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Cómo se comporta una persona que es infiel, según la psicología

La psicología identifica patrones de personalidad y factores sociales que permiten comprender por qué algunas personas convierten la infidelidad en una forma habitual de relacionarse.

27 Junio de 2026 19.34

La infidelidad forma parte de una realidad que atraviesa a muchas relaciones de pareja. Nadie está completamente a salvo de ser infiel alguna vez o de experimentar la infidelidad de la persona con la que comparte su vida. En un contexto en el que la idea de una relación única y exclusiva durante toda la vida parece perder fuerza, también comienza a ganar terreno una mayor disposición al perdón cuando el engaño aparece de manera ocasional.

Sin embargo, existe una diferencia sustancial entre un episodio aislado y una conducta repetida. Mientras una infidelidad circunstancial puede encontrar espacio para la reconciliación, la infidelidad sistemática representa un patrón mucho más complejo y difícil de sostener dentro de una relación estable. Cuando una persona mantiene de forma permanente una actitud de seducción hacia terceros, ya sea hombre o mujer, pone de manifiesto un perfil psicológico que resulta poco compatible con una convivencia duradera, un proyecto familiar o la construcción de un vínculo basado en la confianza.

La psicología como herramienta para identificar patrones

El portal Psicología y Mente recopiló diversas características que pueden ayudar a reconocer este tipo de perfiles antes de que el daño afectivo sea irreversible o incluso termine provocando la ruptura de una familia.

La propuesta del sitio consiste en analizar los comportamientos de quienes practican la infidelidad como una norma de vida y no como una excepción. En ese sentido, recurre a la Teoría del Apego, desarrollada por John Bowlby, para explicar cómo las primeras relaciones establecidas durante la infancia con progenitores y cuidadores pueden influir posteriormente en la manera en que una persona construye sus vínculos afectivos en la adultez.

Según esta perspectiva, las personas con tendencia a la infidelidad suelen desarrollar un apego inseguro, que puede manifestarse de tres formas diferentes.

Los tres tipos de apego asociados a la infidelidad recurrente

Apego ansioso

Las personas con este tipo de apego presentan una marcada sensibilidad frente al rechazo y buscan de manera compulsiva la aprobación de terceros. Les resulta difícil controlar sus impulsos y conviven con una sensación permanente de insatisfacción.

Paradójicamente, quienes muestran este perfil también suelen experimentar fuertes celos. La explicación radica en una autoestima baja que necesita ser reafirmada de manera constante. En ese contexto, la seducción sistemática de otras personas se convierte en una forma de validación personal.

Apego evitativo

Otro perfil identificado es el de quienes no valoran ni respetan las expresiones emocionales, tanto propias como ajenas. Se muestran distantes, imperturbables y mantienen relaciones superficiales, caracterizadas por un bajo nivel de compromiso afectivo.

Además, suelen adoptar actitudes esquivas e incluso hostiles como mecanismo de defensa frente a emociones intensas, evitando involucrarse profundamente con la pareja.

Apego desorganizado

En este caso, la pareja no representa un espacio de seguridad ni de estabilidad. Son personas impredecibles y desorganizadas, con escasa capacidad tanto para comprender como para sentirse comprendidas.

Como consecuencia, sus relaciones suelen ser efímeras y no encuentran en el matrimonio ni en una relación estable un eje sobre el cual organizar su proyecto de vida.

Factores biológicos, psicológicos y económicos

Más allá de los estilos de apego, el análisis también señala otros elementos que pueden contribuir a explicar una tendencia persistente hacia la infidelidad.

Entre ellos aparecen factores de personalidad, aspectos biológicos y condiciones socioeconómicas que, según el planteo expuesto, pueden influir en este tipo de comportamiento.

Los principales factores mencionados son:

  • Personalidades aventureras: son personas inclinadas a asumir riesgos en distintos aspectos de su vida. Esa predisposición no solo alcanza el ámbito laboral o social, sino también la relación de pareja, donde están más dispuestas a poner en juego la estabilidad del vínculo.
  • Posiciones de poder: ocupar un lugar de poder incrementa la autoestima e impulsa la búsqueda de nuevas conquistas. Esa seguridad también se refleja en la postura corporal, caracterizada por confianza, firmeza y una actitud que favorece el contacto visual directo y seductor.
  • Factores genéticos: algunas personas desarrollan genéticamente un deseo sexual excesivo, descrito como incontrolable y, en determinadas circunstancias, incluso patológico.
  • Conductas manipuladoras: no todas las personas consideran al amor como un valor sagrado. Existen quienes priorizan la manipulación y buscan someter emocionalmente a su pareja. Esta conducta, definida como psicopatológica, incorpora el engaño y la mentira como herramientas de un verdadero chantaje emocional.
  • Nivel socioeconómico elevado: un alto nivel socioeconómico suele asociarse con un buen aspecto físico, facilidad para comunicarse y disponibilidad de recursos económicos visibles. Según el análisis presentado, esta sensación de "tenerlo todo" puede llevar al individuo a crear nuevos espacios para orientar su deseo, favoreciendo la aparición de relaciones paralelas y efímeras. La lógica planteada sostiene que, cuando ya no existen objetivos por conquistar, surge la necesidad de inventar un nuevo objeto de deseo.

Comprender antes que lamentar

La identificación de estos patrones busca ofrecer herramientas para reconocer comportamientos que pueden anticipar una forma recurrente de infidelidad. El enfoque presentado distingue claramente entre una situación excepcional y una práctica sistemática, señalando que esta última suele estar asociada con determinados estilos de apego, rasgos de personalidad y factores biológicos, psicológicos y socioeconómicos.

Comprender estos indicadores permite observar con mayor claridad aquellas conductas que, lejos de responder a un episodio aislado, forman parte de una manera habitual de establecer vínculos. En ese escenario, la psicología aporta elementos para interpretar comportamientos que pueden comprometer la confianza, afectar profundamente una relación de pareja e incluso poner en riesgo la continuidad de un proyecto familiar.