Final anunciado: Lácteos Verónica deja de producir y adeuda meses de sueldo
Trabajadores de la emblemática firma santafesina denuncian el abandono de la familia Espiñeira tras recibir pagos irrisorios de apenas 20 mil pesos. Con las plantas de Lehmann, Clason y Suardi paralizadas, la venta de la empresa surge como la única esperanza para salvar los puestos de trabajo.

La histórica empresa Lácteos Verónica, un pilar fundamental de la estructura industrial santafesina, atraviesa sus horas más oscuras bajo una parálisis que amenaza con ser definitiva. Lo que comenzó como un rumor de dificultades financieras se ha transformado en una crisis humanitaria y laboral para cientos de familias que dependen directamente de la firma. Este domingo, el malestar acumulado se desbordó frente a la planta industrial de Lehmann, donde operarios, vecinos y familiares se concentraron en una movilización pacífica para exponer una situación que califican de desesperante. El reclamo central apunta al abandono total por parte de la patronal y a la percepción de haberes que representan una afrenta a la dignidad básica de cualquier trabajador.

La protesta se dirigió sin rodeos contra la conducción de la compañía, propiedad de la familia Espiñeira, a quienes los empleados responsabilizan directamente por la falta de transparencia y la ausencia absoluta de un plan de contingencia ante el colapso. La incertidumbre se ha apoderado de los trabajadores, quienes no solo enfrentan la falta de ingresos desde principios de año, sino también el silencio de una dirección que no ofrece respuestas claras sobre la continuidad de la firma ni sobre el destino de los puestos de trabajo en las diversas localidades afectadas por el cese de actividades.

El testimonio de los operarios refleja una realidad económica asfixiante que ha llegado a niveles críticos tras meses de promesas incumplidas. Según denunciaron durante la movilización en Lehmann, los salarios se encuentran prácticamente congelados desde el mes de enero, acumulando una deuda que pone en riesgo la subsistencia mínima de los hogares de la región. El punto de quiebre se produjo recientemente con un movimiento bancario que los trabajadores recibieron con profunda indignación al constatar un depósito de apenas 20 mil pesos en sus cuentas personales.

Juan Rosso, uno de los empleados que encabezó el reclamo frente a los medios, fue tajante al describir esta cifra como una burla hacia el esfuerzo y la antigüedad de quienes han sostenido la empresa durante décadas. El operario enfatizó que, detrás de cada legajo, existen familias que necesitan respuestas serias y urgentes para afrontar sus gastos básicos, desde alimentación hasta servicios. La falta de comunicación por parte de los Espiñeira agrava el panorama de desamparo, ya que los empleados desconocen hasta cuándo se prolongará este esquema de pagos marginales o si existe una intención real de regularizar los haberes adeudados antes de que se produzca un colapso irreversible.

Parálisis operativa y el desabastecimiento del mercado

La crisis de Lácteos Verónica no es solo un conflicto financiero, sino un problema profundamente operativo y logístico que afecta a toda la cadena de valor. La planta de Lehmann, que solía ser un motor de actividad constante en la cuenca lechera, hoy exhibe las señales de un vaciamiento productivo evidente para cualquier observador. Los trabajadores alertaron que la producción está completamente detenida debido a la falta de insumos básicos y, fundamentalmente, a la interrupción del ingreso de materia prima. La ausencia de leche fresca para procesar ha generado un efecto dominó que ya se percibe con nitidez en el mercado de consumo masivo de la provincia y el país.

Los productos de la marca, que históricamente gozaron de un posicionamiento privilegiado en las góndolas argentinas, están desapareciendo de los comercios minoristas y de las grandes cadenas de supermercados. Esto confirma que el ciclo de comercialización se ha quebrado de manera definitiva ante la imposibilidad de cumplir con los pedidos. Esta inactividad afecta de manera directa no solo a Lehmann, sino también a las comunidades de Clason y Suardi, donde la presencia de la empresa es vital para sostener la economía regional, el transporte y el empleo indirecto que gravita alrededor de las plantas.

Ante el evidente deterioro de la gestión actual y la falta total de insumos para operar, los trabajadores comienzan a ver en la transferencia de la empresa la única salida viable para evitar el cierre definitivo y la pérdida total de los activos. La desconfianza hacia la actual administración ha llevado a los empleados a considerar que un cambio de dueño es la única salvación real para sostener las fuentes laborales y reactivar las plantas procesadoras de manera inmediata. La esperanza del personal reside en que un nuevo grupo inversor pueda sanear las cuentas, inyectar el capital necesario para la compra de materia prima y devolverle a la marca el prestigio que supo tener en la industria nacional.

Mientras la incertidumbre crece cada día, la movilización de los operarios busca evitar que el conflicto se diluya en el tiempo sin soluciones concretas por parte del Estado o la justicia laboral. La defensa del trabajo se ha convertido en una causa regional que une a las tres localidades afectadas en un pedido unánime de justicia salarial y reactivación industrial. La comunidad entera permanece en alerta, entendiendo que el destino de Lácteos Verónica está ligado íntimamente al bienestar de cientos de familias santafesinas que hoy solo reciben promesas vacías y depósitos insuficientes para cubrir sus necesidades básicas.