Fiel al objetivo de revalorizar la identidad catamarqueña en todas sus expresiones —artísticas, históricas, arqueológicas y gastronómicas—, el Pueblo Perdido de la Quebrada volvió a convocar a residentes y turistas con una propuesta cargada de tradición y sabor.
Bajo el nombre "Patay: el corazón dulce del algarrobo", el taller gratuito organizado por La Torradería y promovido por la Secretaría de Turismo y Desarrollo Económico de la Capital, invitó a los asistentes, a descubrir y elaborar este alimento ancestral profundamente ligado a la cultura del norte argentino.
"La concurrencia fue hermosa. Participaron muchas familias, con gran presencia de niños y niñas que aprendieron a preparar esta receta", expresó Marisol, referente del emprendimiento.
La experiencia comenzó con una charla introductoria que sumergió a los presentes en la leyenda del algarrobo y sus múltiples beneficios. No solo se abordó el uso de sus vainas, sino también de su corteza, raíces, ramas y hojas, generando un enriquecedor intercambio con los participantes.
Con los ingredientes listos sobre la mesa, llegó el momento más esperado: la elaboración del patay. "Adaptamos la preparación al formato del taller, ya que en su versión original requiere más tiempo, especialmente para estacionar la harina. Queríamos que, además de aprender, pudieran llevarse su propia producción", explicó Marisol.
La propuesta incluyó un toque creativo que entusiasmó especialmente a los más chicos: la posibilidad de sumar chips de chocolate y dar forma personalizada a cada preparación, transformando la cocina en un espacio de juego, aprendizaje y expresión.
Mientras la tradicional torta de algarrobo blanco se cocinaba, el grupo disfrutó de una breve caminata donde conocieron más sobre la flora y fauna nativa. Al regresar, una mesa colmada de cafés, torrados, galletas y otras delicias los esperaba para la ansiada degustación.
"El momento final fue increíble. Sacamos los patay de los moldes y quedaron espectaculares. Habíamos pensado envolverlos para que los llevaran a sus casas, pero no hubo tiempo... ¡desaparecieron en minutos!", relató entre risas la organizadora. "Todos se fueron felices, conectando con sabores que nos representan y forman parte de nuestra historia".