En un clima de profunda fe y emoción, un grupo de peregrinos tucumanos arribó este sábado 25 de octubre al Santuario y Catedral Basílica de Nuestra Señora del Valle, en Catamarca, para vivir una jornada especial en el marco del Año Jubilar, tiempo de gracia proclamado por la Iglesia.
La delegación, compuesta por 120 fieles pertenecientes a la parroquia Nuestra Señora de Montserrat, ubicada en la zona noroeste de San Miguel de Tucumán, emprendió su viaje con un objetivo claro: llegar a los pies de la Virgen del Valle, Patrona de Catamarca y del Noroeste Argentino, para agradecer las bendiciones recibidas y renovar su compromiso de fe.
Un gesto de esperanza y comunión
Los peregrinos pertenecen a las diez comunidades que conforman la jurisdicción parroquial, confiada al cuidado pastoral de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, congregación reconocida por su labor en la formación de vocaciones sacerdotales y la promoción del trabajo pastoral en distintas diócesis del país.
Durante su arribo al templo mariano, los fieles atravesaron la Puerta Santa, signo visible de la misericordia de Dios y uno de los momentos más significativos del Año Jubilar. Este gesto espiritual les permitió acceder a las indulgencias plenarias que la Iglesia concede a los peregrinos que, con sincera conversión, participan de los sacramentos y expresan su fe en el marco de esta celebración jubilar.
Misa y bendición en la Casa de la Madre Morena
La jornada culminó con la celebración de la Santa Misa, presidida por el padre Ariel Zottola y concelebrada por los padres José Manuel Murga y Constancio Sánchez, párroco y vicarios de la parroquia tucumana. La Eucaristía, realizada en el altar mayor del Santuario, reunió a los peregrinos y a decenas de fieles locales que también se acercaron para compartir el encuentro.
Durante la homilía, el padre Zottola destacó el valor del peregrinar como signo de esperanza y unidad en la fe, y animó a los presentes a seguir el ejemplo de María: "Caminar hacia la Casa de la Madre es reconocer que no estamos solos, que Dios nos acompaña en cada paso y que María nos guía con ternura hacia su Hijo Jesús", expresó el sacerdote.
Un camino de gratitud y renovación espiritual
Los peregrinos participaron activamente de la liturgia, llevando ofrendas, entonando cantos marianos y expresando su agradecimiento por las gracias recibidas. Muchos compartieron testimonios de fe, destacando el significado de este viaje en sus vidas y el anhelo de regresar cada año a los pies de la Virgen.
Para la comunidad tucumana, esta visita tuvo además un profundo sentido de comunión eclesial: fue una oportunidad para renovar el vínculo espiritual entre las diócesis del Noroeste Argentino y fortalecer la devoción hacia la Virgen del Valle, figura central en la religiosidad popular de la región.
El Año Jubilar, proclamado por la Diócesis de Catamarca, invita a los fieles a redescubrir la misericordia de Dios y a peregrinar a los templos jubilares para recibir las gracias espirituales que concede la Iglesia. En este contexto, el paso de los tucumanos por la Puerta Santa simbolizó una profunda experiencia de conversión, encuentro y esperanza.
Con cánticos, oraciones y lágrimas de emoción, los devotos regresaron a su provincia llevando consigo la bendición de la Virgen y el compromiso de seguir construyendo una comunidad de fe viva y solidaria.