Durante la tarde del domingo 7 de junio, los periodistas celebraron su día participando de una acción de gracias que tuvo un significado especial dentro del calendario diocesano. La actividad marcó el cierre de una serie de propuestas organizadas en torno a la figura del Beato Mamerto Esquiú, en el marco del Año Jubilar Diocesano por los 200 años de su nacimiento y también del Año Santo por los 800 años del natalicio de San Francisco de Asís.
La programación desarrollada incluyó distintas iniciativas vinculadas a la vida y legado del beato catamarqueño. Entre ellas se destacó una disertación dedicada a analizar su faceta de periodista al servicio de la unidad, un gesto solidario con la visita al Hogar de Adultos Mayores que lleva su nombre, el acompañamiento a colegas enfermos y una visita a la Celda del Beato Esquiú antes del inicio de la celebración eucarística.
La jornada coincidió además con dos acontecimientos de especial relevancia para la comunidad católica: la Solemnidad de Corpus Christi y la realización de la tradicional Colecta Anual de Cáritas, destinada a ayudar a los hermanos más necesitados.

La misa
La celebración tuvo lugar en el templo San Pedro de Alcántara, perteneciente a la comunidad franciscana, que recibió a los asistentes con una especial preparación del recinto sagrado para esta acción de gracias.
La Santa Misa fue presidida por el obispo diocesano, Mons. Luis Urbanc, mientras que los periodistas y comunicadores participaron activamente en el desarrollo de la ceremonia litúrgica, tal como sucede cada año. Los comunicadores tuvieron a su cargo distintas responsabilidades durante la celebración.
Durante su homilía, Mons. Urbanč propuso una profunda reflexión acerca de la relación entre la fe y la tarea periodística. Luego de recordar que la jornada reunía la celebración de Corpus Christi y el Día del Periodista, señaló que a simple vista el altar de una iglesia y una redacción periodística parecen realidades completamente diferentes.
Sin embargo, afirmó que existe un vínculo profundo entre ambas dimensiones. "Cuando miramos con los ojos de la fe, descubrimos un puente invisible pero indestructible entre la Eucaristía y el periodismo: el misterio de la Palabra y el valor de la Verdad", expresó.
El Obispo destacó que en cada Eucaristía la Palabra de Dios se hace realidad sobre el altar a través de Jesucristo, quien se hizo presente en la historia concreta de los hombres y mujeres, escuchando a los pobres y sanando a los heridos.

El periodista como servidor de la verdad histórica
A partir de esa reflexión, Mons. Urbanč estableció un paralelismo con la misión periodística. Sostuvo que el buen periodismo comparte esa dinámica de encarnación porque el periodista no inventa la realidad desde un escritorio, sino que sale al encuentro de los hechos, escucha las voces de quienes no tienen voz y transforma el acontecer diario en una crónica capaz de contribuir a la construcción social.
En ese sentido afirmó: "El periodista está llamado a ser un servidor de la verdad histórica", narrando con honestidad y caridad aquello que ve y escucha.
Asimismo, manifestó su preocupación por el contexto comunicacional actual. "Nuestra sociedad sufre a menudo la enfermedad de la sospecha, del rumor y de la difamación", expresó.
También consideró que se vive en una era de posverdad donde muchas veces adquieren más importancia el impacto de un titular o los algoritmos que dividen que la veracidad de la información comunicada. Por ello señaló que comulgar con Cristo compromete a los periodistas a ejercer su labor con una mirada misericordiosa pero firme, evitando vender su conciencia a cambio de clics o favores políticos y defendiendo siempre la dignidad humana por encima de intereses corporativos o ideológicos.
El costo de buscar la verdad
Otro de los aspectos abordados por el Obispo fue el sacrificio que implica ejercer el periodismo con integridad. Tomando como referencia la Eucaristía como memorial del sacrificio de Jesús, destacó que la búsqueda de la verdad suele generar incomodidad frente al poder y puede derivar en persecuciones.
Según expresó, denunciar injusticias y mantenerse fiel a los hechos históricos exige una importante honestidad intelectual y una permanente disciplina personal. También recordó que numerosos periodistas en distintas partes del mundo han pagado con su libertad e incluso con sus vidas el precio de no callar ante la mentira o frente a intereses económicos, políticos, ideológicos y religiosos.
Para Mons. Urbanč, cuando los comunicadores presentan sus esfuerzos, riesgos y dificultades ante Dios, su trabajo deja de ser solamente un oficio para transformarse en un auténtico servicio a la justicia y a la paz de la ciudadanía.

