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Emotiva celebración de la Jornada de los Abuelos en la Catedral

La Catedral Basílica y Santuario de Nuestra Señora del Valle fue escenario de la celebración de la VI Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores. Durante la misa, el obispo Mons. Luis Urbanč destacó la importancia de escuchar, respetar y acompañar a los ancianos, y llamó a las nuevas generaciones a acercarse a su sabiduría y experiencia.

27 Julio de 2026 10.45

Durante la tarde del domingo, memoria de Santa Ana y San Joaquín, padres de la Virgen María y abuelos de Jesús, se celebró la Santa Misa con motivo de la VI Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores en la Catedral Basílica y Santuario de Nuestra Señora del Valle.

La celebración fue organizada por la Pastoral de la Niñez y reunió a abuelos y miembros de esta comunidad pastoral en una jornada marcada por la reflexión, la oración y el encuentro fraterno.

La Eucaristía fue presidida por el obispo diocesano, Mons. Luis Urbanc, y concelebrada por el padre Santiago Granillo, asesor de la Pastoral de la Niñez, que tiene a su cargo el servicio Acompañando Abuelitos.

Durante la ceremonia, miembros de la Pastoral y abuelos participaron activamente en distintos momentos de la celebración litúrgica, guiando la ceremonia y proclamando la Palabra de Dios.

El valor de dar lugar a los ancianos

En su homilía, Mons. Urbanc destacó el significado de esta Jornada especial destinada a celebrar y acompañar a los abuelos. Recordó que fue dispuesta por el Papa Francisco hace seis años, precisamente en la fecha en que la Iglesia hace memoria de los santos esposos Joaquín y Ana, padres de la Virgen María y abuelos de Jesús.

"Qué importante es que demos lugar a nuestros ancianos en la vida diaria, que los queramos, los ayudemos, los respetemos y los escuchemos, porque tienen sabiduría acumulada", expresó el Obispo.

En ese marco, también saludó a los integrantes de la Pastoral de la Niñez y a su asesor, el padre Santiago, y puso de relieve la tarea evangelizadora que desarrollan tanto con los niños como con los ancianos.

El Obispo definió a ambos grupos como "los extremos de la vida" y explicó que, debido a que no existe una pastoral específica de los abuelos, también les pidió a los integrantes de la Pastoral de la Niñez que se ocupen de ellos. "Gracias a Dios tenemos organizada en la Diócesis, una linda Pastoral de la Niñez, y también se ocupan de animar el cuidado de los abuelos. Así que muchas gracias a todos los que participan en esta Pastoral", manifestó.

Niños y abuelos, los cauces del río de la vida

Otro de los ejes centrales de la homilía fue la necesidad de reconocer el valor de los niños y los abuelos dentro de la vida comunitaria y familiar. "Necesitamos de los niños y de los abuelos, son los cauces del río de la vida", sostuvo Mons. Urbanč. En su reflexión, señaló que muchas veces se los olvida porque quienes se encuentran en la juventud o en la vida adulta creen que no necesitan de ellos.

El Obispo advirtió que, en algunas ocasiones, tanto los niños como los ancianos son abandonados, y calificó esa situación como algo triste.

La celebración se convirtió así en un espacio para subrayar la importancia de recuperar los vínculos entre las distintas generaciones y reconocer el aporte que cada una puede realizar desde su propia experiencia y etapa de vida.

La sabiduría como legado y testimonio

Al reflexionar sobre la Palabra de Dios proclamada durante la misa, el obispo puso el acento en la relación con Dios y en el sentido de la vida al llegar a una edad avanzada.

"Todo lo que vale, todo lo que es santo, está en Dios, por eso nosotros esperamos en Él", expresó. En ese contexto, se refirió especialmente a los abuelos que saben que se acerca el momento de presentarse ante Dios y planteó la necesidad de evaluar el camino recorrido a lo largo de la vida.

El Obispo invitó a preguntarse si se ha aprendido a ser sabio, tomando como referencia la primera lectura y la figura del rey Salomón. También señaló la importancia de tener claro, al llegar a una determinada altura de la vida, que el único que vale y el único que es santo es Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo.

La reflexión estuvo vinculada directamente con el legado que los abuelos dejan a sus familias y a las generaciones que vienen detrás.

"Tenemos que preguntarnos hoy, los que ya somos grandes, los que son abuelos, cuál es la situación en la que vivimos nuestra relación con Dios, qué estamos dejando como testimonio de haber encontrado ese tesoro precioso que es Dios, a nuestros hijos, a nuestros nietos, a nuestros bisnietos; qué les dejamos, qué ven en nosotros", manifestó.

El tesoro y la perla de la vida

En otro tramo de su homilía, Mons. Urbanč se refirió al Evangelio del domingo y a las tres parábolas mediante las cuales Jesús habla de un tesoro y de una perla.

"Ese tesoro, esa perla, es Dios", explicó, y señaló que las personas deben encontrar esa perla y ese tesoro en el campo de la vida terrena. Según sus palabras, quien encuentra ese tesoro debe aferrarse a él y dejar todo para conservarlo.

La imagen sirvió como eje para profundizar en la importancia de la fe y en la manera en que los adultos mayores pueden transmitir aquello que han aprendido durante su recorrido vital.

Una esperanza comprometida

El Obispo también retomó las palabras del apóstol Pablo para referirse a la esperanza y a la Providencia de Dios. "El apóstol Pablo decía que los cristianos sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman", recordó.

En esa línea, sostuvo que quienes aman verdaderamente a Dios pueden confiar en su Providencia, que ayuda a vivir la vida con seriedad y a mantener una esperanza viva y comprometida.

También destacó la necesidad de insuflar esa esperanza en otras personas, de modo que la experiencia de fe no quede limitada a la vida individual, sino que pueda transmitirse a quienes forman parte de las nuevas generaciones.

Escuchar a los abuelos

Hacia el final de la homilía, Mons. Urbanč invitó a pedir para los abuelos sabiduría, capacidad de discernir y capacidad de ofrecer todo lo aprendido a lo largo de la vida.

El pedido incluyó a niños, jóvenes y adultos, a quienes llamó a prestar atención y escuchar a los abuelos. "Que nuestros abuelos realmente puedan transmitir esa sabiduría de vida a las generaciones más jóvenes y que éstas sepan también ir a abrevar en la sabiduría y la experiencia de los ancianos", expresó.

El Obispo planteó así la necesidad de un encuentro entre las generaciones, en el que la fuerza y la energía de la juventud puedan complementarse con la sabiduría de quienes ya han vivido muchas experiencias.

"Para que, en esta síntesis, en este encuentro entre la fuerza, la energía de la juventud, también esté el aporte de la sabiduría de los que ya han vivido muchas cosas en la vida", concluyó.

Un cierre marcado por el encuentro fraterno

Luego de la bendición final, toda la asamblea le cantó el Cumpleaños Feliz a Mons. Luis Urbanc, quien el sábado 25 de julio había dado gracias a Dios por un nuevo año de vida.

El Obispo también recibió un presente de la Pastoral de la Niñez. Como cierre de la jornada, se tomó una postal junto a los abuelos presentes en la celebración eucarística. Posteriormente, se generó un espacio de diálogo con ellos en un clima fraterno.

La celebración de la VI Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores concluyó así con una imagen que resumió el sentido de la jornada: el encuentro, la escucha y la valoración de quienes, a través de sus años y experiencias, conservan una sabiduría que Mons. Urbanč llamó a transmitir a los niños, jóvenes y adultos para fortalecer el vínculo entre las distintas generaciones.