Corazón diaguita: La Plaza 25 se rinde ante la chaya ancestral
La Plaza 25 de Mayo se convirtió en el epicentro de una intervención cultural que marca el inicio del febrero carnavalero, rescatando la identidad ancestral frente a las influencias globales.

Bajo el sol de este martes, la Plaza 25 de Mayo, núcleo institucional y social de la Capital, fue testigo de una transformación efímera pero profunda. La calma habitual del centro catamarqueño se vio interrumpida por la irrupción de la comparsa diaguita, cuyos integrantes trasladaron el espíritu de la montaña y el rito al cemento urbano. No fue solo un desfile; fue una intervención chayera diseñada para anticipar el clima festivo que, durante todo el mes de febrero, abrazará a la provincia.

En un mundo globalizado, las definiciones son políticas y culturales. José Luis Barrionuevo, referente de la comparsa, fue tajante al dialogar sobre el propósito de este encuentro en la plaza principal. La presencia del grupo respondió a una invitación formal de los medios de comunicación para desentrañar y contar el sentido cultural de una celebración que suele confundirse con el carnaval convencional.

Para los integrantes de esta agrupación, la distinción no es menor. Barrionuevo explicó que, mientras el carnaval tiene raíces en Europa, lo que se vive en estas tierras es algo propio y preexistente. "Lo nuestro es la chaya, la fiesta del puyai y la chaya", subrayó, estableciendo una frontera clara entre la herencia colonial y la tradición local.

El ritual: soltar al Supay y jugar con agua

La intervención en la plaza funcionó como un inicio simbólico del calendario. Según las creencias que rigen este tiempo de celebración, la festividad implica un permiso espiritual y un cambio en el orden cotidiano. Los puntos clave de este ritual y sus definiciones técnicas incluyen:

  • El Supay: durante la jornada se realizó el acto simbólico de "soltarle el collar al supay", gesto necesario para que la energía de la fiesta emiece a salir.
  • Chaya: un término que, según la explicación de los protagonistas, significa estrictamente jugar con agua.
  • Puyai: un concepto que engloba la esencia del festejo, definido como el acto de tomar, emborracharse y ponerse contento.

Esta tríada de conceptos —agua, alegría y liberación espiritual— conforma el esqueleto de una festividad que se niega a ser reducida a un simple espectáculo turístico, reivindicando su carácter de ritual ancestral.

La comparsa diaguita se autopercibe como un reservorio de memoria. Con más de cien años de historia, el grupo se enorgullece de mantener una estructura que no cede ante las modas. La vestimenta tradicional y las coplas que resonaron frente a la Catedral y la Casa de Gobierno son las mismas que han pasado de generación en generación.

"No cambiamos nada porque en la actuación contamos una historia", remarcó Barrionuevo con firmeza. Esta fidelidad a los relatos originales es lo que permite que la comparsa funcione como un libro abierto para los vecinos y turistas que, sorprendidos por las coplas cantadas en vivo, se detuvieron a observar una escena que funciona como prólogo de lo que vendrá.

Febrero: El mes del reencuentro

La jornada de este martes no fue un evento aislado, sino el anticipo del calendario chayero que se desplegará a lo largo y ancho de Catamarca. La plaza, marcada por el flujo constante de visitantes y una intensa actividad cultural, sirvió como el escenario ideal para plantar la bandera de la tradición en el inicio del febrero carnavalero.

La intervención dejó en claro que la Chaya no es solo un evento en el calendario, sino una forma de entender la vida y la historia local, donde la copla, la vestimenta ancestral y el rito se fusionan para recordar que, al menos por un mes, el Supay anda suelto y la alegría es la única ley vigente.