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Espera renal y concientización infantil

Donar para florecer: la batalla de Hilario a los tres años

La vida de un niño de Trenque Lauquen se transforma en un mensaje de resiliencia mientras aguarda un trasplante; su familia lidera una cruzada por los más de 200 menores que esperan un órgano en Argentina.

25 Marzo de 2026 13.05

La resiliencia humana suele manifestarse en las circunstancias más imprevistas, pero cuando se encarna en la figura de un niño de apenas tres años, la narrativa adquiere una dimensión de fortaleza extraordinaria. La historia de Hilario no es solo la crónica de una espera médica; es un testimonio sobre cómo el amor y la determinación familiar pueden sostener la sonrisa de un pequeño frente a la adversidad de una enfermedad congénita. Detrás de su imagen de niño inquieto, dulce y carismático, se desarrolla una batalla que comenzó mucho antes de su primer respiro.

Un diagnóstico prenatal: El inicio de la odisea

La trayectoria clínica de Hilario se remonta a la semana 20 de gestación. Durante una ecografía de rutina, los médicos detectaron una señal de alerta que cambiaría para siempre el rumbo de la familia: el feto presentaba la vejiga llena de orina sin capacidad de vaciarla, lo que derivaba en una escasez crítica de líquido amniótico. Marina Bidondo, su madre, recuerda este momento como el inicio de una odisea que se manifestó a los cinco meses de embarazo, confirmando un problema congénito que marcaría su desarrollo desde el vientre materno.

Esta condición inicial planteó un escenario de incertidumbre permanente. Lo que para muchas familias es un periodo de preparación ilusionada, para los padres de Hilario se convirtió en un proceso de aprendizaje forzoso sobre nefrología y cuidados críticos. Al nacer, la vitalidad de Hilario sorprendió a todos, pero la patología de base seguía presente, exigiendo una intervención médica constante y una vigilancia que no admite descansos en la búsqueda de su bienestar.

El rol de la familia: Entre la maternidad y la enfermería

A los tres meses de vida, la situación médica de Hilario sumó un nuevo y complejo capítulo cuando se determinó la necesidad de iniciar diálisis para alcanzar las condiciones óptimas que permitieran un futuro trasplante. Aunque originalmente el objetivo era llegar a los dos años de edad para la intervención, hoy, con tres años cumplidos, la familia continúa en esa espera activa. Este proceso transformó profundamente el hogar, obligando a Marina Bidondo a superar el miedo inicial a lo desconocido, familiarizándose con el manejo de sondas y la rutina técnica del tratamiento. Según su propio relato, terminó convirtiéndose en una enfermera sin título las 24 horas del día, fusionando la contención afectiva con el rigor clínico.

En medio de este contexto, Hilario logra preservar su esencia infantil, mostrándose como un niño energético e imparable que brinda alegría a quienes lo rodean. Sin embargo, su cotidianidad convive con la vulnerabilidad de los estudios invasivos y la necesidad constante de refugio ante el dolor. La familia prioriza proteger su inocencia, comprendiendo que detrás de su vitalidad inagotable existe un niño que requiere ser contenido ante la invasión de los procedimientos hospitalarios.

El 17 de mayo de 2025: Una lección de desprendimiento

Uno de los momentos más intensos en esta cronología ocurrió el 17 de mayo de 2025. Tras recibir la noticia de la aparición de un órgano compatible, la familia se trasladó de urgencia desde Trenque Lauquen hacia Buenos Aires. Sin embargo, el destino tenía preparado un giro inesperado debido a que, al ingresar al hospital, Hilario presentó una febrícula que impidió la cirugía por razones de seguridad médica. Ante la frustración que podría haber generado el regreso a casa sin el trasplante, la familia demostró una altura ética notable al celebrar que el órgano fuera asignado a una niña que llevaba cinco años en lista de espera.

Para Marina, lejos de ser una derrota, aquel episodio fue vivido como una alegría inmensa, comprendiendo que ese no era el momento de su hijo, sino el de otra criatura. Esta capacidad de celebrar la salud ajena en medio de la propia necesidad define el espíritu con el que transitan la espera, transformando la incertidumbre en una misión de amor. En medio de este camino, Hilario sigue sorprendiendo a sus padres cada día, manteniendo una fortaleza que moviliza a todo su entorno.

Ser semillas: El mensaje urgente de la donación de órganos

La experiencia de Hilario es el reflejo de una realidad que afecta a cientos de personas en el país, impulsando a Marina Bidondo a transformar su vivencia en una misión de salud pública. La madre destaca que la espera es un camino tremendo y duro que solo se comprende en su total magnitud al vivirlo. Su compromiso personal es total, reafirmando que siempre fue donante y que hoy lo demuestra activamente al ser la donante viva para su hijo, intentando acortar los tiempos de una espera que suele ser angustiante.

Actualmente, son más de 200 niños los que aguardan en Argentina un órgano para seguir viviendo y recuperar la posibilidad de volver al jardín o simplemente estar en su casa. La donación es definida por la familia como el acto más humano y hermoso que una persona puede tener. El mensaje final de esta historia es una metáfora de trascendencia sobre la posibilidad de que el ser humano sea una semilla para poder florecer en otros cuerpos, recordando que cada decisión a favor de la donación es una oportunidad de vida para quienes, como Hilario, no dejan de luchar.