A cuatro décadas del conflicto bélico, Eduardo Canitrot volvió a las Islas Malvinas para concretar una promesa que había marcado su vida desde la guerra de 1982. El excombatiente había llegado al archipiélago con menos de 20 años, como soldado conscripto, y permaneció allí durante el conflicto con el Reino Unido.
Esta vez, el regreso tuvo un significado profundamente personal. Canitrot viajó acompañado por una de sus hijas y recorrió distintos lugares vinculados con aquella experiencia, entre ellos Puerto Argentino, el cementerio de Darwin y otros escenarios donde se desarrolló el conflicto.
Durante su permanencia en el archipiélago, el excombatiente rindió homenaje a sus compañeros caídos y llevó consigo una bandera argentina que desplegó en distintos puntos de las islas. Las imágenes de la enseña nacional flameando durante su recorrido rápidamente adquirieron gran repercusión en las redes sociales y se volvieron virales, generando miles de mensajes de reconocimiento.
El viaje representó así el reencuentro de Canitrot con lugares que habían formado parte de su experiencia como soldado y, al mismo tiempo, una oportunidad para regresar junto a la memoria de quienes no pudieron volver.
Un soldado conscripto del Batallón Logístico 10
Durante la guerra, Canitrot integró el Batallón Logístico 10 de la X Brigada de Infantería. Su llegada a las islas se produjo cuando tenía menos de 20 años y permaneció allí durante el conflicto bélico con el Reino Unido.
En la actualidad, el excombatiente preside la Asociación de Veteranos Puerto Argentino de Pinamar, una referencia que forma parte de su vínculo permanente con la memoria de la guerra y con quienes compartieron aquella experiencia. El regreso al archipiélago, 44 años después, permitió recorrer nuevamente lugares que habían quedado asociados a esa etapa de su vida. En su itinerario incluyó escenarios como Pradera del Ganso, Monte Kent y Monte Harriet, además de Puerto Argentino y el cementerio de Darwin.
El recorrido tuvo, por lo tanto, una dimensión personal y otra colectiva. Canitrot no volvió únicamente para reencontrarse con los espacios donde había estado durante la guerra, sino también para recordar a sus compañeros y a los combatientes fallecidos.

La promesa frente a la tumba de Pedro Larrosa
Uno de los momentos centrales del viaje ocurrió en el cementerio argentino de Darwin, donde descansan los restos de numerosos soldados caídos durante la guerra.
Allí, Canitrot buscó y visitó la tumba de Pedro Larrosa, uno de sus compañeros, a quien le había prometido regresar. Frente a la cruz blanca que recuerda a su amigo, el excombatiente pudo finalmente cumplir aquel compromiso asumido más de cuatro décadas atrás. La escena condensó el significado más íntimo del viaje. Después de 44 años, Canitrot regresó al lugar donde descansaba su compañero y llevó adelante aquella promesa que había permanecido presente durante todo ese tiempo.
En una de sus publicaciones, el veterano sintetizó ese momento con una frase directa: "Cumplí con lo que te prometí, Pedro".
La expresión resumió el sentido de una visita marcada por la memoria, el recuerdo de la amistad y el compromiso de regresar al lugar donde descansaba su compañero caído.

Los que quedaron en las islas y en el mar
La visita al cementerio de Darwin también estuvo dedicada a los demás combatientes que murieron durante la guerra y a quienes padecieron las consecuencias posteriores del conflicto.
Canitrot extendió el homenaje más allá de la figura de Pedro Larrosa y recordó a quienes murieron, a quienes quedaron en las islas y en el mar y también a quienes no pudieron soportar las consecuencias de la posguerra. En otra publicación, expresó: "Por los caídos, por los que quedaron aquí en las islas y en el mar, por los que no pudieron soportar y se quitaron la vida. Por todos los argentinos y argentinas que dieron, dan y darían su vida por esta bandera".
De ese modo, el regreso adquirió una dimensión colectiva. El homenaje no quedó limitado al recuerdo de un compañero, sino que incluyó a los distintos protagonistas vinculados con la guerra y sus consecuencias.
La bandera argentina en Puerto Argentino
Otro de los momentos que alcanzó mayor difusión tuvo lugar en Puerto Argentino. Allí, Canitrot corrió sosteniendo una bandera argentina en las inmediaciones de un mástil que exhibe la insignia británica.
La escena fue registrada y difundida, convirtiéndose rápidamente en una de las imágenes más reconocidas de su regreso al archipiélago. La bandera argentina también estuvo presente en otros lugares visitados durante la recorrida. Uno de ellos fue Monte Harriet, donde el excombatiente registró un video mientras el viento hacía flamear la enseña nacional.
En ese lugar dejó una frase que sintetizó el significado que le otorgó al gesto: «Mi bandera no se arrodilla ante nadie».
La imagen de la bandera desplegada por el viento se convirtió en parte del homenaje que Canitrot llevó adelante durante su regreso a las islas y fue también uno de los registros que contribuyeron a la amplia repercusión de su viaje en las redes sociales.
El reencuentro con los escenarios de la guerra
Además de los momentos vinculados con el homenaje, Canitrot aprovechó su regreso para localizar el lugar donde permaneció durante gran parte del conflicto.
El excombatiente recorrió distintos sectores del archipiélago que habían formado parte de su experiencia en 1982. Entre ellos estuvieron Pradera del Ganso y Monte Kent, escenarios que volvieron a traer a su memoria los recuerdos de la guerra. La recorrida permitió reconstruir, desde el presente, una parte del recorrido que había realizado cuando era un joven soldado conscripto. Los lugares visitados quedaron así vinculados nuevamente con sus recuerdos de aquel período y con la memoria de sus compañeros.
El viaje reunió esos distintos aspectos: el regreso a los lugares conocidos durante la guerra, la visita a la tumba de un amigo, el homenaje a los caídos y el despliegue de una bandera argentina en diferentes puntos del archipiélago.