León XIV destacó el legado de Esquiú y pidió que "su testimonio continúe brillando"
El Sumo Pontífice envió un mensaje especial por el Bicentenario del nacimiento del ilustre fraile nacido en Catamarca. En su carta, resaltó la dimensión espiritual, social y política del beato oriundo de Piedra Blanca y llamó a seguir su ejemplo de paz, diálogo y servicio.

La Iglesia argentina toda en su conjunto atraviesan un momento de profunda reflexión espiritual en ocasión de celebrarse el Año Jubilar por el Bicentenario del nacimiento de Fray Mamerto Esquiú. En ocasión de esta fecha histórica y tan especial para Catamarca, el Papa León XIV envió un mensaje especial dirigido a la diócesis y a todo el país, en el que destacó el legado espiritual, social y humano del religioso catamarqueño.

Con un mensaje cargado de calidez y una precisión histórica notable, el Santo Padre se ha unido oficialmente a las celebraciones del Año Jubilar destacando la vigencia del Beato Esquiú marcando que, bajo el pontificado de su predecesor León XIII, el desempeñó roles cruciales como religioso franciscano, misionero y obispo.

La misiva papal no solo reconoce la figura eclesiástica de Esquiú, sino que lo posiciona como una "huella luminosa y fecunda" en la historia argentina. León XIV subraya que, a pesar de haber vivido en una época marcada por tinieblas y dificultades que amenazaban con opagar su brillo, el beato nunca permitió que se escondiera la luz que recibió gratuitamente. El mensaje, fechado en el Vaticano el 6 de febrero de 2026, busca que este testimonio de entrega impulse a los ciudadanos actuales a ser "lámparas vivas" en el contexto contemporáneo, protegiendo las virtudes teologales —fe, esperanza y caridad— de cualquier intento de oscurecimiento externo.

Compromiso ciudadano y construcción de puentes sociales

Uno de los aspectos más analíticos del mensaje papal reside en la capacidad de Fray Mamerto Esquiú para amalgamar la misión evangelizadora con un compromiso cívico sin precedentes. Según describe el Papa, el beato catamarqueño no limitó su labor a los muros de la iglesia; por el contrario, su celo apostólico lo impulsó a construir puentes de diálogo en niveles que excedían lo puramente eclesial. Su participación fue determinante en los ámbitos:

Social y Político: Participó activamente en momentos clave de la organización nacional argentina, abogando siempre por la unidad y el bien común.

Educativo y Periodístico: Tuvo una presencia destacada en la formación de ciudadanos y en el debate de ideas a través de la prensa de su tiempo.

Eclesial: Como obispo y religioso, supo traducir la comunión en gestos y obras de bien concretas para su comunidad.

El Santo Padre resalta que Esquiú fue, ante todo, un ciudadano comprometido que entendió que la santidad no es ajena a la realidad política y cultural de una nación. Sus intervenciones históricas son vistas hoy como un legado de colaboración y diálogo, elementos que León XIV invita a recuperar en el "hoy de la historia" para favorecer la reconciliación nacional.

La dimensión misionera

La narrativa de la vida de Esquiú, tal como la detalla el Papa, incluye una dimensión geográfica y espiritual que abarcó gran parte de América del Sur y los centros neurálgicos de la cristiandad. Su labor como religioso misionero es descrita como un acto de generosidad y sacrificio constante. El beato no escatimó esfuerzos para que el Evangelio llegara a los rincones más alejados, convirtiéndose en el consuelo y la cercanía de Dios para los más necesitados.

Su trayectoria misional y personal incluyó:

Misiones en el continente: Llevó su palabra y asistencia a países como Bolivia, Perú y Ecuador.

Peregrinajes espirituales: Tuvo la oportunidad de visitar Roma y Tierra Santa, experiencias que nutrieron su vida interior.

Legado literario: Sus escritos, que llegan hasta la actualidad, son definidos por el Pontífice como un testimonio de un "corazón ardiente e inquieto".

Esta faceta misionera partía de una base sólida: la contemplación de los misterios del Señor, que luego se traducía en una entrega humilde hacia el prójimo. El Papa enfatiza que esta capacidad de "ir más allá de las fronteras" es un modelo de caridad universal.

