En el corazón de San Fernando del Valle de Catamarca, la Casa de la Puna ha logrado establecerse no solo como un punto de referencia arquitectónico, sino como el verdadero motor de la identidad cultural y gastronómica de la región. Durante las jornadas de sábado y domingo, este centro de encuentro recibió un flujo incesante de visitantes provenientes de diversos puntos del país, consolidando una oferta que la Secretaría de Turismo y Desarrollo Económico de la Municipalidad diseñó específicamente para el disfrute de toda la familia bajo una premisa de acceso gratuito y calidad artística.
Testimonios de una calidez que trasciende fronteras
El fenómeno turístico en la ciudad se nutre de historias personales que resaltan el valor intangible del destino. Raúl y Cristina, una pareja oriunda de Buenos Aires, llevan una semana recorriendo los diversos atractivos de la Capital y no dudaron en calificar su experiencia como excepcional. Mientras participaban de las propuestas folklóricas, destacaron la fortuna de poseer vínculos familiares en la provincia, lo que les permite regresar anualmente. Según su relato, en este suelo se disfruta de espectáculos hermosos en un marco de absoluta tranquilidad, pero por sobre todo, enfatizaron el trato diferente de la gente y una calidez humana que, aseguran, no se percibe en otros centros turísticos.
Por su parte, Paula, visitante proveniente de la vecina provincia de La Rioja, aprovechó la cercanía geográfica para disfrutar del fin de semana largo. En su recorrido, la turista destacó la riqueza de la oferta cultural y la preservación de sitios con profunda carga histórica y belleza paisajística situados a pocos minutos del centro urbano. Su itinerario incluyó puntos emblemáticos como La Catedral y La Gruta, extendiéndose además hacia localidades del interior como Guayamba y Los Altos, evidenciando la conectividad y el interés que despierta el circuito regional.
Sabores autóctonos y la Fiesta del Cabrito
La elección de la Casa de la Puna como destino predilecto por turistas de Buenos Aires, Santiago del Estero, Córdoba y La Rioja encuentra su fundamento en una experiencia sensorial completa. Los mediodías se transformaron en el escenario ideal para la Fiesta del Cabrito, una propuesta que celebra lo más profundo del recetario local a través de sabores que definen la región. El público pudo disfrutar de platos emblemáticos como el cabrito asado, el locro tradicional y la siempre buscada cabeza guateada, preparaciones que se complementaron con el asado a las llamas y las empanadas criollas recién salidas del horno de barro. Estos almuerzos comunitarios permitieron un maridaje perfecto entre la cocina típica y el paisaje circundante, transformando la alimentación en un acto de comunión cultural.
Cultura a cielo abierto: Danza y artesanía
Al caer la tarde, precisamente alrededor de las 18 horas, la fisonomía de la plaza frente a la Casa de la Puna inició su metamorfosis para convertirse en un paseo cultural a cielo abierto. La disposición de los puestos de feriantes aportó un dinamismo cromático y económico al sector, desplegando una variada gama de productos regionales, artesanías de autor y piezas de diseño que captaron la atención del público presente de manera constante.
En este contexto de interacción social, la profesora Anita Maldonado lideró una iniciativa pedagógica centrada en la cueca, una propuesta que atrajo tanto a bailarines idóneos como a un público curioso por desentrañar los secretos de una de las danzas folklóricas más complejas del repertorio nacional. La clase magistral se enfocó específicamente en la coordinación de los pañuelos, la ejecución de los pasos saltados y el entendimiento de las coreografías, caracterizadas por sus constantes vueltas y arrestos, permitiendo que la tradición se transmita de forma activa y participativa a todos los interesados presentes en la jornada.
Un escenario de jerarquía artística y cierre magistral
El epicentro de la emoción se trasladó luego al escenario montado en plena calle, donde la apertura musical estuvo a cargo de Luz Segura, voz consagrada del folklore provincial y de sólida proyección nacional. Su interpretación de "Vidala, Soledad de Catamarca" generó un clima de profunda conexión con las raíces, dando paso a un recorrido rítmico por zambas, chacareras y gatos que invitaron a la concurrencia al baile espontáneo. Posteriormente, el conductor y artista Franco Ocaranza dio paso al ballet Semblanzas, dirigido por Pablo Segovia y Gabriela Cano, cuya puesta en escena de ocho parejas ofreció una representación técnica de alto nivel sobre la esencia del gaucho y la paisana del norte argentino.
El broche de oro de la jornada lo puso el grupo Cardones, referentes ineludibles de la música local, con un ensamble compuesto por Juan Roldán, Luis Medina, Raúl Zafe y Mariano Santillán. El cuarteto demostró una maestría vocal que navegó desde los ritmos tradicionales hasta momentos de intimidad con boleros e interpretaciones instrumentales, apoyados en la solvencia del guitarrista Nelson Tula, la destreza de Raúl Zaffe y la precisión percusiva de Diego Vergara. Para completar la experiencia, se realizaron sorteos entre los asistentes, destacándose el premio otorgado por B&B Cueros, que entregó una campera artesanal a una afortunada participante. De este modo, la Casa de la Puna reafirmó su rol como un espacio vital donde la comunidad y el turismo convergen para celebrar la vigencia de las tradiciones catamarqueñas.