Murió la "Abuela Lalala", el símbolo popular del festejo argentino en el Mundial 2022
Cristina Mariscotti, la jubilada de 79 años que se volvió viral en Liniers, falleció tras una descompensación. Su figura quedó ligada a la alegría colectiva de la Selección y al fervor de los hinchas durante Qatar 2022.

La muerte de Cristina Mariscotti, conocida popularmente como la "Abuela Lalala", marca el final de una historia profundamente ligada a uno de los momentos de mayor alegría colectiva reciente: el Mundial de Qatar 2022.

La jubilada, de 79 años, falleció a principios de marzo luego de sufrir una insuficiencia cardíaca, según informó el medio barrial Cosas de Barrio de Liniers. La noticia se conoció este fin de semana y generó conmoción entre quienes la identificaban como una figura entrañable de los festejos por los triunfos de la Selección Argentina.

Su imagen quedó asociada a los cánticos espontáneos, los encuentros callejeros y el fervor popular que caracterizó cada partido del equipo nacional. Así, la llamada "Scaloneta" perdió a una de sus seguidoras más emblemáticas de cara a la Copa del Mundo 2026.

El origen de un fenómeno viral

Cristina, nacida en 1946 en la Ciudad de Buenos Aires y mayor de tres hermanas, creció en el barrio de Almagro, aunque fue en Liniers donde su historia tomó un rumbo inesperado. Hincha de Boca Juniors y admiradora de Lionel Messi, tenía una particularidad: no veía los partidos por cábala. Sin embargo, el destino la convertiría, paradójicamente, en una cábala en sí misma.

Todo comenzó cuando un grupo conocido como los "Pibes del Luro" comenzó a cantarle frente a su casa: "Abuela, lalala lala. Abuela, lalala lala".

Ese momento fue registrado en video y rápidamente se viralizó. A partir de allí, el frente de su vivienda se transformó en un punto de encuentro para hinchas que la consideraban parte del camino hacia la final del Mundial.

 

Una figura inesperada frente a la fama

Lejos de buscar protagonismo, Cristina expresó en su momento sentimientos encontrados frente a la repentina exposición: "Siento ante todo una gran sorpresa. Y a la vez una gran angustia. Me dicen que tengo que disfrutarlo, que no tengo que estar asustada, pero es algo que siento, como que me descubrieron, que va a pasar algo malo... Y no me va a pasar nada, lo sé, pero me da ese miedo. Trato de ser positiva pero el mal existe y me asusta... Igual en el barrio me siento protegida y sé que Dios me va a cuidar".

Su testimonio reflejaba tanto la sorpresa por la viralización como su sensibilidad ante el impacto público de una situación que no había buscado.

A pesar de no haber tenido hijos ni nietos, se convirtió simbólicamente en la abuela de todos los hinchas, una figura que condensaba cercanía, espontaneidad y pertenencia barrial.

Salud, decisiones y vivencias durante el Mundial

Durante los festejos, Cristina solía usar barbijo debido a que su salud era frágil, algo que ella misma reconocía al señalar que ya en ese momento "andaba más o menos".

Esa condición fue determinante en una decisión significativa: rechazó una invitación de una empresa que le ofrecía viajar a Qatar para presenciar la final.

Sus motivos fueron claros: "Son como 50 horas de viaje, no estoy en condiciones. Prefiero verlo acá, rodeada de gente conocida, de mi familia, tranquilita".

Su elección reafirmó su vínculo con el barrio y con el entorno cotidiano que la había convertido en un fenómeno popular.

Una mirada sobre la vida y las nuevas generaciones

En distintas intervenciones, Cristina dejó reflexiones que trascendieron lo futbolístico y se conectaron con su forma de ver la vida: "Me divierto. Pero no sabía que iba a pasar esto. ¡La primera vez yo veía que saltaban, que tenían los teléfonos, pero pensé que estaban haciendo selfies, no sabía que estaban filmando todo! Pero bueno, me divierto. Hay viejas de mierda y hay otras que no. Yo no soy una vieja amargada. Ya la vida es bastante triste, yo trato de estar lo mejor posible".

También destacó su relación con los jóvenes: "Hay alguna gente que destrata a los jóvenes. Yo no, porque entre los jóvenes están mis sobrinos y sobrinas y son el futuro de la vida, los que van a seguir haciendo la nación, y eso es bueno. Acepto la edad que tengo y trato de pasarla lo mejor posible".

Estas palabras consolidaron su imagen como una figura optimista, cercana y reflexiva, más allá de su rol circunstancial en los festejos mundialistas.

Recuerdos, anécdotas y pasión por la Selección

Cristina también compartía recuerdos de otros mundiales, marcando su vínculo histórico con la Selección:

  • 1978: celebró viajando en colectivo al Obelisco con amigas.
  • 1986: fue al centro en su "fitito", temiendo que se lo dañaran, algo que finalmente no ocurrió.
  • 1990: recordó los gritos por el gol de Caniggia.
  • 1994: lo definió como "una lágrima".

Sobre el presente, no ocultaba su admiración: "Y ahora está Messi, es mi jugador preferido. Le mandé mil mensajes, ojalá alguno le llegue".

Entre las anécdotas más recordadas, relató cuando fue cubierta con espuma por hinchas: "Yo estaba con una solera de colores y llegué y los chicos empezaron con la espuma y yo pensé: ¡me arruinaron toda la ropa! Me quería morir... Pero después me miré y no tenía nada... ¡Ya hace tanto de eso!".

Fe, comunidad y despedida

Cristina también era una persona profundamente creyente. Ante la posibilidad de explicar lo que vivía a sus padres, expresó: "Yo sé que me están viendo, que nos están viendo a todos. Yo los siento, están siempre".

Tras su fallecimiento, sus vecinos se reunieron en la Parroquia San Enrique, de la que formaba parte, para celebrar una misa en su honor, en un gesto que reflejó el vínculo comunitario que supo construir.