El Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas alcanzó un nuevo hito en el escenario científico internacional tras el descubrimiento del Acanthobothrium goleketen, un parásito marino que fue seleccionado como una de las diez especies más emblemáticas de 2025.
El reconocimiento fue otorgado por el World Register of Marine Species el pasado 19 de marzo, en el marco del Día Mundial de la Taxonomía, una fecha clave para visibilizar el trabajo de clasificación y descripción de las especies que habitan el planeta.
Este logro posiciona a la ciencia argentina en un lugar destacado dentro de la investigación biológica global, al tiempo que subraya la relevancia de disciplinas que, como la taxonomía, resultan fundamentales para comprender la biodiversidad.
El trabajo detrás del hallazgo
El descubrimiento del Acanthobothrium goleketen fue llevado adelante por equipos especializados pertenecientes a dos instituciones:
- El grupo de investigación de Ictioparasitología del Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras
- El Laboratorio de Sistemática y Biología de Parásitos de Organismos Acuáticos del Instituto de Biodiversidad y Biología Experimental y Aplicada
Ambos equipos, radicados en Buenos Aires, trabajaron de manera conjunta para identificar y describir esta nueva especie, en un proceso que implicó una combinación de técnicas científicas complejas y precisas.
Entre los procedimientos utilizados se destacan:
- Muestreos de peces obtenidos de capturas de pescadores artesanales
- Estudios morfológicos detallados
- Dibujo científico
- Cortes histológicos
- Microscopía electrónica de barrido
- Análisis genéticos
Este enfoque integral permitió no solo detectar la especie, sino también clasificarla con rigor dentro del universo de los organismos marinos.
Un parásito con identidad propia
El Acanthobothrium goleketen pertenece al grupo de los cestodos, es decir, gusanos planos emparentados con la lombriz solitaria. Sin embargo, más allá de su clasificación biológica, el organismo presenta características que lo vuelven particularmente distintivo.
Su nombre encierra un significado simbólico: "goleketen", en lengua tehuelche, se traduce como "buena suerte". Esta denominación no es casual, ya que está directamente vinculada a la forma de su escólex, la estructura con la que se fija al hospedador, que recuerda a un trébol de cuatro hojas, tradicional símbolo de buen augurio.
La elección del nombre contó con el asesoramiento de la lingüista de la UBA, Ana Fernández Garay, lo que evidencia un cruce entre ciencia y cultura en el proceso de nominación.
Un hallazgo que enciende alertas ambientales
El organismo presenta además una característica clave desde el punto de vista ecológico: habita exclusivamente en el pez guitarra (Pseudobatos horkelii), conocido entre los pescadores como "melgacho".
Este dato no es menor, ya que se trata de una especie actualmente amenazada, lo que pone en evidencia la fragilidad de los ecosistemas marinos en los que se inserta el parásito. La relación entre ambas especies refuerza la idea de que la pérdida de biodiversidad no solo afecta a organismos visibles, sino también a aquellos que dependen de ellos para subsistir.
En este sentido, el descubrimiento no solo amplía el conocimiento científico, sino que también activa señales de alerta sobre la necesidad de conservación.
La voz de la ciencia en un contexto crítico
El investigador del CONICET Manuel Irigoitia destacó la importancia del reconocimiento internacional y lo vinculó directamente con la situación actual del sistema científico argentino.
En un comunicado difundido por el organismo, señaló: "Que el WoRMS reconozca la calidad de la ciencia que hacemos desde Argentina nos enorgullece, más aún en un contexto donde el sistema científico argentino se encuentra en una situación crítica y donde las ciencias básicas como la taxonomía son cuestionadas en favor de las áreas aplicadas".
Irigoitia profundizó esta idea en diálogo con Portal Universidad de Mar del Plata, donde sostuvo:
"Estamos convencidos de que sin ciencia básica no es posible el desarrollo tecnológico, y que la protección y la conservación del medio ambiente dependen del conocimiento y el descubrimiento de los organismos".
Asimismo, subrayó que este tipo de reconocimientos, aunque simbólicos, visibilizan la importancia de la taxonomía en Argentina y refuerzan su rol en la protección ambiental.
Un antecedente que consolida la trayectoria
El logro alcanzado en 2025 no es un hecho aislado. El mismo laboratorio de Ictioparasitología ya había sido distinguido en 2020 por el hallazgo del copépodo Dendrapta nasicola, también reconocido por el WoRMS.
Este antecedente consolida una línea de investigación sostenida en el tiempo y posiciona a los equipos argentinos como referentes en el estudio de parásitos de organismos acuáticos.
Conocimiento, clasificación y conservación
El caso del Acanthobothrium goleketen sintetiza la importancia de la ciencia básica en múltiples dimensiones. Por un lado, amplía el catálogo global de especies; por otro, aporta información clave para entender las relaciones ecológicas y los riesgos que enfrentan los ecosistemas.
Tal como remarcó Manuel Irigoitia, la protección ambiental comienza por el conocimiento. Identificar, describir y clasificar las especies es el primer paso para diseñar estrategias de conservación efectivas.
En ese marco, el reconocimiento internacional no solo celebra un descubrimiento, sino que también pone en primer plano el valor de una disciplina esencial para el futuro del planeta.