En la noche del sábado, último día del Septenario en honor de Nuestra Señora del Valle, las familias protagonizaron un sentido homenaje en el marco de una celebración cargada de espiritualidad y reflexión. La convocatoria reunió a distintos espacios vinculados a la vida familiar y social, entre ellos la Pastoral Familiar, el Movimiento Familiar Cristiano, Grávida, Renacer, Familiares de Víctimas de Accidentes de Tránsito Catamarca (Faviatca) y la Dirección de Familias de Fasta.
La Santa Misa fue presidida por el obispo diocesano, Mons. Luis Urbanc, y concelebrada por Mons. Virginio Domingo Bressanelli (SCJ), obispo emérito de Neuquén; el padre Leandro Roldán, capellán mayor del Santuario Catedral; y los sacerdotes peregrinos de la Diócesis de Merlo-Moreno, Gustavo Esteche y Raúl Pereyra. La celebración constituyó uno de los momentos más significativos del ciclo litúrgico, con una fuerte impronta en la vida familiar.
"Cristo vivo debe ser el centro del hogar"
Durante su homilía, Mons. Urbanč centró su mensaje en la necesidad de que la familia se transforme a la luz de la Resurrección de Jesús. En ese sentido, planteó que el hogar debe convertirse en una "iglesia doméstica", donde prevalezcan el amor, la esperanza y la alegría pascual por sobre el rencor, la indiferencia y el egoísmo.
El obispo expresó que este proceso implica "adoptar a Cristo vivo como el centro del hogar", permitiendo que su presencia renueve las relaciones cotidianas, fortalezca el matrimonio y oriente la educación de los hijos. Esta afirmación sintetizó el eje de su predicación, orientada a la transformación profunda de la vida familiar.
Claves para vivir la Resurrección en familia
En el desarrollo de su mensaje, Urbanč propuso una serie de orientaciones concretas para llevar la experiencia pascual al ámbito familiar, delineando un camino de renovación espiritual y práctica.
Entre los puntos destacados se encuentran:
- Transformar el hogar en un espacio libre de signos de muerte, como la violencia, el desorden, el egoísmo, la falta de diálogo, los rencores, el consumismo y la ausencia de oración, permitiendo que la misericordia de Jesús resucitado transforme la vida cotidiana.
- Asumir la esperanza y la vida nueva, reconociendo que no existe una crisis familiar definitiva y que siempre es posible recomenzar, superar la frialdad y fortalecer el amor conyugal.
- Colocar a Cristo en el centro, mediante la oración, la lectura y meditación de la Palabra de Dios y la participación conjunta en la vida eclesial.
- Vivir el amor y el servicio, inspirándose en la Sagrada Familia para promover vínculos que respeten la libertad y fomenten el crecimiento personal.
- Dar testimonio de alegría, siendo "contagiadores" en un mundo marcado por el pecado, demostrando con la vida que Jesús está vivo.
Estas propuestas buscaron traducir el mensaje de la Resurrección en acciones concretas dentro del ámbito familiar.
El Evangelio de Emaús como modelo de vida
Al reflexionar sobre las lecturas proclamadas, el obispo hizo referencia al pasaje del Evangelio de Lucas (Lc 24,13-35), correspondiente a la aparición del Resucitado a los discípulos de Emaús. Señaló que se trata de uno de los relatos más extensos y utilizados en la catequesis cristiana, cuya riqueza exige una lectura profunda.
Urbanc indicó que el texto refleja los momentos esenciales de la liturgia: la escucha de la Palabra y la celebración eucarística. En ese marco, invitó a las parejas cristianas a verse reflejadas en estos discípulos, destacando que sólo pueden recuperar el sentido de la vida si permiten a Jesús caminar con ellos, escucharlo y dejarse iluminar en su relación conyugal.
Oración final y consagración a la Virgen del Valle
Hacia el final de la celebración, Mons. Urbanč elevó una oración a la Virgen del Valle, pidiendo por las familias. Rogó que se les conceda la gracia de amar y respetar la vida que comienza, proteger la unidad familiar y bendecir la educación de los hijos.
También solicitó que la Virgen mire con compasión a las familias, las guíe hacia Jesús y las ayude a levantarse en caso de caída, mediante la confesión de los pecados en el sacramento de la penitencia y el fortalecimiento en la Eucaristía.
En su invocación final, expresó que, con la paz de Dios en la conciencia y los corazones libres de mal y de odio, las familias podrán transmitir la verdadera alegría y paz que provienen de Jesucristo.
Participación y cierre de la celebración
Durante la misa, los distintos grupos participantes tuvieron un rol activo en la liturgia, guiando la celebración, proclamando la Palabra de Dios y acercando al altar las ofrendas particulares junto con el pan y el vino.
Antes de la bendición final impartida por el obispo, todos los presentes realizaron una consagración conjunta a la Santísima Virgen María en su advocación del Valle, culminando la jornada con el canto en su honor.
De esta manera, el cierre del Septenario se convirtió en un espacio de encuentro, reflexión y compromiso, donde la familia fue presentada como núcleo fundamental para vivir y transmitir el mensaje de la Resurrección.