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Ni fama ni dinero: Harvard revela cual es el verdadero secreto de la felicidad

El estudio que comenzó en 1938 siguió a los participantes para determinar cuál era el factor determinante del bienestar.

4 Enero de 2026 10.41

Durante décadas, la idea de que el éxito económico y la fama son los pilares fundamentales de una vida plena se instaló con fuerza en el imaginario colectivo. Sin embargo, la ciencia vuelve a poner en cuestión esa creencia profundamente arraigada. El Estudio de Harvard sobre el Desarrollo Adulto, considerado la investigación longitudinal más extensa jamás realizada sobre bienestar humano, ofrece una conclusión tan simple como contundente: la felicidad y la salud a largo plazo dependen, ante todo, de la calidad de nuestras relaciones personales.

La investigación comenzó en 1938, en pleno contexto de la Gran Depresión, y siguió inicialmente la vida de 268 estudiantes de la Universidad de Harvard, entre ellos el futuro presidente estadounidense John F. Kennedy. Con el paso de los años, el estudio se amplió para incorporar a residentes de barrios obreros de Boston, con el objetivo de comparar trayectorias vitales en distintos contextos socioeconómicos. Hoy, tras más de 85 años de seguimiento y varias generaciones analizadas, el mensaje que surge de los datos es inequívoco: los vínculos humanos saludables son el mayor predictor de bienestar físico, mental y emocional.

Según el repaso publicado por el sitio especializado ZME Science, los investigadores observaron que las personas que mantuvieron relaciones cercanas, estables y de apoyo con familiares, amigos y comunidades no solo manifestaron mayores niveles de felicidad, sino que también presentaron mejores indicadores de salud física y una mayor longevidad. En contraste, la soledad crónica se comporta como un factor de riesgo comparable al tabaquismo, el alcoholismo o el sedentarismo.

"No se trata de cuántos amigos tenemos, sino de cuán profundas y confiables son esas relaciones", explicó Robert Waldinger, actual director del estudio y profesor de psiquiatría en la Facultad de Medicina de Harvard. El especialista subraya que el impacto de los vínculos en la salud es tan significativo que debería considerarse una forma esencial de autocuidado. "Nuestras relaciones y cuán felices somos en ellas tienen una influencia poderosa en nuestra salud", señaló.

Uno de los hallazgos más llamativos del estudio está vinculado al proceso de envejecimiento. Al analizar la información de los participantes cuando tenían alrededor de 50 años, los investigadores descubrieron que los indicadores médicos tradicionales —como el colesterol o la presión arterial— no eran los mejores predictores de una vejez saludable. El factor decisivo era otro: el grado de satisfacción con sus relaciones personales.

"Cuando reunimos todo lo que sabíamos sobre ellos a los 50 años, no fueron sus niveles de colesterol los que predijeron cómo iban a envejecer, sino lo satisfechos que estaban en sus relaciones", afirmó Waldinger. Aquellas personas que reportaban vínculos más satisfactorios a esa edad fueron, décadas después, las más sanas a los 80 años, tanto a nivel físico como cognitivo. Incluso, los datos muestran que las relaciones estables ayudan a preservar la memoria y retrasar el deterioro cerebral.

A partir de estos resultados, el estudio introduce un concepto clave: la "aptitud social". Al igual que la condición física, los vínculos requieren entrenamiento, dedicación y constancia. No basta con iniciar una relación; es necesario cuidarla, invertir tiempo y sostener la presencia emocional. En una era marcada por la hiperconectividad digital y el aislamiento emocional, esta idea adquiere una relevancia creciente.

Actualmente, la investigación continúa con el seguimiento de los descendientes de los participantes originales, analizando cómo la infancia, el entorno social y las decisiones de vida influyen en la salud y la longevidad. La enseñanza central que deja el estudio de Harvard es clara: aunque el dinero y el éxito profesional pueden ofrecer comodidad, son los lazos humanos sólidos los que sostienen una vida verdaderamente plena.