final del encuentro, el padre Lucas Segura impartió la bendición a todos los presentes, coronando una tarde que se vivió con una profunda sensación de cercanía, ternura y comunidad.
Luego de ese momento, todos los presentes despidieron a la querida Virgen María, dando cierre a este homenaje mariano que volvió a destacarse por la calidez con la que fue vivido y por la mucha alegría que transmitieron los niños durante toda la jornada.
Así, el tradicional Vallecito volvió a reafirmarse como uno de los momentos más conmovedores del Septenario, donde la inocencia de la infancia, la participación de las familias y la devoción popular se unen para ofrecer un tributo que, año tras año, conserva intacta su capacidad de emocionar.