La situación epidemiológica en Argentina ha encendido las alarmas de las autoridades sanitarias tras la difusión de las últimas estadísticas oficiales. Según los datos consolidados por el Ministerio de Salud de la Nación Argentina, el país atraviesa un crecimiento sostenido y preocupante de las infecciones de transmisión sexual.
Durante el año 2025, se confirmaron un total de 55.183 casos de sífilis, lo que representa la cifra más elevada de los últimos cinco años y marca una tendencia que exige una respuesta inmediata del sistema de salud y de la sociedad civil para frenar la propagación de la bacteria.
De acuerdo con el Boletín Epidemiológico Nacional, este fenómeno no es una fluctuación menor ni aislada. El informe detalla un incremento del 71% en comparación con el período comprendido entre los años 2020 y 2024. Este salto porcentual refleja una aceleración en la tasa de diagnósticos que se manifiesta con particular intensidad en sectores específicos de la sociedad. Los datos indican que los adolescentes y las personas jóvenes son los grupos más afectados por esta tendencia alcista, lo que subraya la necesidad de reforzar las campañas de educación y los mecanismos de detección temprana en estos rangos etarios.
Patología y mecanismos de contagio
La sífilis es una infección de transmisión sexual provocada por la bacteria Treponema pallidum. Su dinámica de contagio es diversa, aunque posee un vector predominante en la falta de protección durante los encuentros íntimos. Se transmite principalmente a través de relaciones sexuales vaginales, anales u orales sin el uso de preservativo.
Sin embargo, también existe la denominada transmisión vertical, que ocurre cuando una persona gestante transfiere la infección al feto durante el transcurso del embarazo o el momento del parto. En algunos casos específicos registrados por la cartera sanitaria, el contagio también puede producirse durante la etapa de la lactancia.
Uno de los mayores desafíos para el control de este brote es la naturaleza asintomática de la infección en sus fases tempranas. La ginecóloga Valeria Valko advierte que la sífilis muchas veces no presenta señales claras para el paciente. En su etapa inicial, suele manifestarse a través de una lesión indolora en la zona de contacto, la cual tiende a desaparecer de forma espontánea y sin tratamiento, pasando inadvertida. Esta desaparición de los síntomas no implica la curación, sino que permite que la enfermedad avance hacia complicaciones graves que, con el paso de los años, pueden afectar la piel, el corazón y el sistema nervioso central.
Impacto en la gestación y eficacia del tratamiento
El riesgo se traslada también de forma crítica al ámbito de la salud materno-fetal. Una sífilis no tratada durante el embarazo puede derivar en consecuencias devastadoras como abortos, muerte fetal o malformaciones congénitas. Por este motivo, los especialistas y el Ministerio de Salud recomiendan de forma enfática el testeo periódico, especialmente durante la gestación, etapa en la que se aconsejan controles serológicos en cada uno de los tres trimestres. A pesar de la gravedad de sus secuelas a largo plazo, el tratamiento actual es simple, eficaz y basado en antibióticos, permitiendo la curación completa de la persona siempre que se administre de manera oportuna tras un diagnóstico realizado mediante un análisis de sangre.
Prevención y responsabilidad compartida
Desde el Ministerio de Salud remarcan que la prevención continúa siendo la herramienta fundamental para revertir las cifras registradas en 2025. El uso de preservativo en todas las relaciones sexuales, la realización de controles regulares y la consulta médica inmediata ante cualquier sospecha son las principales estrategias para frenar el avance de la bacteria.
Además, ante un diagnóstico positivo, resulta fundamental notificar a las parejas sexuales para evitar nuevas transmisiones y asegurar que la cadena de contagios se interrumpa efectivamente en la comunidad.