La 55° edición de la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho tuvo un cierre a la altura de una celebración inolvidable. En la última noche, el salón principal del Predio Ferial Catamarca se colmó de público para recibir a dos nombres emblemáticos de la música argentina: Fito Páez y Vilma Palma, protagonistas de una jornada en la que el rock nacional se encontró con la emoción, la nostalgia y la celebración colectiva.
El cantautor rosarino volvió a demostrar por qué cada escenario que pisa puede transformarse en un espacio de magia. Ante una multitud que cantó y coreó cada una de sus canciones, Fito Páez ofreció una hora y media de un show conmovedor y sumó una nueva leyenda a la historia de la Fiesta del Poncho.
"Gracias Catamarca, ¡volveremos!", expresó el artista al finalizar su presentación, dejando una frase que resumió la conexión construida durante una noche especial.
El concierto comenzó con una sucesión de canciones que generó una conexión inmediata con el público. "El amor después del amor", "Dos días en la vida" y "Once y seis" fueron parte del comienzo de un recorrido musical que rápidamente llevó a los presentes por distintas etapas de la trayectoria del rosarino.

Más tarde llegaron "Polaroid de locura ordinaria", "Circo Beat" y "Vamos a lograrlo". La lista continuó con "A rodar mi vida" y "Yo vengo a ofrecer mi corazón", dos himnos que atraviesan a distintas generaciones y que fueron recibidos por el público con la intensidad propia de canciones profundamente incorporadas a la memoria colectiva.
Fito Páez y una conexión que atravesó generaciones
Los presentes parecían casi encandilados frente a la figura de Fito Páez sobre el escenario mayor. Muchos de ellos estaban conociendo por primera vez y en persona a un ícono de la música, considerado uno de los más importantes exponentes del rock nacional argentino y de toda Latinoamérica.
El paso de los años no parece haber disminuido la energía del artista. En el centro del escenario, el piano volvió a ocupar un lugar fundamental para construir momentos de intimidad con la gente. Desde allí, Páez interactuó con el público y mantuvo una conexión especial e inesperada con quienes habían llegado al Predio Ferial para vivir su presentación.
La figura del músico rosarino se sostuvo durante toda la noche en la fuerza de sus canciones y en la capacidad de establecer un vínculo directo con los presentes. Sus letras, conocidas por todos y convertidas en parte del repertorio musical de distintas generaciones, fueron el eje de un espectáculo que combinó energía, emoción y cercanía.
El cierre del concierto llegó con "Mariposa tecknicolor" y "Dale alegría a mi corazón", dos canciones elegidas para ponerle el broche final a una presentación que deleitó a todos los que se dieron cita en una noche que ya quedó incorporada a la historia de la Fiesta del Poncho de Catamarca.
Vilma Palma hizo bailar a todo el Predio Ferial
La noche también tuvo otro momento de enorme intensidad con el regreso de Vilma Palma a la Fiesta del Poncho. Después de varios años, el conjunto rosarino volvió a presentarse en Catamarca y entregó su corazón a un público que recibió con entusiasmo aquellas canciones que marcaron su recorrido musical.
"Estamos muy contentos de estar, una vez más en Catamarca, una tierra a la cual siempre queremos regresar por el calor de su gente", sostuvo el "Pájaro" Mario Gómez ante la prensa.
El recibimiento de los presentes fue inmediato. La gente coreó cada una de las interpretaciones y convirtió la presentación en una verdadera fiesta. Los clásicos de la banda fueron los grandes protagonistas de un segmento en el que el público cantó y bailó de principio a fin.

Entre las canciones más celebradas se encontraron:
- "La Pachanga".
- "Auto Rojo".
- "Mojada".
- "Verano Traidor".
La presencia de Vilma Palma aportó una dosis de energía y nostalgia a una noche ya cargada de emociones. El público respondió a cada canción y acompañó el regreso del conjunto rosarino con una participación que transformó el escenario en una celebración colectiva.
El talento catamarqueño tuvo su lugar
La última noche del Poncho 2026 también destacó el talento de los artistas catamarqueños. Entre las propuestas folclóricas de la jornada se destacaron las presentaciones del belicho Wilson Figueroa, el dúo Los Mellizos Delgado, María Paula Godoy y el ascendente joven Agustín Isasmendi.
Cada uno de ellos aportó su propia impronta y su talento, logrando ganarse el aplauso de un público que volvió a demostrar la importancia de las expresiones musicales de la provincia.Las actuaciones fueron también una muestra de la riqueza de Catamarca en materia de música autóctona. En una noche dominada por figuras de amplia trayectoria nacional, las propuestas locales ocuparon un lugar destacado y permitieron reflejar la diversidad y la fuerza de los artistas de la provincia.
El escenario fue así un punto de encuentro entre las grandes figuras del rock argentino y las expresiones que forman parte de la identidad musical catamarqueña.

Danza, color y una despedida a la altura
La danza y el color también estuvieron presentes durante la jornada a través de las puestas en escena del Ballet Folclórico Rubinstein y del Estudio de Malambo Chúcaros.

Sus presentaciones aportaron movimiento, fuerza y tradición a una noche que recorrió distintas expresiones artísticas. La música y la danza se combinaron para construir un cierre amplio y diverso, en el que el público pudo disfrutar de propuestas de diferentes estilos y procedencias.
La presencia de los ballets y del malambo completó una programación que tuvo como denominador común la celebración de la cultura y el espectáculo.