A pocos días de que los alumnos catamarqueños regresen a las aulas, la crisis edilicia y sanitaria en el ámbito educativo vuelve como todos los años a ocupar el centro de la escena pública. Lo que debería ser un periodo de planificación pedagógica y entusiasmo por el reencuentro escolar se ha transformado en una serie de denuncias cruzadas que ponen en duda la viabilidad del comienzo de clases en diversos puntos de la provincia. La realidad del estado de los establecimientos escolares vuelve a tener protagonismo, revelando un escenario de abandono que preocupa tanto a familias como a profesionales de la educación.
El antecedente en La Paz
La señal de alerta inicial, por marcar uno de los casos que se viralizó, provino de la localidad lapaceña de Esquiú. Allí, los padres de los alumnos que asisten a la Escuela N°215 "Esther Ana Romero" fueron los primeros en alzar la voz de manera formal. Ante la evidencia de un edificio que no garantiza la seguridad ni el bienestar de los menores, los progenitores decidieron canalizar su malestar a través de las vías institucionales.

Para ello, enviaron una nota formal dirigida directamente a las autoridades del Ministerio de Educación. En dicho documento, se realizó el reclamo pertinente detallando de manera exhaustiva todos los problemas estructurales que afectan al establecimiento. Esta acción buscaba no solo visibilizar el deterioro físico de las instalaciones, sino también exigir una respuesta inmediata antes de que el calendario escolar avance sin soluciones concretas.

Tinogasta y la crisis sanitaria
Tras los sucesos en la Escuela N°215, el foco de conflicto se trasladó hacia el departamento de Tinogasta. En este caso, son los docentes de establecimientos educativos de la zona quienes han manifestado una profunda preocupación por la falta de limpieza y fumigación en las escuelas. El relato de los trabajadores de la educación describe un escenario insalubre que impide el normal desarrollo de cualquier actividad administrativa o pedagógica previa al inicio lectivo.
Según lo expresado a diversos medios locales, la situación ha escalado a niveles críticos debido a la presencia de plagas. Los puntos centrales de la denuncia docente incluyen:
Invasión de cucarachas: Los testimonios coinciden en que la cantidad de insectos es "llamativa" y que se trata de una auténtica invasión.
Falta de higiene en áreas críticas: Los docentes señalan que los insectos no se limitan a los resumideros, sino que "están por todos lados".
Contaminación de mobiliario: La gravedad es tal que, según relatan, basta con mover una silla en un aula para que salgan las cucarachas de forma masiva.
Esta situación ha alterado incluso los hábitos básicos de los educadores, quienes han manifestado estar llevando utensilios desde sus casas para evitar el uso de los elementos que se encuentran en las escuelas, dada la desconfianza que genera la presencia permanente de estos insectos. "Nunca vimos algo así", expresaron con estupor ante la prensa.
A la espera de definiciones ministeriales
La gravedad de la denuncia no solo ha sido sostenida por el personal de base, sino que fue confirmada por los propios directivos de las instituciones afectadas. La jerarquía escolar reconoce que los edificios no presentan un entorno apto para recibir a la comunidad educativa en las condiciones actuales.
En este contexto de incertidumbre, tanto directivos como docentes esperan directivas desde el Ministerio de Educación para proceder con las tareas de limpieza y fumigación. El reclamo es unánime: la cartera educativa debe dictar medidas urgentes y efectivas para poner las escuelas en condiciones sanitarias y edilicias. Hasta que el Ministerio no tome cartas en el asunto y provea los recursos y protocolos necesarios, la vuelta a las aulas en Fiambalá y el resto de la región pende de un hilo, supeditada a una solución que garantice la salud de alumnos y docentes por igual.