La noche del lunes 13 de abril estuvo marcada por un profundo gesto de fe y reconocimiento al rol formador de la educación en el marco del segundo día del Septenario en honor de Nuestra Madre del Valle. La jornada reunió a autoridades y empleados del Ministerio de Educación, representantes de la educación estatal, municipal, privada, social y cooperativa, miembros de los Institutos de Educación Superior, docentes en actividad, docentes jubilados, Docentes Jubilados Autoconvocados, gremios docentes, la Vicaría Episcopal para la Educación y la Pastoral de la Educación, quienes rindieron su homenaje a la Madre del Valle.
La Santa Misa fue presidida por el obispo diocesano, Mons. Luis Urbanč, y concelebrada por el Vicario Episcopal para la Educación, padre Lucas Segura, junto con el rector del Santuario de Nuestra Señora del Valle y Catedral Basílica, padre Juan Ramón Cabrera.
Una amplia presencia del ámbito educativo
La celebración contó con una nutrida participación de referentes institucionales del sistema educativo. Entre las autoridades presentes estuvieron la secretaria de Educación, Roxana Monasterio; el director provincial de Educación de Gestión Municipal, Privada, Social y Cooperativa, Pablo Figueroa; el director provincial de Educación Técnica, Agrotécnica y Formación Profesional, Matías Cabrera; representantes legales y directivos de instituciones educativas de distintos niveles; miembros de la Vicaría para la Educación y docentes en general. Desde el inicio de la homilía, Mons. Urbanč dio la bienvenida a los alumbrantes y elevó una oración para que "la Madre y Maestra de los cristianos les ayude a alimentar su oración con la Palabra de Dios y, así, fortalecer e iluminar su servicio".
Testimonio pedagógico
Al profundizar en la Palabra de Dios proclamada, el obispo centró su reflexión en la transformación experimentada por los discípulos luego de la Resurrección de Jesús. Se refirió a ellos como "hombres comunes, con oficios comunes, con emociones, actitudes y comportamientos humanos comunes", que a partir del encuentro con el Resucitado se convirtieron en testigos valientes de la fe.
En ese marco afirmó que, más allá de la tumba vacía, una prueba de la veracidad de la Resurrección es justamente el cambio interior producido en esas personas. Destacó que solo una experiencia de tal profundidad, impulsada por la acción del Espíritu Santo, explica que quienes antes actuaban con miedo luego salieran a predicar con valentía.
Más adelante, el mensaje se detuvo en la figura de Nicodemo, presentada como un testimonio pedagógico. Mons. Urbanč señaló que el diálogo entre Jesús y Nicodemo invita a profundizar en la novedad pascual del Bautismo cristiano, y describió al fariseo como alguien movido por una insatisfacción espiritual, una búsqueda de sentido y una intuición de que en Jesús podía encontrarse la respuesta esperada.
"Un modo nuevo de vivir"
Uno de los ejes más significativos de la predicación estuvo puesto en la idea del nuevo nacimiento. El obispo explicó que, así como Jesús invita a Nicodemo, también hoy convoca a pasar de "saber sobre Él" a "vivir de Él", en una transformación profunda del modo de existir.
"Nacer de nuevo, de agua y de espíritu, es dar un giro a la vida", sostuvo, al tiempo que remarcó que se trata de permitir que la gracia oriente la vida hacia Dios, la verdad y el bien.
Desde esa perspectiva, vinculó el mensaje pascual con la tarea educativa y sostuvo que todo educador, a la luz de la Pascua, es un "sembrador de esperanza y vida nueva". Fue en ese punto donde convocó a "contemplar la figura del Beato Mamerto Esquiú, un campeón de la educación", resaltando la figura de este hijo de la Virgen del Valle en el marco del Bicentenario de su Nacimiento.
La oración final a la Virgen por los maestros
Hacia el cierre de la celebración, Mons. Urbanč encomendó a la Virgen María, Madre y Maestra de la vida, a todos los educadores, padres y docentes. En una oración cargada de sentido pastoral, pidió que la Virgen conceda a los maestros:
- Sabiduría para enseñar con claridad
- Paciencia para sostener a los cansados
- Alegría para seguir formando vidas
- Fuerza para no perder la fe, la esperanza y el amor
La súplica incluyó un pedido especial por los educadores más atribulados, reafirmando a María como modelo de educadora.