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Desde la Patagonia hasta Catamarca: el Poncho como puente de intercambio de saberes

Por primera vez, la artesana rionegrina Ana Nahuelñir participó de la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho y convirtió su presencia en una experiencia de encuentro, aprendizaje y transmisión de saberes ancestrales. Entre telares mapuches, fibras de vicuña y símbolos cargados de significado, el evento se consolidó como un espacio de intercambio entre artesanas de distintas regiones del país.

26 Julio de 2026 11.53

La Fiesta Nacional e Internacional del Poncho fue escenario de un encuentro que trascendió la exposición y comercialización de piezas artesanales. Por primera vez, la artesana Ana Nahuelñir, integrante del Mercado Cultural de Río Negro, participó en representación de los artesanos de su provincia, llevando hasta Catamarca una tradición textil vinculada al pueblo mapuche y encontrándose con creadoras provenientes de otras regiones del país.

La experiencia fue definida por la artesana como un espacio único para compartir conocimientos y fortalecer los oficios tradicionales. En ese intercambio, las técnicas, los materiales, los símbolos y las historias que cada pieza contiene se convirtieron en un lenguaje común entre mujeres dedicadas a preservar prácticas transmitidas a través de generaciones.

El encuentro permitió que saberes provenientes de la Patagonia dialogaran con la tradición artesanal catamarqueña. En ese vínculo, el tejido se presentó no solamente como una actividad productiva, sino también como una forma de conservar la memoria, expresar una cosmovisión y transmitir una identidad.

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 Ana Nahuelñir

El telar mapuche vertical y el tiempo de cada pieza

Ana Nahuelñir trabaja en un telar mapuche vertical, una herramienta con la que confecciona diferentes piezas, entre ellas matras cuya elaboración demanda alrededor de un mes y medio de trabajo. El tiempo requerido para cada tejido refleja la complejidad de un oficio en el que cada etapa requiere dedicación y precisión.

La artesana explicó que cada creación expresa una tradición ancestral tanto por las técnicas utilizadas como por los materiales empleados. En particular, destacó el uso de tintes naturales obtenidos de plantas autóctonas como la jarilla y el coirón.

Ese proceso también está atravesado por una concepción de cuidado del ambiente. "Siempre tomamos un poquito de cada planta, nunca las arrancamos. Ese cuidado del medio ambiente es parte de la conciencia del pueblo mapuche", explicó.

De esta manera, el proceso de elaboración no se limita a la transformación de una materia prima. También incorpora una relación consciente con el entorno natural, donde la obtención de los elementos necesarios para el tejido se realiza respetando las plantas autóctonas de las que se extraen los tintes.

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Técnicas, símbolos y toda una cosmovisión

Las piezas que realiza Nahuelñir incorporan técnicas de enlistado, peinecillo y labor, además de distintos símbolos que forman parte de la tradición mapuche. Entre ellos se encuentra el rombo, una figura presente en gran parte del tejido mapuche y que posee diferentes significados.

"El rombo siempre está en nuestros tejidos. Tiene distintos significados, como el norte y el sur o la luna. Es parte de lo que nos enseñaron nuestras abuelas y representa nuestra cosmovisión", expresó.

Cada dibujo, por lo tanto, adquiere una dimensión que supera el aspecto decorativo. Los símbolos transmiten conocimientos y forman parte de una enseñanza que se conserva a través del tiempo. La presencia de esas figuras en los tejidos conecta el trabajo artesanal contemporáneo con aquello que fue transmitido por las generaciones anteriores.

La referencia a las abuelas también marca la importancia de la transmisión familiar de estos conocimientos. Las técnicas y los significados no se aprenden únicamente mediante la práctica, sino que se incorporan dentro de una historia cultural que encuentra en el tejido una de sus formas de permanencia.

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El intercambio con las tejedoras catamarqueñas

Nahuelñir destacó que la magnitud de la Fiesta del Poncho la sorprendió, pero señaló especialmente la posibilidad de encontrarse con artesanas de distintas regiones. El intercambio de experiencias permitió conocer de cerca técnicas y materiales diferentes a los utilizados en la Patagonia.

Entre esas experiencias, resaltó el trabajo de las tejedoras catamarqueñas con la fibra de vicuña, una labor que definió como enriquecedora. El contacto directo con esas piezas y con las artesanas que las elaboran permitió ampliar el conocimiento sobre otras formas de trabajo textil y establecer un diálogo entre tradiciones.

La artesana relató que el intercambio se produjo de manera espontánea, a través de conversaciones y momentos compartidos entre creadoras. "Conversamos con las tejedoras y nos llevamos mucho conocimiento. Fue un intercambio cultural sobre tejidos y técnicas. Hubo un momento en que éramos cinco o seis artesanas conversando, investigando los colores y compartiendo experiencias. Eso es hermoso, te llena. Ese sentir es muy importante y ojalá siempre haya gente joven que continúe con estos saberes", relató.

La escena sintetiza uno de los aspectos centrales de la experiencia: el conocimiento no circuló únicamente a través de las piezas exhibidas, sino también mediante el diálogo directo entre quienes sostienen los oficios artesanales.

Preservar los saberes ancestrales a través del encuentro

La participación de la artesana rionegrina puso en primer plano el valor de los espacios que permiten reunir a representantes de diferentes tradiciones. Para Nahuelñir, estos encuentros contribuyen a intercambiar conocimientos, visibilizar el trabajo artesanal y preservar los saberes ancestrales, que forman parte de la identidad de los pueblos.

En ese sentido, la Fiesta del Poncho funcionó como un puente entre distintas geografías y culturas. Desde la Patagonia hasta Catamarca, el encuentro permitió que diferentes técnicas, materiales y formas de comprender el mundo se vincularan en un mismo espacio.

El desafío de mantener vivos esos conocimientos también aparece asociado a la continuidad generacional. La artesana expresó su deseo de que siempre haya jóvenes interesados en aprender y continuar con estas prácticas. La transmisión de los saberes se convierte así en una preocupación central para garantizar que las técnicas y los significados no se pierdan con el paso del tiempo.

El público y la posibilidad de contar una historia 

La experiencia también estuvo marcada por la respuesta del público. Nahuelñir señaló que muchas personas se acercaron con interés a observar sus artesanías y conocer el significado de los dibujos incorporados en las piezas.

"Les gustó el trabajo de laboreo. Se acercaban, observaban las piezas y preguntaban qué significaban los dibujos. Eso nos permite contar nuestra historia a través del tejido y compartir el significado de cada símbolo", concluyó.

En esa interacción entre artesana y visitante, cada pieza dejó de ser solamente un objeto para convertirse en una puerta de acceso a una historia. Las preguntas sobre los diseños permitieron explicar las técnicas, los símbolos y los significados que forman parte de la tradición mapuche.

Así, la participación de Ana Nahuelñir en la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho representó una experiencia de intercambio entre saberes y territorios. El telar mapuche vertical, las matras, los tintes naturales de jarilla y coirón, las técnicas de enlistado, peinecillo y labor, y el simbolismo del rombo encontraron en Catamarca un espacio de diálogo con otras tradiciones artesanales.

El resultado fue un encuentro en el que la artesanía se expresó como trabajo, memoria, identidad y transmisión. Un espacio donde cinco o seis artesanas pudieron conversar, investigar colores y compartir experiencias, y donde el público pudo acercarse a conocer el significado de los tejidos. Entre la Patagonia y Catamarca, el Poncho se convirtió así en un puente para que los saberes ancestrales continúen circulando, se visibilicen y encuentren nuevas generaciones capaces de sostenerlos.