En la localidad de Los Talas, perteneciente al departamento Ambato en la provincia de Catamarca, la vida cotidiana transcurre en un entorno serrano, a unos 65 kilómetros de la capital provincial. Se trata de una comunidad de apenas una centena de habitantes, donde las distancias, la baja densidad poblacional y las dificultades de acceso condicionan la dinámica educativa.
En ese contexto funciona la escuela N° 372, una institución primaria pública dependiente del gobierno provincial. Allí asisten once alumnos, distribuidos desde primer hasta sexto grado. La escuela cuenta con solo dos aulas: una destinada a primer grado y otra donde conviven estudiantes de segundo a sexto año. La conducción y la enseñanza de este segundo grupo está a cargo de la directora María Elizabeth Vega, quien además de su rol directivo también ejerce la docencia.
La realidad educativa del departamento Ambato se replica en varias instituciones de la zona, donde la matrícula es reducida debido a comunidades pequeñas y a la migración de jóvenes hacia centros urbanos en busca de oportunidades.
El esfuerzo colectivo detrás de un viaje histórico
La experiencia que culminó en Rosario no fue un hecho aislado, sino el resultado de un trabajo conjunto entre la escuela N° 372 y otras dos instituciones: la escuela N° 370 y la N° 371. De esta articulación surgió un contingente de 23 chicos, acompañados por docentes y familias, que hicieron posible el viaje.
El objetivo fue claro: llegar al Monumento Nacional a la Bandera, en la ciudad de Rosario, para participar de la promesa de lealtad a la Bandera, realizada el sábado 20 de junio, en el marco de los actos oficiales por el Día de la Bandera.
El viaje implicó una logística compleja. El colectivo partió el miércoles a las 18 horas desde Los Talas y arribó a Rosario el jueves al mediodía, tras recorrer aproximadamente 900 kilómetros.
La propia directora lo definió como una empresa comunitaria de gran esfuerzo:
"Es toda una hazaña hacer este viaje, sobre todo lo que significó juntar los recursos necesarios para poder hacerlo".
Para financiarlo, las familias organizaron rifas y loterías, mientras que la Municipalidad colaboró con la donación de premios, como juegos de sábanas, planchas y otros elementos. En su mayoría, las familias de los estudiantes están integradas por peones de fincas o empleados municipales, lo que vuelve aún más significativo el esfuerzo económico colectivo.
Rosario: historia, emoción y descubrimiento
En Rosario, los alumnos participaron junto a otros contingentes hasta completar cerca de 25 mil estudiantes de cuarto grado de todo el país, que llegaron desde el miércoles para reafirmar su compromiso con los valores de libertad, solidaridad e igualdad, representados por la bandera celeste y blanca.
Los recorridos incluyeron el Monumento Nacional a la Bandera, el parque adyacente y el centro de la ciudad. Durante la estadía, los estudiantes también vivieron experiencias cotidianas diferentes, como la elección de su menú nocturno: hamburguesas en un McDonald's.
Uno de los elementos que más impacto generó fue el río Paraná. Para muchos de los niños, acostumbrados a ríos serranos, la inmensidad del agua fue una experiencia inédita. Según relata la directora, "cuando ven tanta agua junta no lo pueden creer".
También hubo un intercambio cultural con la ciudad: la comunidad rosarina mostró hospitalidad, recibiendo al contingente con atención y curiosidad por su tonada y origen.
La enseñanza más allá del aula
Para la directora María Elizabeth Vega, estas experiencias trascienden lo turístico o recreativo. En sus palabras:
"No son paseos, son salidas didácticas que contribuyen a la educación de nuestros alumnos".
Antes del viaje, los estudiantes trabajaron en el aula contenidos vinculados a la historia de Manuel Belgrano, la creación de la bandera y la vida en la ciudad de Rosario. La experiencia directa, sostiene la docente, permite una conexión distinta con esos contenidos.
El impacto emocional también es parte del aprendizaje: los estudiantes regresan con una vivencia que, según la docente, "no se olvidan nunca", al punto de expresar el deseo de repetir la experiencia en años posteriores.
El momento central y el regreso
El punto culminante del viaje se produjo el sábado a las 10 de la mañana, cuando los alumnos realizaron su promesa de lealtad a la Bandera en el Monumento Nacional.
Tras el acto, compartieron el almuerzo y emprendieron el regreso a Catamarca, cerrando una experiencia que combinó esfuerzo comunitario, formación educativa y descubrimiento cultural, y que dejó abierta la expectativa de un retorno futuro al escenario donde la historia nacional se convierte en vivencia personal.