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Cuatro tipos de medicamentos que consumimos y aumentarían el riesgo de demencia

Expertos advierten sobre la correlación entre ciertos fármacos de uso común y el deterioro cognitivo. Aunque las investigaciones son mayormente observacionales, algunos medicamentos podrían impactar directamente en la salud cerebral.

27 Abril de 2026 08.31

Al revisar un botiquín doméstico, el panorama puede ofrecer tanto señales alentadoras como motivos de preocupación en relación con la salud cerebral. Según especialistas, algunos medicamentos habituales, como las estatinas o los utilizados para tratar la hipertensión, parecen contribuir a reducir el riesgo de demencia. Sin embargo, otros fármacos, incluidos algunos de venta libre, podrían asociarse con un incremento de ese riesgo.

Las investigaciones disponibles, en su mayoría de carácter observacional, establecen correlaciones que no necesariamente implican causalidad. Es decir, otros factores podrían explicar la relación detectada entre el consumo de ciertos medicamentos y la aparición de demencia. Aun así, los expertos identificaron algunos grupos farmacológicos que podrían tener un impacto más directo sobre el cerebro.

Antihistamínicos y anticolinérgicos

Dentro de los medicamentos señalados, los anticolinérgicos aparecen como los que cuentan con mayor evidencia de una posible asociación con la demencia. Estos fármacos actúan bloqueando la actividad de la acetilcolina, un neuroquímico clave para funciones como la atención y la memoria.

Entre los anticolinérgicos más comunes se encuentran los antihistamínicos, utilizados tanto para tratar alergias como para inducir el sueño. También existen variantes recetadas para afecciones como la depresión o problemas de vejiga.

En el corto plazo, estos medicamentos pueden generar efectos como:

  • Somnolencia
  • Deterioro de la memoria

A largo plazo, varios estudios sugieren que su uso podría aumentar el riesgo de demencia en aproximadamente un 50%, especialmente en personas que los consumen de manera diaria durante varios años. Así lo indicó Shelly Gray, profesora de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Washington.

Gray señaló que el uso ocasional de un antihistamínico como Benadryl probablemente no implique un aumento del riesgo. Sin embargo, advirtió que la Sociedad Estadounidense de Geriatría recomienda a los adultos mayores evitar estos medicamentos, no solo por su posible impacto cognitivo, sino también por el riesgo de caídas.

Como alternativas, mencionó los antihistamínicos de segunda generación, como Claritin y Zyrtec, que no presentan actividad anticolinérgica. Para el insomnio, sugirió considerar tratamientos como la TCC-I u otras opciones médicas en lugar de productos como ZzzQuil o Unisom.

Antipsicóticos

Los medicamentos antipsicóticos también forman parte de los grupos analizados. En este caso, los especialistas plantean una interrogante central: si el aumento del riesgo de demencia se debe a los fármacos en sí o a las condiciones para las que son recetados, como la depresión o la psicosis.

Algunos estudios indican que estos medicamentos están asociados a un mayor riesgo de demencia y también al deterioro cognitivo en personas de mediana edad. Además, en pacientes con demencia que reciben antipsicóticos para controlar síntomas psiquiátricos, se detectó un mayor riesgo de muerte. En conjunto, estos datos sugieren que podría existir un impacto negativo directo en el cerebro. No obstante, el especialista David Llewellyn, profesor de epidemiología clínica y salud digital en la Universidad de Exeter, aclaró que cuando estos fármacos se prescriben para enfermedades como la esquizofrenia, su uso es necesario.

Según explicó:

  • La necesidad inmediata de tratamiento supera el riesgo potencial a largo plazo
  • Existe un impulso creciente para reducir la prescripción en pacientes con demencia cuando se utilizan para controlar conductas

Benzodiacepinas

Otro grupo bajo análisis son las benzodiacepinas, medicamentos que actúan sobre un neurotransmisor para suprimir la actividad cerebral y que suelen utilizarse para tratar ansiedad y problemas de sueño. La Sociedad Americana de Geriatría recomienda evitar su uso en adultos mayores debido a su vinculación con:

  • Deterioro cognitivo
  • Delirio
  • Caídas

Sin embargo, la relación entre benzodiacepinas y demencia presenta matices. Los problemas que motivan su prescripción, como el insomnio y la ansiedad, también pueden ser factores de riesgo o incluso señales tempranas de deterioro cognitivo.

El investigador Geoffrey Joyce, de la Universidad del Sur de California, realizó un estudio enfocado en personas que recibieron benzodiacepinas por dolor de espalda, una condición no asociada a la demencia. En ese análisis, no encontró relación entre el uso de estos medicamentos y diagnósticos de demencia. Aunque este resultado no descarta completamente un vínculo, Joyce advirtió que sí contribuye a moderar la preocupación. "No lo vemos. Hay que seguir estudiándolo", concluyó.

Inhibidores de la bomba de protones

Los inhibidores de la bomba de protones, utilizados para tratar el reflujo ácido, también fueron objeto de análisis, aunque con resultados dispares. Algunos estudios sugieren un aumento del riesgo de demencia, mientras que otros no encuentran esa relación.

Una de las hipótesis plantea que estos fármacos podrían generar una deficiencia de vitamina B12, lo que a su vez estaría vinculado con el deterioro cognitivo. Sin embargo, no existe una explicación concluyente.

Otro factor que complica el análisis es que algunos de estos medicamentos, como Prilosec, se adquieren sin receta, lo que dificulta el seguimiento de su uso en estudios científicos.

Un ensayo clínico que comparó el uso de pantoprazol con un placebo en adultos mayores no encontró un aumento del riesgo de demencia en un período de tres años, lo que refuerza la falta de consenso en torno a este grupo de fármacos.