La paz y la Virgen del Valle

Finalmente, el Papa León XIV conecta la labor de Esquiú con las enseñanzas de su predecesor, el Papa Francisco, citando la exhortación Gaudete et exsultate. En este sentido, se destaca el anhelo del beato por la paz, una tarea que emprendió con determinación y valentía. El texto papal recuerda que aquellos que siembran la paz son llamados "hijos de Dios", una promesa que el beato catamarqueño encarnó a través de una labor incansable para instaurar la concordia en tiempos de conflicto.

El mensaje concluye con un fuerte componente afectivo, encomendando este tiempo de gracia a la intercesión de Nuestra Señora del Valle. Fray Mamerto de la Ascensión Esquiú mantenía una relación de plena confianza y afecto filial con la Virgen, recurriendo a ella como su amparo maternal. Con este gesto, el Papa bendice a las familias y a los fieles, instándolos a que el llamado a la paz resuene con fuerza en sus corazones y se traduzca en acciones de amor tangible.

La carta completa

Queridos hermanos y hermanas:

Me uno con alegría al Año Jubilar que celebran con ocasión del Bicentenario del nacimiento del beato Mamerto Esquiú; religioso franciscano, misionero y obispo durante el pontificado de mi predecesor León XIII, que dejó una huella luminosa y fecunda en la Iglesia y en la sociedad de su tiempo.

Fray Mamerto de la Ascensión Esquiú supo glorificar a Dios con sus buenas obras y, aun en medio de tinieblas y dificultades que amenazaban con apagar su brillo, nunca escondió la luz que gratuitamente había recibido (cf. Mt 5, 14-16). Quisiera, por medio de estas líneas, que su testimonio de entrega y santidad continúe brillando entre ustedes y los impulse a ser, como él, lámparas vivas en el hoy de la historia, sin que nada pueda oscurecer la fe, la esperanza y la caridad que habita en nuestros corazones por obra del Espíritu Santo (cf. Rm 5,5; Ef 3,17).

El beato Esquiú nos enseña a vivir la comunión y la misión evangelizadora de manera concreta, con gestos y obras de bien. Su celo apostólico lo llevó a construir puentes de diálogo y colaboración no sólo a nivel eclesial, sino también social, político y cultural. Con una destacada presencia en el ámbito educativo y periodístico, fue un ciudadano comprometido con su país, que participó activamente en momentos claves de la historia argentina, trabajando siempre en favor de la unidad y del bien común.
Su ejemplo también nos invita a ir más allá de las fronteras. Nuestro beato partía de la contemplación de los misterios del Señor, para luego ofrecerse con caridad y humildad a los demás. Como religioso misionero, no escatimó en generosidad y sacrificios a fin de que el Evangelio llegara hasta los confines de la tierra, siendo consuelo y cercanía de Dios para los más alejados y necesitados en Bolivia, Perú y Ecuador. Asimismo, tuvo la oportunidad de peregrinar a Roma y Tierra Santa. Sus escritos llegan hoy hasta nosotros como un valioso legado que revela las profundas experiencias de su corazón ardiente e inquieto.

Me gustaría mencionar, por último, el anhelo de fray Esquiú por la paz, que animó su incansable labor para instaurarla. A este respecto, decía el Papa Francisco: "A esos que se ocupan de sembrar paz en todas partes, Jesús les hace una promesa hermosa: 'Ellos serán llamados hijos de Dios' (Mt 5,9)" (Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 88). Queridos hermanos y hermanas, que la llamada a trabajar por la paz, a la que el beato catamarqueño supo responder en su tiempo y con determinación y valentía, también resuene hoy con fuerza en ustedes y se traduzca en gestos concretos de amor y reconciliación.
Encomendando este tiempo de gracia a la intercesión de Nuestra Señora del Valle, a quien fray Esquiú recurría con plena confianza y afecto filial, e implorando su amparo maternal para ustedes y sus familias, los bendigo de corazón.

Vaticano, 6 de febrero de 2026
Papa León XIV