La faceta periodística del Beato Esquiú
Un tramo importante de la homilía estuvo dedicado a la figura del Beato Mamerto Esquiú, en el año en que se conmemora el bicentenario de su nacimiento.
El Obispo destacó que hablar de Esquiú implica reconocer no sólo al religioso y al célebre "Orador de la Constitución", sino también a un hombre que comprendió el valor de la palabra escrita como herramienta de construcción social. Señaló que en la Argentina que buscaba organizarse tras Caseros, Esquiú entendió a la prensa como un puente para el pensamiento y, al mismo tiempo, como un espacio de debate.
Urbanc describió tres ejes fundamentales de la relación del Beato con el periodismo:
• El periodismo como apostolado civil.
• La ética frente a la grieta del siglo XIX.
• La palabra como herramienta de paz.
También recordó el célebre sermón de 1853 y destacó que Esquiú utilizó las páginas impresas para promover la subordinación a la ley y desalentar el regreso a los enfrentamientos armados. Según señaló, el Beato entendía que el periodista debía ser un constructor de ciudadanía capaz de traducir la complejidad histórica en mensajes orientados a la convivencia pacífica.
Un legado vigente para los comunicadores
"La vigencia de Esquiú en este campo es total", afirmó Mons. Urbanc. Consideró que en tiempos marcados por la inmediatez y la polarización, su legado continúa recordando el verdadero sentido del oficio periodístico: el compromiso con la verdad, el respeto por el disenso y la responsabilidad social.
Dirigiéndose especialmente a los periodistas presentes, los invitó a que su profesión sea una forma de entrega al servicio de los demás, evitando que las palabras transmitan odio y procurando siempre comunicar con claridad y verdad.
También los exhortó a respetar la verdad del otro cuando expresen opiniones y recordó una máxima de San Agustín: "No hay Verdad que justifique una falta de Caridad". Finalmente encomendó a los comunicadores a la protección de la Virgen del Valle y del Beato Mamerto Esquiú, a quien definió como un gigante de la palabra tanto en el púlpito como en la prensa.

Ofrendas, oración y un encuentro fraterno
Durante el ofertorio fueron presentados diversos signos cargados de significado. Junto con el pan y el vino se ofreció el trabajo cotidiano de quienes comunican noticias, historias y esperanzas. También se acercó un afiche representando las vidas de los adultos mayores visitados durante la jornada solidaria previa, simbolizadas en manos dibujadas que evocaban las huellas dejadas en sus seres queridos, al igual que las que dejó el Padre Esquiú.
Asimismo, se llevó al altar una imagen del Beato Esquiú, quien acompañó las actividades desarrolladas durante esos días, y una vela encendida como signo de oración por los colegas enfermos y por su pronta recuperación.
Antes de la bendición final se elevó una oración pidiendo la pronta canonización del Beato Esquiú.
Al concluir la Eucaristía, los periodistas compartieron un brindis fraterno en las instalaciones del convento franciscano. Allí cantaron el Cumpleaños Feliz al periodista deportivo Roberto Chacón y participaron del sorteo del libro "Cartas a Odorico. Epistolario del Beato Esquiú a su hermano", editado por Fr. Jorge David Catalán y Beatriz Facciano, de Ediciones Castañeda.

La periodista Andrea Sartor resultó ganadora del ejemplar sorteado. La jornada concluyó con el compartir de una torta y un espacio de encuentro que permitió fortalecer los vínculos entre colegas, coronando una celebración marcada por la fe, la memoria agradecida y la reflexión sobre el compromiso permanente con la verdad.