Los churros son uno de los acompañamientos más elegidos para el mate o el café y, aunque su preparación casera sin máquina suele presentar dificultades, existe un método simple que permite hacerlos de manera segura y con resultados similares a los clásicos de playa, incluso en hogares de Catamarca.
Uno de los principales desafíos al preparar churros en casa es la cocción en aceite caliente, ya que una mala manipulación de la masa puede generar burbujas de aire que provoquen salpicaduras y riesgo de quemaduras. En ese contexto, el llamado "truco de la botella" surge como una alternativa práctica y económica para evitar estos inconvenientes.
En Europa, los churros suelen presentarse alargados y sin relleno. En Argentina, en cambio, se popularizaron rellenos con dulce de leche y, en muchos casos, bañados en chocolate o con crema pastelera, una variante muy presente en confiterías y puestos gastronómicos.
El método casero consiste en utilizar una botella de plástico limpia, a la que se le realiza un corte en forma de asterisco en la tapa para imitar el diseño del churro. Una vez cargada con la masa, al presionar la botella se obtiene la forma característica, lo que facilita la preparación y reduce riesgos durante la fritura. Otra opción es el uso de una manga pastelera reforzada, con boquillas de distinto tamaño según el grosor deseado.
La receta básica de churros requiere solo tres ingredientes: harina, agua y sal. El proceso comienza calentando el agua —a la que se le puede añadir una proporción de leche— junto con una pizca de sal y una cucharadita de manteca, lo que ayuda a que la masa absorba menos aceite durante la cocción.
Cuando el líquido hierve, se retira del fuego y se incorpora rápidamente la harina tres ceros, mezclando hasta obtener una masa homogénea y manipulable. El amasado debe realizarse preferentemente mientras la preparación aún está caliente, para lograr una textura lisa y sin burbujas de aire.
Una vez formada la masa y colocada en la botella o manga, los churros se fríen en aceite bien caliente, en tandas pequeñas, hasta que se doren de ambos lados. Al retirarlos, se escurren y, de manera opcional, se espolvorean con azúcar o se rellenan, según la preferencia.