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Qué son los test genéticos del COI y cómo afectarán al deporte femenino desde 2028

A partir de Los Ángeles 2028 se exigirán pruebas genéticas para competir en el deporte femenino. Expertos advierten sobre dudas científicas y riesgos de discriminación.

27 Marzo de 2026 08.26

El Comité Olímpico Internacional (COI) resolvió reintroducir los denominados test genéticos de feminidad a partir de los Juegos Olímpicos de 2028 en Los Ángeles, marcando el regreso de una práctica que había sido aplicada entre 1968 y 1996 y posteriormente abandonada en 1999. La decisión revive un mecanismo que históricamente generó controversias y que ahora vuelve a instalarse en el centro del debate deportivo global.

El organismo presenta esta herramienta como "el método más preciso y menos invasivo" para determinar la elegibilidad en el deporte femenino. Sin embargo, su reimplementación abre un abanico de interrogantes que abarcan dimensiones prácticas, legales, éticas y científicas, en un contexto donde las discusiones sobre identidad, biología y competencia han adquirido mayor complejidad.

¿En qué consisten los nuevos test?

El eje del sistema propuesto por el COI es la detección del gen SRY, un marcador genético asociado al desarrollo sexual. La prueba se realiza mediante una técnica PCR, utilizando un hisopo que raspa el interior de la mejilla, lo que la convierte, según el organismo, en un procedimiento sencillo y poco invasivo.

Este tipo de test ya había sido implementado recientemente en algunas disciplinas, como el atletismo, boxeo y esquí.

No obstante, su aplicación concreta dependerá de cada país, ya que —como señala la socióloga del deporte Madeleine Pape— "estas pruebas dependen en la práctica de cada contexto nacional", lo que incluye decisiones sobre:

  • La inclusión o exclusión de menores
  • El marco legal aplicable

Esta variabilidad introduce un factor adicional de complejidad en la implementación global de la medida.

Impacto directo en las deportistas

El sistema establece criterios diferenciados según el resultado del test. Las consecuencias para las atletas pueden resumirse en dos grandes escenarios:

  • Deportistas con dos cromosomas X:
    • Podrán competir sin restricciones.
    • No deberán someterse a nuevas pruebas durante el resto de su carrera.
  • Deportistas con resultado positivo al gen SRY:
    • Deberán atravesar procesos adicionales para demostrar su elegibilidad.

En este segundo grupo, algunas atletas podrán acreditar que su organismo no utiliza la testosterona, lo que permitiría su participación. Existen antecedentes como:

  • Los ocho casos detectados en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, finalmente declarados elegibles.
  • La boxeadora taiwanesa Lin Yu-ting, readmitida en apelación por World Boxing.

Sin embargo, estos procesos implican estudios complejos y costosos, entre ellos:

  • Secuenciamiento genético
  • Exámenes ginecológicos invasivos y no estandarizados

Para quienes no logren acreditar su elegibilidad, el COI contempla la posibilidad de competir en pruebas masculinas, aunque en la práctica esto resulta poco viable, ya que no habrán clasificado para esos eventos. En experiencias previas, muchas atletas intersexuales se vieron forzadas a abandonar sus carreras, enfrentando pérdida de ingresos, exposición pública e impacto social y personal.

Voces de las atletas y las consecuencias 

El impacto de estas políticas no se limita al plano deportivo. Nueve atletas, entre ellas la sudafricana Caster Semenya, expresaron su rechazo en una carta dirigida a la presidenta del COI, Kirsty Coventry.

En ese documento señalaron:

  • "Nuestros sueños se han roto y nuestras vidas han quedado para siempre impactadas"
  • Casos de abandono familiar
  • Pérdida de acceso a la educación
  • Exilio forzado

Además, denunciaron que algunas deportistas fueron sometidas a "intervenciones médicas nocivas e innecesarias", incluyendo mutilaciones genitales, documentadas en 2019 por la cadena alemana ARD.

El debate científico

Uno de los puntos más controvertidos es la base científica de la medida. El COI sostiene que su decisión se apoya en "pruebas científicas" y en la opinión de "numerosos expertos", aunque no ha hecho públicos ni los estudios ni las identidades de dichos especialistas.

La literatura científica disponible, que ha abordado este tema durante décadas, no ha alcanzado consenso sobre una relación directa entre el rendimiento deportivo y la presencia del gen SRY. Esta falta de acuerdo se vuelve aún más relevante al considerar la diversidad de disciplinas, que incluyen atletismo, gimnasia artística, judo y tiro.

Según Madeleine Pape, el objetivo de estas pruebas sería "apuntar" de manera conjunta a deportistas transgénero e intersexuales, eliminando normativas diferenciadas. No obstante, subraya que:

  • Existen algunos datos sobre atletas transgénero.
  • No hay estudios independientes sobre el rendimiento de deportistas intersexuales.

Una definición biológica en discusión

El debate también alcanza la definición misma de sexo biológico. El genetista Andrew Sinclair advirtió que reducir esta condición exclusivamente a los cromosomas es una visión "exageradamente simplista", dado el papel que desempeñan:

  • Las hormonas
  • Los órganos genitales
  • Los caracteres sexuales secundarios

Sinclair recordó además que, junto con otros expertos, había convencido al COI de abandonar el test SRY antes de los Juegos Olímpicos de Sídney 2000, lo que refuerza la sorpresa ante su reintroducción 25 años después.