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Descubrimiento contra la epilepsia: encuentran un nuevo método para poder mejorar los tratamientos

Un equipo del Instituto Leloir, el CONICET y el Hospital Italiano halló señales químicas en la sangre que permitirían detectar y monitorear episodios de epilepsia de forma más rápida y personalizada. El estudio, publicado en Scientific Reports, abre una nueva puerta para el diagnóstico y tratamiento de esta enfermedad neurológica.

22 Octubre de 2025 08.18

En un avance que podría cambiar la forma de diagnosticar y tratar la epilepsia, un grupo de investigadores argentinos del Instituto Leloir-CONICET y del Hospital Italiano de Buenos Aires identificó una serie de biomarcadores en sangre capaces de revelar alteraciones vinculadas a crisis epilépticas. Este hallazgo, publicado recientemente en la revista Scientific Reports —del grupo Nature—, representa un paso significativo hacia una medicina más personalizada, menos invasiva y con mayores posibilidades de seguimiento clínico.

La investigación, liderada por el biólogo Martín Arán, director del área de Resonancia Magnética Nuclear del Instituto Leloir, y el neurólogo Juan Carlos Ávalos, del Hospital Italiano, se basó en el estudio de 32 pacientes con epilepsia. Durante dos años, los especialistas analizaron muestras de sangre tomadas antes y después de los episodios epilépticos, con el objetivo de identificar cambios químicos que pudieran servir como indicadores del estado de la enfermedad.

"El mayor esfuerzo lo hizo Ávalos, que debía estar disponible a cualquier hora. A veces recibía llamados a las tres de la mañana porque había llegado un paciente a la guardia con una crisis, y allí mismo debía tomar la muestra y monitorear su evolución durante toda la noche", relató Arán en diálogo con Clarín.

La clave del estudio fue la aplicación de la resonancia magnética nuclear (RMN), una tecnología generalmente asociada a la obtención de imágenes, pero que en este caso se utilizó para analizar señales químicas de las moléculas presentes en la sangre. "No buscamos imágenes, sino señales de los metabolitos. Esta técnica permite observar todos los metabolitos presentes en conjunto, a nivel atómico", explicó el científico.

Entre los metabolitos detectados —moléculas pequeñas que no son proteínas, lípidos ni ADN— se encontraron algunos compuestos conocidos, como la glucosa o el colesterol, y otros menos habituales, como hipurato, piroglutamato e isovalerato, cuyas variaciones se asociaron a la ocurrencia de crisis epilépticas.

Según Ávalos, los resultados preliminares son muy prometedores: "Si bien será necesario ampliar la muestra de pacientes para validar las conclusiones, la estadística arrojó resultados tan sólidos que es imposible no ilusionarse".

Este tipo de investigaciones, basadas en la búsqueda de biomarcadores, se ha convertido en una de las principales líneas de la ciencia médica moderna. Los biomarcadores funcionan como señales biológicas que alertan sobre cambios en el organismo, permitiendo anticipar enfermedades o ajustar tratamientos de manera más precisa y personalizada. En el caso de la epilepsia, podrían facilitar el monitoreo de crisis nocturnas o silenciosas que muchas veces pasan inadvertidas para los pacientes.

El estudio argentino también destaca por su enfoque interdisciplinario. La colaboración entre biólogos y neurólogos permitió combinar el conocimiento clínico sobre la epilepsia con herramientas de análisis químico de alta complejidad. "La máquina que utilizamos cuesta varios millones de dólares, pero varios hospitales del mundo ya están sumando esta tecnología a su trabajo diario. Es un método poco invasivo, rápido y, a largo plazo, económico", señaló Arán.

El equipo no planea detenerse aquí. Según adelantó el investigador, ya trabajan en una segunda etapa en la que analizan un panel de moléculas inflamatorias que podrían correlacionarse con los biomarcadores descubiertos. "En algunos pacientes observamos que el metabolismo cambia hasta volverse resistente a la insulina. El esfuerzo del cuerpo durante las crisis hace que la glucosa no alcance, y eso queda reflejado en el análisis sanguíneo", explicó.

Con más de 50 millones de personas afectadas por epilepsia en el mundo —y unas 300.000 en la Argentina—, este tipo de avances locales genera expectativa en la comunidad científica. Aunque los investigadores insisten en que aún falta camino por recorrer, el hallazgo podría sentar las bases para nuevas herramientas de diagnóstico y tratamiento, más precisas y accesibles.

"Este trabajo es apenas una puerta de entrada. Nos muestra que desde una simple muestra de sangre se puede entender mucho sobre lo que pasa en el cerebro durante una crisis. Sin dudas, queda muchísimo por estudiar", concluyó Arán.