El escenario sanitario en Argentina ha cobrado una nueva dimensión de alerta tras la confirmación, hace apenas unas semanas, del primer fallecimiento vinculado a la variante influenza A (H3N2) en la provincia de Mendoza. Este suceso, sumado a un incremento sostenido de diagnósticos en distintas jurisdicciones del país, ha puesto el foco sobre el comportamiento de este virus que, según el último Boletín Epidemiológico Nacional, pertenece al denominado "subclado K".
Esta variante específica no es un fenómeno aislado; ya ha sido detectada en más de 34 países y ha mostrado una capacidad de expansión sumamente veloz desde agosto de 2025, lo que obliga a las autoridades y a la sociedad a reforzar las barreras de prevención en un contexto de circulación viral creciente.
La caracterización del virus es fundamental para su detección temprana y el manejo adecuado de las expectativas del paciente. Según explica la doctora Ana Putruele, médica neumóloga y docente del Hospital de Clínicas de la UBA, nos encontramos ante un subtipo de influenza de gran relevancia que se manifiesta a través de una notable variabilidad de síntomas. La profesional advierte que, si bien para algunos pacientes la experiencia es similar a cualquier gripe estacional, la naturaleza del virus permite una fluctuación clínica que no debe subestimarse, ya que puede presentarse de forma leve o derivar en cuadros de extrema gravedad.
Los signos de sospecha que deben motivar la atención inmediata del paciente incluyen los siguientes puntos técnicos:
- Fiebre alta: Registros térmicos que se sitúan de forma sostenida por encima de los 38 grados.
- Afecciones respiratorias: Presencia de tos persistente, dolor de garganta y una marcada congestión nasal.
- Impacto sistémico: Fatiga intensa, cefaleas o dolores de cabeza y dolores musculares generalizados.
Aunque la mayoría de los casos cursan como un cuadro gripal común, la doctora Putruele enfatiza que existen complicaciones recurrentes que marcan la peligrosidad de la cepa. Las afecciones secundarias más habituales asociadas a esta variante son la neumonía, así como infecciones localizadas en el oído o en los senos paranasales, situaciones que pueden derivar en internaciones si no se abordan con el seguimiento médico correspondiente.
Grupos de riesgo y señales de alarma inmediata
La vulnerabilidad ante el H3N2 no es uniforme en la población argentina. La comunidad médica ha identificado con claridad a los sectores que poseen un mayor riesgo de sufrir complicaciones graves y que deben extremar los cuidados. En este espectro se encuentran los niños menores de cinco años, los adultos mayores de 65 años y todos aquellos pacientes que padezcan trastornos cardíacos, pulmonares, hepáticos o hematológicos previos. Para estos grupos, la consulta temprana ante la aparición de síntomas es la estrategia principal para evitar cuadros críticos.
Existen, además, parámetros de gravedad que exigen el traslado inmediato a una guardia médica para recibir atención de urgencia:
- Fiebre superior a 39 °C que no cede ante los tratamientos habituales.
- Dificultad respiratoria evidente o dolor muscular y articular de gran intensidad.
- Persistencia temporal: Síntomas que se prolongan por más de diez días sin mejoría.
- Comorbilidades: Presencia de afecciones cardíacas o respiratorias que no mejoran con el uso de analgésicos o antitérmicos.
Estrategias de prevención y protocolo de tratamiento
La batalla contra el avance de la influenza se libra principalmente a través de la prevención y la responsabilidad ciudadana. Los especialistas coinciden en que la herramienta más eficaz es la vacunación antigripal, cuya aplicación se recomienda preferentemente durante los meses de febrero o marzo.
Junto a la inmunización, resulta fundamental el lavado frecuente de manos con agua y jabón o alcohol en gel, la ventilación constante de ambientes cerrados, cubrirse al toser o estornudar con el pliegue del codo y evitar estrictamente la automedicación.
En el ámbito doméstico, ante la presencia de síntomas, es imperativo mantener el reposo, asegurar una hidratación adecuada y reducir el contacto estrecho con personas enfermas para cortar la cadena de transmisión.
El diagnóstico definitivo se confirma mediante estudios de laboratorio como hisopados o pruebas PCR. Una vez determinado el caso, el tratamiento puede incluir la administración de antivirales bajo indicación médica, además del reposo domiciliario estricto para garantizar una recuperación completa y segura.