El triunfo del Funebrero fue el resultado de una recta final determinante. Cuando parecía que Chacarita tenía todos los números para descender a la Primera B, el equipo consiguió reaccionar y sumó cuatro victorias en sus últimos cinco encuentros.
Ese sprint final le permitió sostenerse en la categoría y llegar al cierre de la temporada con posibilidades concretas de salvarse. En contrapartida, la pésima etapa final de Nueva Chicago terminó empujándolo al abismo.
El conjunto de Mataderos apenas consiguió ocho puntos de los 42 que estuvieron en disputa durante ese tramo, producto de dos victorias, dos empates y diez derrotas. Los números reflejaron el deterioro de un equipo que perdió competitividad y que llegó a la definición sin respuestas futbolísticas.
La campaña fue descripta como la de un conjunto sin juego, sin alma, sin motivación y sin corazón. La falta de funcionamiento terminó siendo determinante en un campeonato en el que Chicago había comenzado con expectativas muy diferentes.
De las primeras diez fechas al derrumbe futbolístico
El año de Nueva Chicago tuvo un desarrollo de mayor a menor. Durante las primeras diez fechas, el equipo mostró un rendimiento que le permitió ubicarse muy cerca de los primeros puestos de la Zona B y soñar con pelear en los lugares más altos de la tabla.
Sin embargo, ese comienzo prometedor se fue desmoronando con el paso de las jornadas. Las decisiones vinculadas con el cuerpo técnico no consiguieron revertir la situación y el equipo terminó atravesando una profunda crisis deportiva.
La salida de Luis García no produjo las soluciones esperadas. Luego, la apuesta por Germán Lanaro, quien no tenía experiencia, duró apenas un suspiro. La dirigencia volvió a modificar el rumbo y decidió apostar por el regreso de Gastón Lotito, quien durante la temporada anterior había realizado un papel decoroso.
Pero tampoco esa decisión consiguió modificar el panorama. Chicago continuó perdiendo terreno y la reacción que necesitaba para salir de la zona de descenso nunca llegó. La sucesión de cambios en la conducción técnica terminó siendo uno de los aspectos más representativos de una campaña en la que el equipo no logró consolidar una identidad de juego ni sostener un rendimiento competitivo.
La última fecha: Chicago dependía de sí mismo
Nueva Chicago llegó a la jornada decisiva dependiendo de sus propias posibilidades. Necesitaba ganar en San Martín para continuar con vida y evitar el descenso, pero el equipo nunca logró acercarse al arco defendido por Federico Losas.
El Torito no generó situaciones claras de gol y quedó lejos de mostrar una reacción acorde con la importancia del encuentro. Chacarita, en cambio, no especuló con el resultado y buscó quedarse con la victoria para despedirse del 2026 de la mejor manera.
El Funebrero encontró el camino al triunfo a través de los goles de Maximiliano Meléndez y Nicolás Pantaleone, que sellaron el 2-0 definitivo. La diferencia en el desarrollo del partido expuso las dificultades de Chicago para afrontar el compromiso más importante de la temporada. Mientras Chacarita salió decidido a asegurar su permanencia, el equipo de Mataderos no consiguió generar peligro ni encontrar respuestas para revertir el resultado.
El desenlace quedó condicionado también por el empate de Patronato frente a Atlético de Rafaela, que permitió al conjunto entrerriano conservar su lugar en la categoría.
La crisis dirigencial también explica el descenso
El deterioro deportivo de Nueva Chicago tuvo un correlato en el plano institucional. Después de muchos años de manejos considerados flojos, Rodolfo Block asumió la presidencia del club a fines del año pasado, tras imponerse en las elecciones.
Sin embargo, su gestión duró apenas nueve meses. En septiembre, Block presentó su renuncia y alegó problemas de salud. La salida del presidente se produjo en medio de una temporada que terminó con el descenso del equipo, una situación que expuso las dificultades institucionales que atravesaba la entidad de Mataderos.
La crisis dirigencial aparece así como otro de los factores que acompañaron el desenlace deportivo. Los cambios de entrenadores, la falta de respuestas futbolísticas y la inestabilidad institucional terminaron configurando un escenario que condujo al equipo nuevamente a la Primera B.